The abduction enigma / Kevin Randle, Russ Estes,
William Cone
Forge
Book / EE.UU. / 1999
/ 416 páginas
Si
Uds. sólo adquieren en el extranjero un libro sobre OVNIS al año, éste
es su título. Randles, Estes y Cone
han escrito el libro definitivo sobre el fenómeno de las abducciones.
En
su introducción se presentan como convencidos creyentes en la visita
(más o menos esporádica) de seres extraterrestres a nuestro planeta.
William Cone es un psicólogo experto en el tratamiento a las supuestas
víctimas de Abusos Satánicos Rituales o afectadas de personalidades
múltiples. Pero algunos lo considerarían también un abducido en fase
de negación, a juzgar por sus recuerdos infantiles.
Estes es un productor mediático independiente que también ha tenido
sus encuentros con lo paranormal. Por su parte, Kevin Randle comenzó
hace muchos años como investigador de campo del grupo americano APRO,
llegando a intervenir en la primera abducción donde se denunció la entrada
de alienígenas en una casa (el caso Pat Price/Roach en 1973), aunque
durante los años 80 pasó por una etapa escéptica que le hizo cuestionarse
la realidad de las visitas de extraterrestres. Todo cambiaría con el
caso Roswell, del que ha sido uno de los más meticulosos investigadores
y al que sigue considerando como una verdadera nave alienígena estrellada.
Precisamente
porque se trata de tres tipos nada sospechosos de ser desmitificadores,
sus conclusiones deberían ser aún más demoledoras. Pero, vayamos por
partes.
La
primera parte del libro se dedica a ofrecer un panorama histórico del
fenómeno, mencionando algunos sugerentes casos durante la oleada de
la "nave aérea" de 1897 en los Estados Unidos y pasando por fraudes
ya conocidos (aunque poco divulgado como tales) como el batallón inglés
desaparecido supuestamente en Gallipoli durante la 1ª Guerra Mundial
o el más reciente caso del argentino Dionisio Llanca. También estudian
la influencia que han tenido algunos investigadores (desde Coral Lorenzen
hasta Budd Hopkins) en la divulgación y aceptación de este mito moderno,
tan profundamente anclado en nuestra cultura actual que una mayoría
de la población considera las "abducciones alienígenas" como un hecho
científico sin discusión.
Muy
revelador resulta uno de los ejemplos presentados como prueba de su
investigación personal del fenómeno, remachando una vez más que no se
trata de "debunkers de sillón". Es el caso de Joel, un varón homosexual
rutinariamente violado por una alienígena, pero que, a pesar de sentirse
deprimido durante varios días después de cada encuentro, no quiere que
se terminen...
También
se analizan los paralelismos entre el fenómeno de los abducidos y el
de los contactados, cada vez más evidentes conforme las abducciones
pasan de ser incidentes aislados y casuales a convertirse en sucesos
constantes, casi rutinarios en la vida de sus víctimas. Sin embargo,
por lo general, esos autodenominados expertos en abducciones rechazan
de plano a los contactados, situándose en la curiosa postura de afirmar
"mi increíble historia es más creíble que la vuestra". Los autores ofrecen
un posible motivo para tal preferencia:
"La
verdadera razón para aceptar al abducido frente al contactado puede
ser más simple. El contactado no necesita ningún intermediario (...)
Con el abducido, el foco de atención se traslada al investigador".
Un
aspecto muy controvertido, y que ha causado bastante revuelo en Internet
es el componente sexual de las abducciones, que ha sido puritanamente
despreciado por los investigadores. Sin embargo, cuando los propios
abducidos divulgan sus historias, se hace evidente la profunda carga
sexual de estos encuentros, que va mucho más allá de meros experimentos
reproductivos o de hibridación. Pero también es cierto que los autores
parecen dar excesiva importancia a este elemento, pues uno de los pocos
estudios estadísticos sobre abducciones que han salido a la luz (el
Proyecto de Transcripción de Abducciones desarrollado por el MUFON)
ofrece sólo un porcentaje del 45% de abducidos que hayan sido sometidos
a "prácticas sexuales".
Para
este libro, los autores realizaron un centenar de entrevistas a personas
abducidas, llegando a la sorprendente conclusión de que "casi el 60
por ciento de aquellos que aseguran haber sido abducidos son homosexuales"
(p. 292). Aún peor, "sólo un bajo porcentaje de abducidos llevan lo
que podría calificarse como una vida sexual normal" (p. 100). La muestra
quizá sea insuficiente para extrapolar tales hallazgos a la población
en general, pero claramente apunta por dónde deben ir futuras investigaciones.
