OVNIS,
extraterrestres y otros en Chile
/ Jorge
Anfruns Dumont
Editorial
El Triunfo / Chile / Sin
fecha / 279 páginas
ANFRUNS:
EL AUTOR Y SU MÉTODO
Comentamos ahora el primer libro de Jorge Anfruns (ya
nos encargamos del tercero, las andanzas de Nwobniwla, en el N°
2 de esta revista). Como siempre ocurre con los escritos del ovnílogo
chileno, uno se ve bombardeado por un egocentrismo desinhibido y muy
poco sustentable. No puedo pasar por alto una suerte de preludio, en
las solapas del libro, firmado por un joven y esforzado colaborador
de Anfruns, el Magíster en comunicación aplicada Víctor
Hernández. Lo consigno porque es muy demostrativo de la atmósfera
que se respira en el mundo anfrunsiano. Dice así: "El 14
de febrero de 1992, (Anfruns) dictó en la austral ciudad de Punta
Arenas la última video-conferencia sobre el tema Ovni antes de
abocarse de lleno a la elaboración definitiva de este libro.
En aquella oportunidad Anfruns, ante la sorpresa de todo el mundo, dijo:
'sólo les pido que estén alertas'. Cincuenta días
después el diario local 'La Prensa Austral', con fecha 4 de abril,
comunicaba en grandes titulares el avistamiento de cinco ovnis en Punta
Arenas, Posesión y Cerro Sombrero. Evidentemente el autor sabía
que esto podía ocurrir. La labor de un investigador 'en terreno'
consiste en anticiparse a posibles hechos."
Impresionante. Anfruns es capaz de adelantarse a los movimientos de
los alienígenas. Porque son alienígenas, ¿no es
cierto? Luces no identificadas y, ¡ya está!, un nuevo "espectacular
avistamiento". "Cincuenta días después";
y, por cierto, continuaron -y continúan- los sucesos anómalos.
Y es que en cincuenta días pueden pasar muchas cosas. Pero es
ahí donde surge el olfato goleador, aquello que sólo un
investigador "en terreno" puede vaticinar. No en vano, se
nos dice en la contraportada (con seguridad, escrita por el propio Anfruns),
que estamos ante "el ovnílogo N° 1 de la Nación".
Vamos por el libro. Anfruns es, a no dudarlo, una especie de J. J. Benítez
criollo. Es una cuestión de estilo, de tono, de reflexiones características
al final de cada relato. Se cree las historias de los testigos así
como se las cuentan, sin cuestionar nada, sin un asomo de duda. Cada
"caso investigado", con este método tan riguroso, se
transforma en un nuevo caso confirmado (léase: "evidencia
extraterrestre").
Toda anécdota vale, todo sirve para engrosar los catálogos
de casuística; todo recuerdo que le confían al investigador
en terreno es creído sin más, literalmente. Porque no
espere el lector un poco de sentido crítico, o un mínimo
esfuerzo por encontrar una explicación convencional a una denuncia
antes de lanzarse a las especulaciones estrambóticas. Es que
ya en la página 17 el autor plantea su postura, escandalosamente
parcial para un tema tan opinable: "La historia, en un día
no muy lejano, extenderá un certificado de validez a todo lo
vertido en este libro: si no estoy presente, en el lugar que me sorprenda
su veredicto, lo acataré con la misma tranquilidad con que inicié
estas primeras líneas". La "historia", nada menos.
En el mejor estilo de su admirado J. J. Benítez, el ovnílogo
chileno es un protagonista frecuente de cosas extrañas. Aquí
la especulación y la vivencia se fusionan, se interfieren, se
conceden generosamente significados recíprocos. Pues parece que
a los seres alienígenas, intraterrestres o extra-dimensionales
les importa mucho el accionar ufológico de Anfruns. Ellos le
vigilan. Al menos, es lo que el autor percibe y transmite con frecuencia
a sus lectores. Ya volveré sobre este punto.
Anfruns despliega en su obra una suerte de miscelánea ufológica.
Se trata de una ufología primaria, muy básica y discreta
en nivel de análisis, con el procedimiento "beniteziano"
de recurrir a "citas citables" y así darle al libro
una respetabilidad intelectual que no tiene. Desde los ovnis que supuestamente
describe Alonso de Ercilla en La Araucana (!), hasta las más
paranoides ideas sobre conspiraciones gubernamentales, desde una exagerada
y fantasiosa versión sobre el caso Valdés, hasta consideraciones
sobre por qué Chile ha sido elegido por los alienígenas
como su teatro preferido de operaciones.
