No
sólo de escépticos vive la ufología crítica.
La seriedad no pasa por la destrucción desmesurada, el apilamiento
de cadáveres crédulos listos para la pira o el desmembramiento
de los engañadores de gente. Ni los escépticos ni los
críticos apelan a semejante barbarie. En absoluto. La ufología
racional se construye sobre la base del estudio social del fenómeno,
y echando luz, de paso, sobre algunos fraudes.
Estados
Unidos tiene ufología de la buena. Algo de eso se demostró
en el número anterior. Con el actual, esto quedará más
que claro. Estudios del peso teórico como los de Martin Kottmeyer,
Keith Thompson y varios más no se dan en cualquier parte. El
problema con estos trabajos es que su difusión es demasiado escasa
para el grado de interés que poseen.
Es
por ello que este dossier ha tenido dos partes, para mostrar las caras
duras y blandas de la racionalidad yanqui. Así pasamos de Klass
a Kottmeyer sin vergüenzas, en una revisión inédita
y de gran atractivo para el desarrollo de una ufología más
culta.
En
este número, también, damos inicio a una espectacular
saga del escéptico español Félix Ares de Blas sobre
el génesis del mito OVNI. Entregamos, también, la segunda
parte de "El mito de las sectas" y un concienzudo trabajo
sobre J. J. Benítez. Para todo ello, y desde ahora, nuestro boletín
tendrá 44 páginas, para beneficio de nuestros queridos
lectores.
Pese
a todo, debimos dejar en el puerto a algunas de nuestras secciones habituales.
Incluso "Tele-vicio", que venía más jugoso que
nunca, tuvo que conformarse con esperar un nuevo viaje de La Nave para
poder llegar a su destino. Y es que cada vez se pone más interesante
el panorama ufológico, sobre todo visto desde las alturas de
este navío.
Los
directores
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