Cada
cierto tiempo, la comunidad ufológica se ve sorprendida por la
aparición de pomposos "informes" avalados por científicos,
generales de ejército, coroneles en retiro, físicos cuánticos
y demases de similar calibre, que supuestamente vienen a dar la última
receta para entender el fenómeno OVNI.
No
en pocas ocasiones se han puesto en las portadas de las revistas del
rubro, entusiasmando a seguidores y otros que no lo son tanto con la
ilusión de que alguien, por fin, desvela el misterio y echa algo
de luz sobre un tema escurridizo, un poco fantástico y bastante
increíble.
Con
semejante descubrimiento, la humanidad daría un paso cualitativo
y cuantitativo sorprendente. Transcurren los días y el informe
se pudre en un cuarto oscuro, el paso adelante se olvida y vamos esperando
que venga el próximo. ¿Conspiraciones? ¿Ocultamiento de datos?
Nada. El informe, fabuloso, esperanzador, de oficial tenía nada.
No
ha sucedido pocas veces. Aún hoy muchos ponen las manos al fuego
por el famosísimo "Informe Cometa" o pondrían vidrio en
sus bocas sangrantes por defender la impoluta portada del informe del
"Panel Sturrock". Pero no todo resulta ser tan bello. Estos reportes
poseen taras, errores y fallas de origen. No son maravillosos. Los OVNIS
no son justamente naves extraterrestres aceptadas por el gobierno francés.
La
Nave de los Locos, en su afán de exponer a sus lectores ambas
caras de la moneda, presenta artículos que cuestionan -con argumentos
sólidos- la validez de estos trabajos entronizados por los ufólogos
más ansiosos. No más cháchara, no más "OVNIS
oficiosos".
Los
directores
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