Todo está como dispuesto azarosamente, en un cuadro sin cohesión
interna, sin método. Retazos por aquí y por allá,
donde la gran ausente y perdedora es la ufología seria. Es como
lo que le hemos leído siempre a Benítez, con los aditamentos
poco felices de Anfruns, lo que la convierten en una versión
algo desmejorada. Podría agregar, al respecto, lo que dijo Salvador
Freixedo en otro contexto y circunstancia: "en el fondo es el mismo
viejo caldo recalentado, al que se le ha añadido algún
condimento moderno para hacerlo más pasable. Pero los ajos y
cebollas del viejo dogma siguen estando presentes y repitiendo en el
paladar a la hora de digerirlos. Con lo cual queda dicho que el caldo
está intragable". Así de simple.
Y ciertamente, nada de lo que Anfruns señala en su libro puede
contrastarse o evaluarse racionalmente, pues los datos concretos están
sumidos en una bruma de vaguedades. ¡No sea que alguien le vaya
a quitar a Anfruns sus queridos casos! Entonces, con los nombres de
pila basta: Manuel, Mónica, don Pepe y don Lalo, Zutano y Mengano,
le cuentan al acucioso investigador lo que vivieron, soñaron,
interpretaron y pensaron; y listo, más casos para los abultados
catálogos. Total, para qué otra cosa están los
ufólogos sino para sacar casos de todo y de todos. Para qué
necesitamos apellidos, fechas exactas o apoyo documental convincente,
si la grabadora mágica de Anfruns sirve para compensar toda deficiencia
en la encuesta. ¡Cosas de la investigación de campo!
En mi opinión y parafraseando a Ballester Olmos, tales compilaciones
de anécdotas debieran ser consideradas como pura ficción
hasta que sus autores se ciñan a los requisitos mínimos
de cualquier investigación seria, que exige un detalle pormenorizado
de las fuentes y los datos... Perdón; es que olvidé que
eso no puede pedirse a los divulgadores a-críticos del misterio,
ya que lo suyo es distinto: ellos no están para nimiedades como
el método científico o, por lo menos, la indagación
crítica y el buen periodismo de investigación. Ellos están,
no lo olvidemos, para advertir al género humano sobre las terribles
realidades que han descubierto en sus décadas de esforzada dedicación
ufológica. Con dos ejemplos quedará claro a lo que me
refiero (en los textos citados a continuación todos los subrayados
son míos).
UN
"GORBACHOV A LA CHILENA"
Las anécdotas
se suceden. Si es que Anfruns las cuenta, bueno, se supone que debemos
tenerlas por ciertas. ¿Cómo podríamos desconfiar
del -según sus palabras- "único investigador chileno
acreditado ante organismos ufológicos de Estados Unidos y Europa"?.
Así llegamos a las andanzas de don Gaspar (p. 231), una inverificable
historia
de ufología dura. Según Anfruns, don Gaspar "vivió
la más extraordinaria experiencia que un hombre de nuestro país
ha relatado". En la zona cordillerana de Puyehue, el testigo manejaba
su citroneta y, resumiendo el asunto, fue conducido al interior de una
nave no terrestre. Anfruns le interroga y, para que nos quede claro
su rigor, le plantea una cuestión incómoda (p. 233):
"J. A.: ¿Algún contacto con una hembra extraterrestre?
"GASPAR: Claro. Ella no tenía articulaciones como las nuestras.
Su pelo era gris opaco, sus ojos muy azules. La relación con
los seres humanos, no es lo mismo que con 'ellas' (se refiere a una
relación sexual)".
Luego sigue un relato muy similar al caso Villas Boas (cualquier semejanza,
es pura coincidencia: han de ser los mismos alienígenas de 1957),
ya que debió copular con la hembra del espacio. El testigo califica
lo ocurrido como "una cruza": queda dicho, entonces, que éste
sí que no es testigo virgen (por ningún lado). Después
de su experiencia, dice que mejoró ostensiblemente su vista,
al punto de poder mirar al sol sin el peligro de dañarse. Además,
le salió en su cabeza una marca igual a la de Mijaíl Gorbachov.
"Cada vez que se fotografiaba, su figura aparecía repetida
dos y tres veces en la misma fotografía (...) Viviendo ya la
lejanía de su experiencia en la nave, transcurre un año
y es visitado por una delegación de japoneses en su oficina;
esta delegación llevaba un set fotográfico en maletines.
