La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 13
LibrosAcrobatPUEDE FALLAR
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2002

Puede fallarPuede Fallar / Enrique Márquez, Alejandro Borgo
Editorial Planeta / Argentina /1998 / 198 páginas

"¡¡Qué van a adivinar, chantas!!", era la frase que explicaba la divertida foto de Borgo y Márquez en la revista trasandina "Descubrir". Y qué mejor resumen del mensaje claro y atronador que extraemos de este estupendo libro. Pero vayamos por las presentaciones. Tanto Alejandro Borgo como Enrique Márquez son escépticos de raza. Co-fundadores (junto a Alejandro Agostinelli) del recién extinto CAIRP (Centro argentino para la investigación y refutación de la pseudociencia), fueron figuras centrales en la añorada revista El ojo escéptico. Para los buenos creyentes, ambos son huesos durísimos de roer. Borgo, un intelectual que se desliza en los medios para airear las directrices del escepticismo militante contemporáneo. Márquez, fuera de su acervo teórico, es también mago, un ilusionista que se las trae (ver entrevista en el número 12 de La Nave). Y quién mejor que un mago, un experto en engaños, para desenmascarar a los embaucadores, como en la mejor tradición de Houdini y Randi.

En Puede fallar somos conducidos al alucinante mundo de los farsantes y engañadores argentinos, quienes por cierto no se diferencian mucho de los nuestros. Y es que los chantas del Bazar Ocultista tienden a parecerse en todas partes. Se adjudican títulos tan rimbombantes como falsos ("Dr. en Geomagnetismo Astral por la Universidad de Shamballah"; "Profesora, astróloga y licenciada en Quiromancia Cuántica", etc.); se rodean de una atmósfera evangélica y piadosa, con el propósito de generar confianza en los incautos; lanzan predicciones vagas, ambiguas, permanentemente reinterpretables; tienen estudiadas las respuestas cuando les representan un fracaso; en fin, tienen tan pocos aciertos como escrúpulos.

Borgo y Márquez son verdaderos expertos en el arte del desenmascaramiento. Se conocen cada triquiñuela, excusa o salida histriónica de los charlatanes. Y, lo que es más importante, alertan en forma pormenorizada al público sobre cómo no dejarse estafar, en una suerte de manual de la lucidez y el sentido crítico, en medio de sabrosos ramalazos humorísticos. Además, la obra se complementa en casi cada página por profecías fallidas, una tras otra, que van desde una supuesta desaparición del obelisco de Buenos Aires hasta la obtención del Premio Nobel por Jorge Luis Borges (éste, mereciéndolo con creces, murió sin recibirlo). Esto de los yerros notorios me recordó el patinazo de un simpático "vidente" criollo, el "profesor Nostradamus" (modestito el hombre). Resulta que antes del Mundial de fútbol de España -1982-, el profesor vaticinó lo siguiente: "Brasil será el campeón; el segundo será Alemania Federal, el tercero España (como buen local) y el cuarto será Argentina". Por lo menos le acertó con Alemania: ¡una de cuatro! Y es que, como decía Voltaire, "un adivino no puede equivocarse siempre".

Todos los capítulos del libro son destacables. Por ejemplo "Galería del terror", que incluye semblanzas de diversos personajes del supermercado ocultista trasandino: Carlos Luconi, Lily Süllös, Antonio Las Heras, Horángel, Aschira, Luis Ricardo Schiariti, Blanca Curi, entre otros. A algunos de ellos les reprochan su oportunismo político, pues así como cantaban loas al poder militar en los setenta... se volvieron hiperdemocráticos cuando el sol comenzó a calentar en la dirección contraria, a la década siguiente. Pero, qué importa, si siempre cuentan con la obsecuencia de los medios, especialmente la imbatible televisión. Se equivocan mucho, pero todo se olvida, y hay quienes no tienen muy desarrollado el sentido de la vergüenza. Como Lily Süllös que afirmó haber sido una sacerdotisa egipcia (en otra vida, claro) y que vivió en otro planeta; y es que los extraterrestres hasta iban a hacerle visitas a domicilio.

O Las Heras, que me resulta más familiar porque es un nombre asociado a la ufología; aunque, por cierto, Las Heras también se dedica a los talismanes y, en general, al negociado parapsíquico, como cuando actuaba de consejero, en el correo de lectores de la revista Tal cual. Un angustiado paciente le consulta sobre cómo detener la calvicie. Y Las Heras, él mismo un calvo progresivo y sin vuelta, se permite prometerle "procedimientos paranormales" ¡para detener la caída del cabello! (y yo, que tenía en Las Heras mi última esperanza para esquivar el calvo futuro que me aguarda). Y cuentan el numerito de Gabriel Rugiero, quien habría dicho que los goles de los mundiales los hacen los extraterrestres. Bueno, después de todo Rugiero podría no estar tan equivocado, ya que cuando Maradona hizo su segundo gol a Inglaterra en México 86’, eludiendo rivales desde la mediacancha, un locutor argentino vociferaba: "¡¡Barrilete cósmico!! ¿¡De qué planeta llegaste!?"...

Por sobre todo, Borgo y Márquez educan al público. Es imperdible el capítulo titulado "Secretos del ‘consultorio’", donde revelan un sorprendente conocimiento de las tretas que los charlatanes usan para embaucar a los ingenuos (y no sólo a ellos). Allí vemos cómo los adivinos recaban hábilmente información de sus clientes (maestros como son en el arte de la "terapia en frío") y luego la presentan en otro formato, con la apariencia de una milagrosa adivinación. Porque ahí está la clave de la cuestión: todo buen mercader de lo oculto debe ser muy inteligente, eso nadie puede negarlo. Se precisan grandes dosis de perspicacia, penetración psicológica y persuasión. Sin duda, también para esto se requiere talento.

Puede fallar, en definitiva, no es sólo un libro educativo. También es un libro absorbente y pegajoso, pero cuya amenidad no logra quitarnos una cierto sentimiento de desolación que nos gana al cerrar sus páginas. Es inevitable. Y es que esta obra viene a refutar esa perezosa visión del ser humano como "amante de la verdad". Todo lo contrario. Como bien decía Anatole France, la humanidad necesita la verdad, "pero más necesita todavía la mentira que la halaga, la consuela, le da infinitas esperanzas. ¡Sin la mentira perecería de desesperación y de tedio!".

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