La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 12
¡CLÁSICOS...!
DIEGO ZÚÑIGA
(CHILE) - 2001

... De las abducciones. Los casos que más repercusiones han tenido. Los que moldearon la ufología. Los clásicos, en definitiva.

Dibujo: Diego ArandojoHablar de abducciones es entrometerse, de una u otra forma, en la psicología del testigo y en la sociología del fenómeno OVNI. No es tan sencillo como algunos pretenden y sin dudas sería ideal que esta labor la acometieran especialistas en dichas áreas. Pero, con los elementos básicos con que disponemos, será posible dar un vistazo general de los inicios de este tema dentro del intrincado laberinto que ha sido y será el desarrollo de la historia de la ufología.

El siguiente trabajo, que estará dividido en cuatro "tomas", abordará los casos clásicos de la historia abduccionista: Antonio Villas Boas (1957), Betty y Barney Hill (1961), Charles Hickson y Calvin Parker (Pascagoula, 1973) y Travis Walton (1975), enmarcándolos en su justo contexto y aportando y compilando las ideas que distintos ufólogos han propuesto para explicarlos de forma prosaica.

Una buena forma de enfocarlos es haciendo una exposición de toda la magnitud de fenómeno social que han ido adquiriendo. Por más que a algunos ufólogos les parezca descabellado buscar conexiones de este tipo, la lógica parece indicar que mucho -si no todo- de lo extraño que rodea al tema de los improbables raptos alienígenas radica justamente en su notoria ligazón con variados sucesos que fueron viendo la luz en el transcurso de los años. No olvidemos algo esencial: la ufología (sus historias, más bien) se desarrolla a la par con la humanidad, y a medida que transcurre el tiempo sus relatos se vuelven más y más exóticos, posiblemente buscando la emoción que la historia anterior dejó de tener para los actuales interesados.

Con el caso que hoy expondremos en su integridad, el del granjero brasileño Antonio Villas Boas, las abducciones hicieron su aparición en la ufología. Resistidas en un comienzo (los ufólogos de antaño buscaban cierto reconocimiento científico y estas historias tan abiertamente descabelladas los alejaban de tal status), con el transcurso de los años fueron siendo aceptadas por casi todos los estamentos de la ufología más creyente, incluso apelando a argumentos carentes de toda lógica.

Como algunos folcloristas han puesto en evidencia, estas historias de hoy no son más que la actualización de otras que, en siglos pretéritos, suponían la llegada de seres demoníacos o etéreos que abusaban de las chicas vírgenes. La trama es más o menos la misma, sólo que hoy los extraterrestres, 'esos dioses tecnológicos' como alguien dijo por ahí, pasan a ocupar el rol de los viejos raptores, en desmedro de los duendes o los "traucos", como se conoce en el sur de Chile a esos seres que violan a damiselas inocentes.

Desde un comienzo, algunos ufólogos ligaron estos casos con las desapariciones de personas, agregándole "enigma" al asunto. El triángulo de las Bermudas y otros tópicos usuales de esta ufología híbrida y globalizada, se fueron abriendo paso en el imaginario de los seguidores de estos temas. También surgieron quienes decían contactar con los alienígenas, de quienes recibían insustanciales mensajes que generalmente surgían de "superiores" y rubias cabecitas (Menger, Adamski) y que abarcaban temas tan casualmente de moda como las explosiones nucleares y, entrados en los sesenta, la contaminación. Entre las curiosidades de estos extraterrestres bonachones es que saben tanto o menos que el contactado de turno.

En este sentido, Carl Sagan ironiza sobre esas capacidades y conocimientos tan vagos de los extraterrestres, señalando que "de vez en cuando recibo una carta de alguien que está en 'contacto' con los extraterrestres. Me invitan a 'preguntarles algo'. Y así, a lo largo de los años, he confeccionado una pequeña lista de preguntas. Los extraterrestres son seres muy avanzados, recordemos. Así, pues, pido cosas como 'le ruego que me proporcione una pequeña prueba del último teorema de Fermat'. O de la conjetura Goldbach. Y luego tengo que explicarles qué es, porque no creo que los extraterrestres le llamen último teorema de Fermat. Así pues, escribo la simple ecuación con los exponentes. Nunca consigo una respuesta. Por otro lado, si pregunto algo así como '¿debemos ser buenos?', casi siempre consigo respuesta. A estos extraterrestres les encanta contestar cualquier pregunta vaga, sobre todo si entraña juicios morales. Pero, en cosas específicas donde cabe la posibilidad de descubrir si realmente saben algo más que la mayoría de los humanos, la respuesta es el silencio" (Sagan, 1998).

