Nuestra
revista está de enhorabuena. Después de un largo trabajo de recopilación
y selección, en el que contamos con la invaluable ayuda del gran investigador
español Luis R. González Manso, podemos ofrecer a los lectores
el más extenso dossier que hayamos publicado –hasta ahora- sobre tema
alguno. Se trata de un abigarrado y variopinto especial sobre las llamadas
"abducciones", en un esfuerzo sin precedentes en la historia de la ufología
chilena. La cantidad y calidad de trabajos inéditos en castellano (o
inéditos en cualquier idioma) que verán la luz a partir de este número,
estamos seguros, no defraudará a nuestros fieles seguidores.
Si
usted, en torno al tema de los raptos de seres humanos a manos de supuestos
extraterrestres, sólo ha leído las ideas o posturas de Budd Hopkins,
David Jacobs, Raymond Fowler o John Mack, pues aquí tiene la saludable
"otra cara" de la cuestión, la faz crítica. Desde la etnopsicología
de Bertrand Méheust al desmantelamiento sin concesiones de Philip Klass;
desde la óptica psico-sociológica de Martin Kottmeyer al agnosticismo
de Jenny Randles, o la "teoría de la tensión tectónica" de Persinger,
o al escepticismo británico de John Rimmer, entre innumerables enfoques
diversos, serán materia obligada de una extensa revisión, acometida
de ahora en más. Intentaremos no dejar afuera ninguna postura teórica
"alternativa" –si cabe- al mito oficial de los alienígenas creadores
de razas híbridas. El lector decidirá cuál especulación le parece más
equilibrada entre la creatividad y la economía.
También
continuamos con la fantástica saga desmitificadora de Félix Ares de
Blas, quien nos muestra cómo nace, se desarrolla y crece un mito moderno.
Y claro, seguimos dando entregas sobre el rey Midas ufológico, el novelista
navarro J. J. Benítez, experto en el aristotélico arte de la crematística.
Todo ello, sin perjuicio de las secciones habituales, donde hemos preparado
no pocas sorpresas.
La
invitación a perseverar en estas navegaciones está lanzada. Depende
del lector aceptarla y decidirse (o suscribirse). Los silbidos del zarpe
(que no del zarpazo, por favor) ya están sonando. ¡Váaaaaamonos!
Los
directores
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