Todo era plegable. Lo fotografiaron con más de dos rollos de
treinta y seis exposiciones" (p. 233). Luego siguen los milagros
y, también, la metodología anfrunsiana (p. 236):
"J. A.: ¿Ud. ha detectado alguna vez la presencia de un
ser extraterrestre mezclado con los terrestres?"
Ante la respuesta afirmativa, el ovnílogo chileno inquiere sobre
el modo en que Gaspar los identifica. La respuesta es notable: "Tan
sólo por la mirada. Miran profundamente, como que traspasan".
Finalmente, en la p. 237, Anfruns divaga sobre si Gaspar es un "rehén"
(como tantas otras personas) de los alienígenas. Éstos
buscarían, tal vez, un intercambio con los terrestres. Lo que
permite a Anfruns sentenciar: "Si se espera un ajuste o tratado,
éste debe ser un intercambio de rehenes. Y los otros rehenes
serían por peso específico, los extraterrestres cautivos
en poder de una potencia". Evidente, ¿no?
A CUARENTA GRADOS DE TEMPERATURA
Pero no dejan tranquilo al pobre "Gorbie". Aquí
aparece Olga, una mujer con poderes paranormales y amiga de Anfruns.
La conoció en un Congreso de Ovnilogía en Rosario (Argentina),
en un "torbellino de conversaciones donde uno es requerido a cada
paso para verter su opinión" (p. 181). Para Olga, la supuesta
y bullada ausencia de Gorbachov "por problemas médicos"
era una falacia montada para engañar a los ingenuos: "...
'lo llevaron', estuvo en una nave, estuvo siendo preparado, bueno, después
vino e hicieron la 'Perestroika'" (p. 181). Si bien Anfruns no
aclara si se cree o no la historia de Olga, lo cierto es que parece
tomársela muy en serio, como no podía ser menos en un
investigador de "mente abierta" (abierta para todo, menos
para el sentido crítico y la razón).
Sigamos. A Anfruns le entusiasma la particular cosmovisión de
Olga, inserta en los tópicos más demenciales de la ufología
contemporánea: manipulaciones genéticas, hibridaciones,
inseminaciones, mutilaciones de terrestres por parte de los alienígenas.
Sexo, intrusión y conspiraciones infinitas. O, como habría
dicho nuestro buen amigo Ricardo Campo, "emoción, intriga
y dolor de barriga".
Anfruns vuelve al hotel, pues al día siguiente le toca disertar.
"Todos me habían preguntado el tema de mi disertación,
como para ir preparando la temática y preguntas posibles. Yo
me sentía con una enorme responsabilidad sobre mis hombros, pero
estaba confiado en que me iba a ir bien. Mantuve el secreto hasta el
final. Mi trabajo versaría en esa mañana sobre la Ovnilogía
en Chile" (p. 187). Y luego prosigue esto, que no puedo dejar de
compartir con los lectores (perdónenme, por favor, estas largas
citas):
"El recibimiento a mi presentación fue mucho más
allá de lo esperado. Fueron momentos agotadores, primero porque
uno no quiere equivocarse en una sala de más de trescientas personas
(sic), segundo porque la bandera nacional a mis espaldas me pesaba más
que cualquier cosa. Entre medio de inesperados 'efectos especiales',
como que la máquina de diapositivas hiciera saltar el pasador
de cuadros, más allá de la primera fila y también
vale recordar una velada accidental de treinta y seis fotografías
tomadas durante el transcurso de la conferencia, nada más pasó.
Todo esto fue para mí 'accidental', pero sé que el azar
no existe. ¿Por qué a mí y no a otro?" (Subrayado
es nuestro). Vaya. Es de imaginarse a extraños Poderes Invisibles
temerosos de lo que pudiera decir Anfruns...
Pág. 188: "Me acercaba a Olga y una muchedumbre me saludaba
y me felicitaba por lo dicho minutos antes (...) Y preguntas vienen
y preguntas van. Olga comenzaba a despedirse de su grupo. Yo concluí
la entrevista (de una investigadora rosarina) y la alcancé a
la entrada de la sala auditórium. Para mí era muy importante
esa declaración, no por ego (no, claro que no), era por saber
qué habría detectado ella..." Más:
"J. A.: ¿Te gustó mi trabajo?
OLGA: Sí, estuvo muy interesante y ameno.