Dejando de lado este tipo de "pequeñeces" que terminan delatando el verdadero origen de los mensajes atribuidos a seres del espacio, investigadores como Bertrand Méheust se han abocado al estudio y análisis del tema de las abducciones, dividiendo su desarrollo en diversas etapas. El caso Villas Boas, por ejemplo, se enmarca dentro del período que Méheust ha denominado "la incubación", que va desde 1947 hasta 1966. En esos años el tema estaba en pañales, pero ya prometía crecer y generar algo de mayor fuerza. La publicación del libro de John Fuller "The interroupted journey" sobre el caso Hill da inicio a la "existencia marginal" (1966-1973), cuando el tema empieza a posesionarse de algunos espacios de publicidad, mientras que Walton y los amigos de Pascagoula entran de lleno en "la consolidación" (1973- 1981), cuando las abducciones son aceptadas por los primeros ufólogos y dejan atrás su pasado de ridiculizaciones. Méheust culmina con "la invasión", que desde 1987 hasta hoy día nos tiene con las abducciones como uno de los ejes centrales del debate ufológico.

Hitos importantes dentro de este posicionamiento son la emisión en 1975 de la película "The UFO Incident", referida al caso Hill, y la aparición del libro de Whitley Strieber "Communion", en 1987. Con estos acontecimientos, las abducciones fueron tomando poco a poco la forma que hoy le conocemos, que en cierto modo es una metamorfosis del gen implantado por Betty y Barney Hill, incuestionables precursores de las posteriores narraciones.

Como hemos visto en este breve repaso, las historias de "raptos" han seguido un claro curso lógico: comenzaron como "contactos", siguieron los paseos a la fuerza y revisiones varias a bordo de un platillo volante (ya ni siquiera ovni) y terminaron (¿terminaron?; lo más probable es que la evolución siga) en los mismos dormitorios de las víctimas, como aterradora analogía a nuestros días de temor y permanente inseguridad. En el fondo los extraterrestres fueron nuestros amigos, pero nos traicionaron abduciéndonos y se tomaron la confianza suficiente como para invadir nuestra más querida privacidad, los muy maditos. Actualmente, incluso son inmunes a la física: traspasan murallas e implantan supuestos mecanismos de vigilancia y control. Todo un símbolo de los frenéticos días en que vivimos, donde la sociedad de la permanente observación viola de forma descarada esa seguridad que antaño nos otorgaba la certeza de sabernos a salvo en nuestros hogares. Hoy ya no es tan así.

Nigel Watson ha sido certero en este sentido, al señalar que "quizás debido a la galopante paranoia de la Guerra Fría o a cualquier otra cosa, la atmósfera de estas historias cambió durante los años sesenta y lo que parecía como un inocente divertimento adolescente fue tomando un giro más siniestro" (Watson, 1999). Algo similar postula David Sivier en su excelente artículo "An alien Vice", remarcando que la ufología se ha vuelto más centrada en lo sexual a medida que las sociedades se liberalizan. Tras los casos Villas Boas y Hill, señala Sivier, los hermanos espaciales poco a poco se convirtieron en fríos y siniestros violadores.

Desde un comienzo quiero dejar en claro que no creo en las abducciones así como nos las presentan generalmente. Pienso que después de todo no "hay algo allá afuera", y sí mucho "acá adentro" (léase golpeando la cabeza). Por lo demás, consideremos que si las abducciones fueran reales, alguien habría cobrado los diez mil dólares que ofrece Philip Klass a quien acredite ante el FBI haber sido raptado por alienígenas. Miren que privar forzosamente a alguien de su libertad sin motivo alguno es un delito en todas partes, ¿eh? Lo que parece claro, hoy, es que los defensores empiezan a carecer de argumentos y que, mientras no llegue la prueba concreta, todo esto no será más que una colección de lindas historias. Como la que viene a continuación.

(Texto completo, versión en papel / Dibujo: Diego Arandojo (Argentina)

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