La
segunda parte de este libro trata de analizar algunos elementos externos
que pueden influir en el fenómeno de las abducciones. Desde elementos
de la historia popular (comenzando por las visitas de los íncubos y
súcubos medievales) o el folklore, hasta precedentes culturales como
la ciencia ficción de los años 30, sin olvidar aspectos psicológicos
como las parálisis nocturnas y los sueños. En estos capítulos, los autores
analizan y desmontan los diferentes argumentos utilizados por los creyentes
para rechazar la influencia de tales elementos en un fenómeno considerado
de innegable origen extraterrestre.
La
mejor sección del libro es, sin lugar a dudas la tercera, cuando los
autores realizan un análisis (en ocasiones hasta hilarante) de varios
de los más famosos "abduccionólogos" y de sus delirantes métodos de
investigación. Desde Robert Boylan, que prefiere encontrarse con sus
pacientes femeninas en el "jacuzzi", hasta el historiador David Jacobs,
quien consigue ver la paja en el ojo ajeno (criticando duramente los
fallos en las regresiones hipnóticas de los demás) sin notar la viga
en el suyo (tras repetitivas -hasta 30- y extenuantes sesiones de varias
horas para analizar segundo a segundo cada incidente, hasta el espía
mejor entrenado "confesaría"), pasando por personajes tan inquietantes
como Marshall Applewhite (el cabecilla de la suicida secta "Puerta del
Cielo") o Derrel Sims, el "cazador de alienígenas".
Si
alguien todavía piensa que aunque los investigadores de abducciones
no hacen ningún bien, tampoco resultan perjudiciales, debería bastarle
con leer cómo John Carpenter transformó a Leah Haley, una persona inteligente
y muy integrada en la sociedad, con un buen trabajo, estudiando para
un doctorado y rodeada de una familia feliz, en una abducida paranoica
que perdió su trabajo, la mayoría de sus amigos, su marido y una buena
parte de su salud mental.
La
cuarta parte se dedica al análisis de los llamados Abusos Satánicos
Rituales, verdadera epidemia psicológica que inundó los Estados Unidos
en los años 80, acarreando varias condenas para supuestos violadores
pertenecientes a sectas satánicas, pero que a finales de los 90 han
empezado a ser dejados en libertad, al comprobarse la ausencia de pruebas.
Sus paralelismos con las abducciones pasan por dos novedosas aberraciones
psicológicas que los creyentes han defendido incansablemente, pese a
no contar con la menor prueba científica sobre ellas: (1) la existencia
de "recuerdos pantalla" que ocultan o desvirtúan un trauma; (2) la veracidad
de los recuerdos recuperados bajo hipnosis, y que supuestamente habrían
sido reprimidos inconscientemente por las víctimas, que no recordaban
nada de forma consciente.
De
especial interés resulta un hallazgo de los autores, quienes han podido
comprobar cómo los llamados "grupos de apoyo a abducidos" se han pervertido
completamente, abandonado su primigenia función transitoria de apoyo
para resolver problemas psicológicos, hasta convertirse en referentes
permanentes, sin ofrecer el menor atisbo de esperanza pero sí un núcleo
donde las supuestas víctimas se sienten comprendidas y aceptadas, cayendo
en un maléfico círculo vicioso del que resulta casi imposible escapar.
El
análisis de las supuestas evidencias materiales que se han ido aportando
a lo largo de los años compone la sección quinta y resulta también demoledor,
aunque sin aportar grandes novedades sobre las críticas ya expuestas
por los escépticos.
El
libro concluye exponiendo algunas de las paradojas lógicas que conlleva
defender las visitas de secuestradores alienígenas y resumiendo la tesis
que los autores han ido exponiendo a lo largo de toda la obra: que la
mayoría de las abducciones son meros sueños (o incidentes de parálisis
nocturna) convertidos en recuerdos conscientes cuya sorprendente similitud
entre personas de todos los rincones del mundo es debida a lo que eufemísticamente
denominan "la seducción del terapeuta".
Si
tuviéramos que señalar algún defecto (norma ineludible en cualquier
crítica) sería la ausencia por parte de los autores de cualquier referencia
a autores escépticos como Klass, Baker, etcétera, quienes en
muchas ocasiones han realizado esas mismas críticas, aunque haya sido
de forma más puntual. Tampoco son mejor tratados los ufólogos más racionalistas
como Peter Rogerson o Martin Kottmeyer, que han profundizado mucho más
en los aspectos culturales y sociológicos de las abducciones.
Me
atrevería a recomendar este libro incluso a los creyentes, con la esperanza
de que sus meditados argumentos siembren al menos la semilla de la duda
en su interior, a fin de evitar que acaben destrozando su vida o la
de sus hijos por creer en la realidad de lo que afirman unos supuestos
"expertos".
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