En
su adaptación del siguiente trabajo para esta enciclopedia, Kottmeyer
aprovecha para referirse a una de sus carencias, la aplicación
de la teoría de la paranoia a la oleada de 1947.
(...)
El disparador de la oleada de 1947 fue evidentemente la aparición
de la frase "platillos volantes", con la presunción
de que representaban algún tipo de súper-arma similar
a la bomba atómica desarrollada bajo el más absoluto secreto
por el Proyecto Manhattan un par de años antes. Y tal idea fue
insuflada en el anticomunismo histérico que había empezado
a florecer pocos meses antes, más específicamente el 12
de marzo de 1947. Ese día, el presidente Truman se dirigió
a una sesión conjunta de Congreso y Senado hablando en términos
apocalípticos y radicales del comunismo como una insidiosa amenaza
para el mundo. Los amantes de la libertad debían enfrentarse
a él en todos los sitios y en todos los lugares.
Rápidamente,
Truman estableció un programa para comprobar la lealtad de los
funcionarios federales. Uno de los objetivos de este discurso era obtener
ayuda militar para ayudar al régimen griego en plena guerra civil,
asustando a los americanos. Consiguió que se aprobase la ayuda,
pero también tuvo demasiado éxito en lo de asustar a la
gente. Norman Thomas estaba aquella primavera haciendo un viaje por
toda California y quedó asombrado por la rapidez con que "el
más histérico anticomunismo barrió el estado".
Los historiadores David Caute y Athan Theoharis confirman que este penetrante
miedo al comunismo atenazó rápidamente a la nación.
Una encuesta de 1947 muestra que el 66 por ciento de los americanos
creía que la Unión Soviética era "agresiva",
comparado con el 38 por ciento de 1945 (Boyer, 1994).
Una de las primeras acciones adoptadas por el gobierno para investigar
el problema de los platillos volantes fue comprobar los historiales
de aquellos que aseguraban haber visto platillos para determinar si
tenían lazos con los comunistas. No los tenían. La erosión
de la base de confianza que supusieron esas comprobaciones de lealtad
pudo ser un factor clave en la escalada de la paranoia en este período.
Y
también, para actualizar el análisis y contestar a algunas
críticas:
(...)
La situación más intrigante ocurrió durante el
famoso escándalo de Mónica Lewinsky. El clímax
emotivo parece haber tenido lugar tras la confesión por parte
del presidente de sus pecadillos en el verano de 1998. Airados debates
sobre la vergüenza que todo ello había traído a nuestro
país, me llevaron a comprobar con el Centro Nacional de Investigación
de Avistamientos la actividad OVNI en aquellas fechas. La página
electrónica del Centro explicaba: "Septiembre ha sido un
mes con una increíble actividad de informes OVNI, incluyendo
avistamientos masivos de meteoros verde azulados atravesando los Estados
Unidos". Al mes siguiente, podía leerse el siguiente mensaje:
"La oleada OVNI que barría el país, caracterizada
por avistamientos masivos de esferas y bolas ardientes continuó
durante todo el mes de octubre". En noviembre, la descripción
fue aún más perfilada:
"Nuestras
bases de datos de casuística (actualizadas al 21 de noviembre)
siguen documentando una increíble oleada OVNI que recorre todo
el país". Tal descripción se mantuvo hasta enero
de 1999. Aparentemente, tendríamos aquí una confirmación
de la teoría de la paranoia, pero entonces los números
siguieron creciendo mucho después que los ánimos se hubiesen
calmado.
Poco a poco, las cifras ascienden hasta alcanzar el máximo en
el otoño de 1999, para empezar a descender en diciembre y seguir
esa tendencia durante el comienzo del nuevo milenio (NUFORC, agosto
2000). Los críticos se preguntarán si se trató
realmente de una oleada o si se trata de algún tipo de espejismo
debido a que la recogida de datos se hacía a través de
Internet (una nueva dirección que se hace popular entre los paseantes...),
o incluso algún otro desarrollo que coincidiese en su inicio
con las fechas del escándalo. La situación es claramente
confusa.