J. A.: ¿Sentiste algo?
OLGA: Sí, no solamente yo, sino otras personas que yo consulté,
(se refiere a personas de cualidades extrasensoriales) mientras mostraban
las diapositivas, pudimos notar sobre tu cabeza, hacia el costado derecho,
unas formaciones energéticas de color rojizo en el centro naranja
y amarillo en los bordes.
J. A.: ¿Y eso qué significa para mí?
OLGA: Bueno, quizás sea una presencia de alguna entidad que estaba
avalando lo que estabas diciendo."
Después Olga revela que se trataba de una "presencia altísima"
y de entidades extra-dimensionales, todas pendientes de la disertación
de Anfruns. En fin, Anfruns reflexiona sobre la vanidad (¡) "de
creernos que somos los únicos habitantes del Universo".
Pero nada. Esos extraterrestres vienen a escuchar sus conferencias.
No obstante, nos aprovecha más no manifestar nuestra duda legítima
(p.190): "La incredulidad es la mejor arma esgrimida por 'Ellos'.
Ellos se han dado maña para incentivarla entre nosotros".
Pues parece que Ellos son muy ineficientes en esta tarea, a juzgar por
el éxito comercial millonario de J. J. Benítez, Jaime
Maussán, Erich von Däniken y, en mayor o menor medida, de
todos los demás divulgadores del misterio; lo que ha ganado espacio
entre el gran público occidental es, sobre todo, la crédula
candidez y el irracionalismo. ¡Y eso que los Poderes Invisibles
están fomentando la incredulidad! "Como saben en demasía
lo que pensamos, el resto del trabajo lo estamos haciendo constantemente
cada vez que nos creemos o nos hacen creer que somos los únicos"
(íd.).
CHAUVINISMO
UFOLÓGICO Y CONCLUSIÓN
Ahora bien, no sé quién les dijo a los ufólogos
nacionales que Chile era un país privilegiado por las visitas
de los OVNIs. Lo cierto es que, bebiendo de las recónditas fuentes
de nuestros ancestrales complejos de inferioridad y nuestros resentimientos
patrios, hicieron la "negación proyectiva", y cayeron
en la megalomanía y el chauvinismo de siempre. Se lo creyeron;
es más, viven convenciéndose de esa estafa estadística,
propalándola una y otra vez por los medios: "Chile es el
favorito de los OVNIs", "somos un país privilegiado",
"somos un pasadizo de los extraterrestres", etc.. Cosas de
país pequeño.
Anfruns, por supuesto, no va a la zaga en esta materia (p. 256): "Chile
es el país más apto para que se 'camuflen' en su variada
naturaleza los objetos voladores no identificados. Cada valle, cada
bosque, cada canal sureño, cada hendidura en un volcán
es potencialmente un lugar de aterrizaje (...) Y lo mejor que brinda
nuestra nación es un número muy bajo de posibles espectadores.(...)
Quizás estos variados factores, más el hecho de ser vértice
del Polo Sur, nos pone en una posición muy ventajosa con el resto
de los países de la Tierra".
Egocentrismo, falta de método y paranoia son las características
que inundan los tres libros publicados -hasta ahora- por "el ovnílogo
N° 1 de la Nación". Ciertamente, éste que da
inicio a la trilogía es el que marca la pauta para las producciones
posteriores. Y eso que sólo he dado unos cuantos botones de muestra,
sin duda una pálida imagen del impacto -desfavorable y desesperanzador-
que esta obra produce en todos los lectores medianamente informados
y críticos. Y conste que nada he sacado de su contexto: todo
ha sido expuesto tal cual, mostrando la mera punta de un iceberg temible.
Por eso espero que, al menos, esta recensión sirva para que muchos
de nuestros ufólogos dejen de jurar sobre esta obra en vano,
bajándola de su pedestal de intocable. Tomémoslo como
un intento de justicia retrospectiva, a nueve años de su publicación.
Finalmente, y sin ningún ánimo de bajar la fiebre, les
dejo -ahora por última vez- con las encendidas palabras de Jorge
Anfruns (p. 256): "Los OVNIS han visitado, visitan y visitarán
Chile hasta que ese famoso día del advenimiento de otra raza
espacial con la nuestra (sic), nos demuestre que nunca estuvimos equivocados
cuando dijimos que Chile era país preferencial para los Ovnis".
Pues no olviden que ésa es, precisamente, la labor de un investigador
en terreno, la de adelantarse a los hechos.
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