Comienza
un nuevo año y, de seguro, el lector habrá escuchado a
los agoreros de siempre, con sus pronósticos para el 2002. Que
se morirá alguien famoso, que se volverá a casar uno/a
del mundo del espectáculo, que habrá sorpresas. Y es que
así no hay pronóstico que falle. Pero ya deberíamos
estar acostumbrados a estos ejercicios, que comienzan casi con la resaca
de la fiesta de Año Nuevo. Pues, de un modo u otro, todos queremos
adelantarnos, avizorar el futuro. Es algo tan típicamente humano...
No por nada Erich Fromm decía que "el hombre es el único
animal que sabe que va a morir".
Pero,
apúntelo y después nos pasa la cuenta, vaticinamos que
"la Nave va" en este 2002. Y comienza, creemos, con el pie
derecho. Con ese pie que Barney Hill, al parecer, accionó tardíamente
en el acelerador y, bueno, tuvimos el famoso "viaje interrumpido".
Y habla hasta Betty Hill, qué se creen, muchos años después,
revisitando la singular experiencia. Porque seguimos nuestro dossier
sobre las abducciones y, como en el número previo, seguimos beneficiándonos
de la "erudición abductoria" (con perdón) de
nuestro amigo español Luis González Manso, uno de los
tipos que más sabe en el mundo sobre los pretendidos secuestros
alienígenas.
Por
su parte, Félix Ares de Blas culmina en esta entrega su viaje
a los principios de la ufología y a la saga interminable del
"cover-up". Todo, condimentado con un nuevo repaso al enigma
de los dogones y su mito astronómico. Y varias cosas más.
En
fin, este número es muy especial porque viene con 8 páginas
extra. Es un modesto regalo de Navidad –atrasado- para los pacientes
y bien ponderados lectores. ¡Pues elevemos nuestras copas y celebremos
la llegada del 2002! Que hay Nave para rato.
Los
directores
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