...
De las abducciones. Los casos que más repercusiones han tenido. Los
que moldearon la ufología. Los clásicos, en definitiva.
Hablar
de abducciones es entrometerse, de una u otra forma, en la psicología
del testigo y en la sociología del fenómeno OVNI. No es tan sencillo
como algunos pretenden y sin dudas sería ideal que esta labor la acometieran
especialistas en dichas áreas. Pero, con los elementos básicos con que
disponemos, será posible dar un vistazo general de los inicios de este
tema dentro del intrincado laberinto que ha sido y será el desarrollo
de la historia de la ufología.
El
siguiente trabajo, que estará dividido en cuatro "tomas", abordará los
casos clásicos de la historia abduccionista: Antonio Villas Boas (1957),
Betty y Barney Hill (1961), Charles Hickson y Calvin Parker (Pascagoula,
1973) y Travis Walton (1975), enmarcándolos en su justo contexto y aportando
y compilando las ideas que distintos ufólogos han propuesto para explicarlos
de forma prosaica.
Una
buena forma de enfocarlos es haciendo una exposición de toda la magnitud
de fenómeno social que han ido adquiriendo. Por más que a algunos ufólogos
les parezca descabellado buscar conexiones de este tipo, la lógica parece
indicar que mucho -si no todo- de lo extraño que rodea al tema de los
improbables raptos alienígenas radica justamente en su notoria ligazón
con variados sucesos que fueron viendo la luz en el transcurso de los
años. No olvidemos algo esencial: la ufología (sus historias, más bien)
se desarrolla a la par con la humanidad, y a medida que transcurre el
tiempo sus relatos se vuelven más y más exóticos, posiblemente buscando
la emoción que la historia anterior dejó de tener para los actuales
interesados.
Con
el caso que hoy expondremos en su integridad, el del granjero brasileño
Antonio Villas Boas, las abducciones hicieron su aparición en la ufología.
Resistidas en un comienzo (los ufólogos de antaño buscaban cierto reconocimiento
científico y estas historias tan abiertamente descabelladas los alejaban
de tal status), con el transcurso de los años fueron siendo aceptadas
por casi todos los estamentos de la ufología más creyente, incluso apelando
a argumentos carentes de toda lógica.
Como
algunos folcloristas han puesto en evidencia, estas historias de hoy
no son más que la actualización de otras que, en siglos pretéritos,
suponían la llegada de seres demoníacos o etéreos que abusaban de las
chicas vírgenes. La trama es más o menos la misma, sólo que hoy los
extraterrestres, 'esos dioses tecnológicos' como alguien dijo por ahí,
pasan a ocupar el rol de los viejos raptores, en desmedro de los duendes
o los "traucos", como se conoce en el sur de Chile a esos seres que
violan a damiselas inocentes.
Desde
un comienzo, algunos ufólogos ligaron estos casos con las desapariciones
de personas, agregándole "enigma" al asunto. El triángulo de las Bermudas
y otros tópicos usuales de esta ufología híbrida y globalizada, se fueron
abriendo paso en el imaginario de los seguidores de estos temas. También
surgieron quienes decían contactar con los alienígenas, de quienes recibían
insustanciales mensajes que generalmente surgían de "superiores" y rubias
cabecitas (Menger, Adamski) y que abarcaban temas tan casualmente de
moda como las explosiones nucleares y, entrados en los sesenta, la contaminación.
Entre las curiosidades de estos extraterrestres bonachones es que saben
tanto o menos que el contactado de turno.
En
este sentido, Carl Sagan ironiza sobre esas capacidades y conocimientos
tan vagos de los extraterrestres, señalando que "de vez en cuando
recibo una carta de alguien que está en 'contacto' con los extraterrestres.
Me invitan a 'preguntarles algo'. Y así, a lo largo de los años, he
confeccionado una pequeña lista de preguntas. Los extraterrestres son
seres muy avanzados, recordemos. Así, pues, pido cosas como 'le ruego
que me proporcione una pequeña prueba del último teorema de Fermat'.
O de la conjetura Goldbach. Y luego tengo que explicarles qué es, porque
no creo que los extraterrestres le llamen último teorema de Fermat.
