Puede
Fallar / Enrique
Márquez, Alejandro Borgo
Editorial
Planeta / Argentina /1998
/ 198 páginas
"¡¡Qué
van a adivinar, chantas!!", era la frase que explicaba la divertida
foto de Borgo y Márquez en la revista trasandina "Descubrir".
Y qué mejor resumen del mensaje claro y atronador que extraemos
de este estupendo libro. Pero vayamos por las presentaciones. Tanto
Alejandro Borgo como Enrique Márquez son escépticos de
raza. Co-fundadores (junto a Alejandro Agostinelli) del recién
extinto CAIRP (Centro argentino para la investigación y refutación
de la pseudociencia), fueron figuras centrales en la añorada
revista El ojo escéptico. Para los buenos creyentes, ambos
son huesos durísimos de roer. Borgo, un intelectual que se desliza
en los medios para airear las directrices del escepticismo militante
contemporáneo. Márquez, fuera de su acervo teórico,
es también mago, un ilusionista que se las trae (ver entrevista
en el número 12 de La Nave). Y quién mejor que un mago,
un experto en engaños, para desenmascarar a los embaucadores,
como en la mejor tradición de Houdini y Randi.
En
Puede fallar somos conducidos al alucinante mundo de los farsantes
y engañadores argentinos, quienes por cierto no se diferencian
mucho de los nuestros. Y es que los chantas del Bazar Ocultista
tienden a parecerse en todas partes. Se adjudican títulos tan
rimbombantes como falsos ("Dr. en Geomagnetismo Astral por la Universidad
de Shamballah"; "Profesora, astróloga y licenciada
en Quiromancia Cuántica", etc.); se rodean de una atmósfera
evangélica y piadosa, con el propósito de generar confianza
en los incautos; lanzan predicciones vagas, ambiguas, permanentemente
reinterpretables; tienen estudiadas las respuestas cuando les representan
un fracaso; en fin, tienen tan pocos aciertos como escrúpulos.
Borgo
y Márquez son verdaderos expertos en el arte del desenmascaramiento.
Se conocen cada triquiñuela, excusa o salida histriónica
de los charlatanes. Y, lo que es más importante, alertan en forma
pormenorizada al público sobre cómo no dejarse estafar,
en una suerte de manual de la lucidez y el sentido crítico, en
medio de sabrosos ramalazos humorísticos. Además, la obra
se complementa en casi cada página por profecías fallidas,
una tras otra, que van desde una supuesta desaparición del obelisco
de Buenos Aires hasta la obtención del Premio Nobel por Jorge
Luis Borges (éste, mereciéndolo con creces, murió
sin recibirlo). Esto de los yerros notorios me recordó el patinazo
de un simpático "vidente" criollo, el "profesor
Nostradamus" (modestito el hombre). Resulta que antes del Mundial
de fútbol de España -1982-, el profesor vaticinó
lo siguiente: "Brasil será el campeón; el segundo
será Alemania Federal, el tercero España (como buen local)
y el cuarto será Argentina". Por lo menos le acertó
con Alemania: ¡una de cuatro! Y es que, como decía Voltaire,
"un adivino no puede equivocarse siempre".
Todos
los capítulos del libro son destacables. Por ejemplo "Galería
del terror", que incluye semblanzas de diversos personajes del
supermercado ocultista trasandino: Carlos Luconi, Lily Süllös,
Antonio Las Heras, Horángel, Aschira, Luis Ricardo Schiariti,
Blanca Curi, entre otros. A algunos de ellos les reprochan su oportunismo
político, pues así como cantaban loas al poder militar
en los setenta... se volvieron hiperdemocráticos cuando el sol
comenzó a calentar en la dirección contraria, a la década
siguiente. Pero, qué importa, si siempre cuentan con la obsecuencia
de los medios, especialmente la imbatible televisión. Se equivocan
mucho, pero todo se olvida, y hay quienes no tienen muy desarrollado
el sentido de la vergüenza. Como Lily Süllös que afirmó
haber sido una sacerdotisa egipcia (en otra vida, claro) y que vivió
en otro planeta; y es que los extraterrestres hasta iban a hacerle visitas
a domicilio.
O
Las Heras, que me resulta más familiar porque es un nombre asociado
a la ufología; aunque, por cierto, Las Heras también se
dedica a los talismanes y, en general, al negociado parapsíquico,
como cuando actuaba de consejero, en el correo de lectores de la revista
Tal cual. Un angustiado paciente le consulta sobre cómo
detener la calvicie. Y Las Heras, él mismo un calvo progresivo
y sin vuelta, se permite prometerle "procedimientos paranormales"
¡para detener la caída del cabello! (y yo, que tenía en
Las Heras mi última esperanza para esquivar el calvo futuro que
me aguarda). Y cuentan el numerito de Gabriel Rugiero, quien habría
dicho que los goles de los mundiales los hacen los extraterrestres.
Bueno, después de todo Rugiero podría no estar tan equivocado,
ya que cuando Maradona hizo su segundo gol a Inglaterra en México
86’, eludiendo rivales desde la mediacancha, un locutor argentino vociferaba:
"¡¡Barrilete cósmico!! ¿¡De qué planeta llegaste!?"...
Por
sobre todo, Borgo y Márquez educan al público. Es imperdible
el capítulo titulado "Secretos del ‘consultorio’",
donde revelan un sorprendente conocimiento de las tretas que los charlatanes
usan para embaucar a los ingenuos (y no sólo a ellos). Allí
vemos cómo los adivinos recaban hábilmente información
de sus clientes (maestros como son en el arte de la "terapia en
frío") y luego la presentan en otro formato, con la apariencia
de una milagrosa adivinación. Porque ahí está la
clave de la cuestión: todo buen mercader de lo oculto debe ser
muy inteligente, eso nadie puede negarlo. Se precisan grandes dosis
de perspicacia, penetración psicológica y persuasión.
Sin duda, también para esto se requiere talento.
Puede
fallar, en definitiva, no es sólo un libro educativo. También
es un libro absorbente y pegajoso, pero cuya amenidad no logra quitarnos
una cierto sentimiento de desolación que nos gana al cerrar sus
páginas. Es inevitable. Y es que esta obra viene a refutar esa
perezosa visión del ser humano como "amante de la verdad".
Todo lo contrario. Como bien decía Anatole France, la humanidad
necesita la verdad, "pero más necesita todavía
la mentira que la halaga, la consuela, le da infinitas esperanzas. ¡Sin
la mentira perecería de desesperación y de tedio!".
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