Conocí
a Philip Klass hace cuatro años cuando fui a visitarlo a su casa de
Washington D.C. Aquella entrevista había sido gestionada por mi amigo,
el periodista J. Antonio Huneeus, con quien desde hace tiempo mantiene
una fecunda amistad. Si me hubiera guiado por el retrato que habían
hecho de él las publicaciones ufológicas clásicas, en vez de la compañía
de una traductora hubiera necesitado un custodio: muchos, demasiados,
hablaron pestes de él. Pero me bastaron menos de dos horas para ver
cómo se derrumbaba aquel mito fatídico: el famoso Philip Klass era un
tipo amable, simpático y generoso. Todo lo contrario de la imagen que
habían creado sus adversarios.
Me encontré con un enamorado del tema OVNI a
quien le encanta ser escuchado y, sobre todo, ser comprendido. La charla
comenzó en la cocina de su casa. La traductora se demoraba en llegar
y, después de servirme dos o tres cafés, me llevó a su estudio, donde
había decenas de libros apilados en cualquier parte y montones de ejemplares
del Skeptics UFO Newsletter, que él mismo se encarga de escribir, imprimir,
ensobrar y enviar por correo. Mi inglés es muy malo y, cuando nos percatamos
de que la traductora no iba a venir, tuvo la paciencia de hablarme en
forma pausada para que pudiera entenderlo. Habló durante dos horas hasta
por los codos. En ningún momento me preguntó en qué medio pensaba publicar
el reportaje, pero antes de despedirnos me dijo que confiaba en que
le daría un buen uso, porque Antonio es su amigo y confía en los amigos
de sus amigos. Klass es un tipo con un gran sentido de la amistad y
no me extrañó que me confesara que sus mejores amigos eran ufólogos.
"No les pido que sean escépticos, eso sería ridículo
–me dijo-; sólo les pido franqueza y honestidad". Si Klass, como pregonan
sus enemigos, fuera un detractor a sueldo, no viviría con tanta modestia.
Tampoco se explicaría su pasión, ni su espíritu docente. De mí no sabía
más que iba de parte de Antonio, pero él y su mujer me atendieron a cuerpo de rey y se atropelló por
llevarme al aeropuerto en su viejo Chrysler cuando nos dimos cuenta
de que el avión que me traería de vuelta a Buenos Aires despegaba en
dos horas.
La entrevista durmió muchos años en mi disco
rígido. A "Descubrir" no le interesó porque Klass no era un personaje
conocido. Luego la ofrecí a los directores de "Más Allá" y "Año Cero",
con quienes mantengo una buena relación, pero jamás me dijeron ni sí
ni no. Hace pocos meses, se la envié a Lorenzo Fernández, editor de
"Enigmas Express" y la publicó enseguida. ¿Algo estará cambiando? Quizá,
algunos empiezan a descubrir que la ufología no sólo es Fox Mulder.
Que Dana Scully también existe. Para muchos esto no es suficiente. Pero,
al menos para mí, no deja de ser un signo alentador.