Así pues, escribo la simple ecuación con los exponentes. Nunca consigo
una respuesta. Por otro lado, si pregunto algo así como '¿debemos ser
buenos?', casi siempre consigo respuesta. A estos extraterrestres les
encanta contestar cualquier pregunta vaga, sobre todo si entraña juicios
morales. Pero, en cosas específicas donde cabe la posibilidad de descubrir
si realmente saben algo más que la mayoría de los humanos, la respuesta
es el silencio" (Sagan, 1998).
Dejando
de lado este tipo de "pequeñeces" que terminan delatando el verdadero
origen de los mensajes atribuidos a seres del espacio, investigadores
como Bertrand Méheust se han abocado al estudio y análisis del tema
de las abducciones, dividiendo su desarrollo en diversas etapas. El
caso Villas Boas, por ejemplo, se enmarca dentro del período que Méheust
ha denominado "la incubación", que va desde 1947 hasta 1966. En esos
años el tema estaba en pañales, pero ya prometía crecer y generar algo
de mayor fuerza. La publicación del libro de John Fuller "The interroupted
journey" sobre el caso Hill da inicio a la "existencia marginal" (1966-1973),
cuando el tema empieza a posesionarse de algunos espacios de publicidad,
mientras que Walton y los amigos de Pascagoula entran de lleno en "la
consolidación" (1973- 1981), cuando las abducciones son aceptadas por
los primeros ufólogos y dejan atrás su pasado de ridiculizaciones. Méheust
culmina con "la invasión", que desde 1987 hasta hoy día nos tiene con
las abducciones como uno de los ejes centrales del debate ufológico.
Hitos
importantes dentro de este posicionamiento son la emisión en 1975 de
la película "The UFO Incident", referida al caso Hill, y la aparición
del libro de Whitley Strieber "Communion", en 1987. Con estos acontecimientos,
las abducciones fueron tomando poco a poco la forma que hoy le conocemos,
que en cierto modo es una metamorfosis del gen implantado por Betty
y Barney Hill, incuestionables precursores de las posteriores narraciones.
Como
hemos visto en este breve repaso, las historias de "raptos" han seguido
un claro curso lógico: comenzaron como "contactos", siguieron los paseos
a la fuerza y revisiones varias a bordo de un platillo volante (ya ni
siquiera ovni) y terminaron (¿terminaron?; lo más probable es que la
evolución siga) en los mismos dormitorios de las víctimas, como aterradora
analogía a nuestros días de temor y permanente inseguridad. En el fondo
los extraterrestres fueron nuestros amigos, pero nos traicionaron abduciéndonos
y se tomaron la confianza suficiente como para invadir nuestra más querida
privacidad, los muy maditos. Actualmente, incluso son inmunes a la física:
traspasan murallas e implantan supuestos mecanismos de vigilancia y
control. Todo un símbolo de los frenéticos días en que vivimos, donde
la sociedad de la permanente observación viola de forma descarada esa
seguridad que antaño nos otorgaba la certeza de sabernos a salvo en
nuestros hogares. Hoy ya no es tan así.
Nigel
Watson ha sido certero en este sentido, al señalar que "quizás debido
a la galopante paranoia de la Guerra Fría o a cualquier otra cosa, la
atmósfera de estas historias cambió durante los años sesenta y lo que
parecía como un inocente divertimento adolescente fue tomando un giro
más siniestro" (Watson, 1999). Algo similar postula David Sivier
en su excelente artículo "An alien Vice", remarcando que la ufología
se ha vuelto más centrada en lo sexual a medida que las sociedades se
liberalizan. Tras los casos Villas Boas y Hill, señala Sivier, los hermanos
espaciales poco a poco se convirtieron en fríos y siniestros violadores.
Desde
un comienzo quiero dejar en claro que no creo en las abducciones así
como nos las presentan generalmente. Pienso que después de todo no "hay
algo allá afuera", y sí mucho "acá adentro" (léase golpeando la cabeza).
Por lo demás, consideremos que si las abducciones fueran reales, alguien
habría cobrado los diez mil dólares que ofrece Philip Klass a quien
acredite ante el FBI haber sido raptado por alienígenas. Miren que privar
forzosamente a alguien de su libertad sin motivo alguno es un delito
en todas partes, ¿eh? Lo que parece claro, hoy, es que los defensores
empiezan a carecer de argumentos y que, mientras no llegue la prueba
concreta, todo esto no será más que una colección de lindas historias.
Como la que viene a continuación.
(Texto
completo, versión en papel / Dibujo: Diego Arandojo (Argentina)
Volver
al Nº 12