Otra
cuestión digna de comentario es la ausencia, desde 1973, de oleadas
del calibre de las recogidas en los archivos del Proyecto Libro Azul.
¿Existe algún otro factor aparte del orgullo, que haya
limitado la creación de oleadas? Parece plausible, si atendemos
a las percepciones cambiantes sobre la naturaleza de la amenaza platillista,
donde los años cincuenta estuvieron dominados por preocupaciones
sobre los platillos como armas secretas, y en los sesenta proliferaron
los temores a una invasión, la década de los setenta dieron
paso a una época de especulaciones sobre si los OVNIS serían
una charada, y quizá inofensivos.
Más
concretamente, la película Encuentros cercanos del tercer tipo
(Close encounters of the third kind) divulgó una poderosa visión
de los alienígenas como niños de luz y asombro, la cual
se situaba en el extremo totalmente opuesto de las fantasías
paranoides que dominaron las décadas precedentes. Tales cambios
servirían para reducir los temores sobre lo que presagiaban esas
luces inexplicables y para derribar las funciones de superego (como
vigilancia paternal) existentes en la ufología hasta esa fecha.
En los años posteriores, el caso Roswell y las abducciones disminuyeron
la atracción de los enigmas aéreos a favor de los debates
sobre conspiraciones e interpretaciones oníricas.
Aunque
todo esto parezca volver inmune a la teoría frente a nuevas pruebas
mientras no se dé una regresión significativa a aquellas
creencias entusiastas en el espionaje y las invasiones, queda mucho
trabajo por hacer en lo que se refiere a las oleadas OVNI en el extranjero.
¿Se relaciona el gran pánico marciano francés de
1954 con la caída de Dien Bien Phu y la retirada de sus tropas
de la guerra de Indochina? ¿Qué provoco la oleada de 1965
en América del Sur? ¿Y las oleadas de las naves aéreas
sobre Gran Bretaña en 1912-13?
Las
críticas a la teoría de la paranoia han sido pocas y por
lo general, obtusas. Ha sido calificada de infalsable, pero cualquier
pauta de gran actividad OVNI coherente con sucesos dignos de orgullo
como la Guerra del Golfo, la caída del Muro de Berlín,
los aterrizajes en la Luna, la retirada de los comunistas en la Guerra
de Corea, etc. habría bastado para hundir rápidamente
la teoría a los ojos de cualquier teórico. Un par de personas
se preguntaron por la ausencia en esta exposición de cualquier
referencia a un artículo escrito por Bullard en 1988 sobre las
oleadas. Por decirlo en pocas palabras, Bullard no presentó ninguna
teoría propia. Su trabajo podría resumirse en la proposición:
"La teoría de las serpientes de verano es errónea,
ergo los OVNIS son reales". Pero los OVIS también son reales,
y Bullard no ofrece ninguna explicación de por qué cambian
su frecuencia de aparición cuando lo hacen. Jerome Clark se centra
en mi explicación de la oleada de 1952 calificándola de
"increíble", y empleando la frase "una reacción
histérica a una huelga siderúrgica" para describir
cómo entiende él mi teoría. De hecho, la histeria
colectiva fue rechazada como explicación ya en la primera exposición
de la teoría.
No
aporta ningún detalle sobre por qué piensa él que
no merece ser tenida en cuenta. Philip Klass ha descrito la teoría
como "simplista", e insiste en que la teoría de las
serpientes de verano es la más aceptada entre los escépticos.
Es
cierto que la teoría es simplista, y lo es a propósito.
Nunca he negado que sea preferible un enfoque multifactorial, pero centrar
el debate en un factor único ofrece algunas ventajas sobre el
embrollo de comentarios que supondría invocar la interacción
de múltiples elementos. A estas alturas del análisis,
algunos elementos quizá no sean relevantes y parece mejor comprobar
los límites de aplicación de este nuevo elemento antes
de buscar excusas para toda la confusión que hemos visto en este
asunto.
Artículo
aparecido en la "Encyclopedia of extraterrestrial encounters"
(Ronald Story, Editor) - Traducción de Luis R. González
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