La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 12
ANTONIO RIBERA: TESTIMONIO DE UN LECTOR AGRADECIDO
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2001

Antonio Ribera. Foto Archivo CEI.La noticia de su fallecimiento me golpeó el 25 de septiembre recién pasado. Era difícil creer que Ribera, el decano de la ufología española, el que escribió los libros ufológicos más consultados por la "vieja guardia" de los investigadores iberoamericanos, nos había abandonado. Pero, más allá de la perplejidad inicial, lo firme es que Antonio Ribera, catalán y caballero de la pluma, ha muerto, a los 81 años y medio. Así de simple.

Tuve la suerte de iniciarme en la ufología leyendo los libros de Ribera. Las nuevas generaciones, en cambio, han sido menos afortunadas y han dado sus primeros pasos con la literatura más demencial y anti-científica de la historia de la ufología. Admito que la obra de Ribera, comprometida con la versión más simple e ingenua de la hipótesis extraterrestre, abundaba en elucubraciones gratuitas y fantasiosas; pero ese cultivo de la magia, que tanta pasión por investigar insuflaba en los más jóvenes, estaba moderado por el sentido común, la buena fe, el chispeante humor y, sobre todo, por la calidad literaria.

Además, su papel de traductor nos permitió estar muy enterados de lo mejor que se publicaba en el orbe: la mítica Flying Saucer Review. Sólo así pudimos conocer lo más interesante de la ufología clásica, vale decir, los trabajos de Jacques Vallée, Aimé Michel, Michel Carrouges y tantos más. Hoy, en cambio, debido a que las obras del catalán no fueron reeditadas en la segunda mitad de los años ochenta, muchos han debido dar sus primeros pasos con los libros de Benítez, de Ramírez Reyes y otros, a veces ni siquiera leyendo (muchos le tienen alergia a la lectura), concentrados en sus meras correrías de campo y en la monotonía de videos borrosos e inverosímiles: lo que explica tanta credulidad e incultura.

Por eso podemos decir que Ribera nos abrió innumerables puertas, incluso las que nos llevaron a abandonarlo como "gurú". Recuerdo que, leyendo El gran enigma de los platillos volantes, supe de la existencia de Pasaporte a Magonia, libro en el que Vallée rompía con la hipótesis extraterrestre, conectando a los OVNIs con los duendes y las hadas, lo que provocaba la indisimulada molestia de nuestro mentor. Pero la refutación que hacía don Antonio -ese viejo testarudo- de aquellas inconfortables novedades... me pareció tan poco convincente, que sólo avivó mi curiosidad. Pasaporte, un regalo de mi padre, fue el libro que me convirtió tempranamente a la paraufología, el que me hizo olvidar a los doce años de edad la fe extraterrestre, pues ¡lo había traducido Ribera del inglés!

El co-fundador del Centro de Estudios Interplanetarios de Barcelona, el cándido divulgador del asunto UMMO, el polemista ingenioso, el porfiado defensor de la cada vez menos sustentable hipótesis extraterrestre, se ha ido de este mundo. A pesar de que mis ideas ufológicas actuales son del todo diferentes de las suyas, sólo puedo declararme deudor de Antonio Ribera. Por la magia, por las carcajadas que su aleatorio humor nos arrancaba, por el esfuerzo que hicimos por liberarnos de su "yugo alienígena", por el mito. Gracias por todo ello.

Contrariamente a lo que se estila hoy, Ribera no se volvió rico a costa de los OVNIs, pues murió en una situación económica precaria. Como sea, demostró que vivir de la pluma no equivale, ni con mucho, a vivir de la ufología. Era un divulgador entusiasta, no un embaucador o un mercenario.

Ahora que Ribera se ya se ha instalado en el recuerdo, me gana una última reflexión. Quizás a él le hubiese gustado que sus cenizas fuesen a dar al océano, otra de sus grandes pasiones; es que Ribera amó la exploración del mar tanto como la supuesta pluralidad de los mundos habitados. Por eso, al final de su fructífera vida, deseamos que el delfín haya encontrado su estrella definitiva, la de la eternidad, en sucesivos mundos de sucesiva belleza y perfección; y en esos mundos, han de existir también los mares, mares de color zafiro, cálidos, amigables, habitados por miríadas de criaturas insólitas. Mares de ensueño.

(La nota completa véala en el número 12 de noviembre de La Nave de los Locos / Foto Archivo CEI)

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