Manual
del Investigador OVNI / Cristián Riffo Morales
Editorial Fierro y Ramírez/ Chile / 1999 / 160 págs.
Cabe
pensar que cada país tiene la ufología que se merece. Y lo cierto es que,
en Chile, vamos confirmando todas las reglas. Uno de los ejemplos más
claros: el Manual del investigador OVNI de Cristián Riffo, periodista
y conocido ufólogo nacional, cabeza visible del grupo "Ovnivisión" y director
de la revista del mismo nombre, extinguida hace poco.
Aclaro
que no tengo ninguna intención de zaherir a Riffo, pero es tiempo maduro
para comenzar a decir ciertas cosas. Se trata nada menos que de un Manual.
Si Riffo simplemente hubiera escrito un ensayo sobre ovnis, se le podría
juzgar con benevolencia. Pero, ¡un manual! Hay que ver, entonces, si cumple
lo prometido.
Primero, se supone que un manual -para investigadores-
debiera ser un texto de orientación objetiva y veraz, exento de sensacionalismos.
Lamentablemente, ya en el prólogo Jaime Tamayo, otro miembro de Ovni-visión,
nos deja en el umbral del platillismo más exacerbado, esta vez en su variante
chauvinista:
"Sin
duda que nuestro país ha jugado -y seguirá jugando- un papel importante
dentro de este complejo fenómeno (el fenómeno OVNI)" (p.7). Refiriéndose
al cada vez más dudoso y desprestigiado caso Valdés, no le duelen prendas
al prologuista para decir: "Si hacemos memoria nos encontraremos con que
el caso más importante de las llamadas abducciones ocurre precisamente
en Chile" (p.7). Y más: "(...) Chile es uno de los países más visitados
en el mundo por los ovnis" (p.8).
O
bien: "En un país donde uno de cada diez chilenos han visto ovnis..."
(p.9). Etcétera. Nadie es profeta... en la Tierra; somos harto insignificantes
en el planeta azul, pero en la galaxia sí que están enterados de nuestra
importancia (y de nuestra hospitalidad: ¿no es aquí donde un bromista
inventó eso de "y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero";
habría que preguntarles a los peruanos residentes y a los cantantes argentinos
que concursan en el Festival de Viña, sobre ese mentado amor).
¿Es
el caso Valdés la abducción más importante de la historia de la ufología?
¿Y Barney y Betty Hill, Pascagoula, Andreasson, Linda Napolitano, Aveley,
Zanfretta, etcétera? ¿Qué dirían los actuales popes del abduccionismo
como Budd Hopkins y John Mack?
Pero
sigamos con el Manual. Comienza con la clasificación de avistamientos
propuesta por Joseph Allen Hynek. Sólo eso, y sin mayores comentarios.
Huelga recordar que tal clasificación, útil en cierto momento histórico,
hoy nos parece demasiado arbitraria y teleonómica como para abordar el
carácter caótico de la casuística ufológica.
Lo
grave, en todo caso, sobreviene desde la página 113 a la 117, sobre el
caso Valdés. Ese capítulo es exactamente igual a otro de nuestro colega
Diego Zúñiga; con la salvedad de que el artículo de Zúñiga apareció en
Internet mucho antes que el libro de Riffo. Que saque el lector sus propias
conclusiones. Y el caso de Danilo Catalán, desde la página 119 a la 127,
sospechosamente "idéntico" a un artículo aparecido en una revista española
hace más de una década. No podemos decir que eso es "beber" de ciertas
fuentes: eso es, como decían Ribera y Beorlegui en otro contexto, comerse
las fuentes.
Después, el manual prosigue orientando a sus escaldados
lectores. La sección bibliográfica es de no perdérsela: "los libros que
todo investigador debe leer". El autor con más títulos es el gran ídolo
y mentor espiritual de las nuevas generaciones de ufólogos chilenos: J.
J. Benítez. ¡Diez libros de Benítez que "todos deben leer"! Ese Benítez
que dedica tres volúmenes a una historia gráfica de los ovnis, incluyendo
el material más desprestigiado de la ufología, sin un solo comentario
crítico y haciendo pasar por auténticos los fraudes más descarados. Ese
Benítez que viaja miles de kilómetros tras los ovnis sin ofrecernos un
solo informe fidedigno; ese Benítez, por fin, cuyas manías y opiniones
son seguidas por estos pagos como si se tratase de las instrucciones de
Sai Baba.
El
libro es rematado por una colorida sección fotográfica; el muestrario
es calificado audazmente por Riffo como "evidencias". Y nos informa que
son fotos analizadas por... ¡Wendelle Stevens! Ese solo nombre, tan vinculado
a los aspectos más bizarros y dudosos de la oscura trastienda ufológica,
es como para ahuyentar a cualquier investigador serio. ¿Qué clase de manual
se permite desorientar a tal punto a sus incautos lectores, tirándolos
a las fieras de garras más aceradas en las arenas de la ovni-manía?
Ahora
bien, las fotografías del dossier son cuento aparte: los más egregios
fraudes fotográficos lo conforman. Aunque parezca increíble, nos son presentadas
como evidencias las fotos de Billy Meier y las de Ed Walters (del famoso
escándalo de Gulf Breeze); Meier y Walters, contactados ambos (en la mejor
tradición del delirio), tienen muchos puntos en común: ambos usaron sendas
maquetas para sus espectaculares tomas, a ambos les pillaron tales maquetas
y, pese a ello, ambos cuentan con nutridas atenciones de un sector importante
del estamento ufológico. En fin, una verdadera antología de la truculencia.
El
manual se acaba ya. La credulidad que lo inunda de punta a cabo le resta
mérito intelectual y, para peor, lo compromete directamente con aquello
de lo cual debía prevenirnos, o sea, con la parafernalia platillista,
el sensacionalismo comercial y el irreflexivo entusiasmo que quiere ver
alienígenas por doquier. No nos quejemos después de las nuevas hornadas
de ufólogos, ocupadas con el manual de Riffo, los diez libros de Benítez
que, por ningún motivo, pueden dejar de leer, y recreando la vista con
las fotografías que, desinteresadamente, el coronel Wendelle Stevens ha
analizado para nosotros.
Pero
Riffo y Tamayo no cejarán en su solitaria e incomprendida búsqueda de
la Verdad. Pues, ¿qué pasaría si la solución del misterio se nos escapase
de las manos para siempre, tanto más grave si consideramos que los ovnis
tenían un interés tan especial por nuestro país? Por fortuna, en la página
84 encuentro el consuelo buscado: "Las investigaciones continúan. Algo
inexplicable está ocurriendo a vista de todo el mundo. Quizás mientras
lee esta nota en cualquier parte del país las apariciones continúan y
nosotros seguiremos investigando". Podemos, pues, quedarnos tranquilos.
Volver
al Nº 1
|