El
boletín "Desclasificado"
nº 2 incluye un extenso artículo de Bruno Cardeñosa titulado "Venus
detectado en un radar". El texto gira en torno al caso de los pilotos
de un Mirage de la Base Aérea de Manises que observaron un OVNI el 26
de septiembre de 1973, y considera intolerable que el expediente oficial
desclasificado a principios de los noventa viniera acompañado de un
diagnóstico muy concreto: los pilotos habrían visto el planeta Venus.
La música de fondo es la habitual en este tipo de diatribas: "...nuestras
autoridades procuran engañar a la población, mantenerla alejada de la
verdad, pactando con la mentira, la falsificación y una serie de individuos
que parecen tener un oscuro interés por colaborar con las autoridades
en la negación del fenómeno OVNI... nuestro gobierno ha tratado de ocultar
la auténtica realidad que trasmiten nuestros expedientes X".
Lo
que no sabe Cardeñosa es que la verdad es aún mucho más horrible de
lo que se imagina. Si mi memoria no me falla, fue mucho antes, hacia
1980, cuando pude conseguir la información militar sobre el caso. Y
-supongo que ahora puedo decirlo- fue pagando. Dinero en mano, no miento.
También puedo revelar que la operación tuvo lugar en un mercadillo de
ocasión. Aunque luego deduje que ya había pasado por otras manos desde
hacía dos o tres años, la documentación venía toda bien encuadernada
con unas tapas duras de color rojo donde podía leerse algo así como:
"OVNIS: Documentos Oficiales del Gobierno Español". Debajo figuraba
el nombre del informador, del que por ahora sólo puedo dar las iniciales,
J. J. B. También podía leerse "Plaza & Janés" en una esquina. Editorial,
lo llaman.
La
horrible verdad es que un ufólogo civil había añadido a aquellos documentos
sobre el caso algunas páginas de preguntas retóricas y otras sobre asuntos
que no venían a cuento, sin profundizar en un análisis del incidente.
Pero no fue hasta 1987 cuando se me ocurrió hacer algunas verificaciones
elementales. ¿Qué podía ser aquella "estrella" de la que sospechaba
el Juez Informador, por haber llamado la atención a otros pilotos durante
aquellos días, en circunstancias similares?
Curiosamente, los cálculos ponían en evidencia que Venus estaba allí.
Dándole vueltas al asunto, la única conclusión que me parecía razonable
era considerar que el OVNI había sido Venus. Y ahora viene lo más fuerte.
Sé que cuesta creerlo pero es así. Había llegado a dicha conclusión
sin la más mínima presión por parte de personal militar, ni de agentes
de inteligencia, ni de "hombres de negro", ni siquiera de familiares,
amigos o conocidos, y ¡sin recurrir a ningún tipo de manipulación de
los datos! Posteriormente supe que otros que habían examinado el caso
eran de la misma opinión.
Volviendo al presente, no voy a detenerme a rebatir los argumentos que
esgrime Cardeñosa en su artículo en contra de esta hipótesis, por la
sencilla razón de que YA SE HA HECHO. Remito al trabajo "Mirage III
rumbo a Valencia", escrito en colaboración con V. J. Ballester Olmos
y J. Plana Crivillén, y publicado en "Cuadernos de Ufología", nº 22-23
(3ª época, 1998).
Por cierto, muy buena su ocurrencia de atribuirlo a los "tres" miembros
de la "trama civil anti-OVNIS": Plana, Crivillent (sic) y Ballester...
También podría haber citado a un tal Olmos... (1). En fin, por último,
me temo que hay algunos conceptos que no acaba de tener claros. Veamos.
Dice el expediente:
"… Al llegar a 14 NM y sobre el radial, dicho avión comunica a GCA que
el objeto no identificado se desvía hacia la izquierda dirigiéndose
a la línea de costa; en ese momento se observaba en la pantalla un eco
parásito que se dirige a la línea de costa desapareciendo inmediatamente".
Y dice Cardeñosa, tras destacar que el OVNI fue finalmente detectado
y no podría entonces ser Venus:
"Pero el MOA se lavó las manos arguyendo que el eco no identificado
era -como dice el escrito del controlador- parásito, dando por supuesto
que esa calificación equivale a falso. Y he aquí la primera "falsedad"
en el expediente desclasificado. En términos aeronáuticos se entiende
por parásito lo siguiente: "Perturbaciones o ruidos, de origen industrial
o atmosférico, que interfieren en comunicaciones radioeléctricas". Pero
Enrique Rocamora, faltando a una fraseología especializada que conoce
a buen seguro, engaña al sobreentender falso como parásito.
La definición que he ofrecido es bien reveladora. Un parásito existe
y está ahí si la pantalla radar lo detecta. Y tiene dos posibles orígenes:
atmosférico o industrial. La primera probabilidad, debido a su repentina
aparición, veloz desplazamiento y condiciones meteorológicas, queda
fuera de lugar. Por lo tanto, es de suponer que en este caso el parásito
era "industrial". Es decir, un objeto sólido desplazándose a una vertiginosa
velocidad. El OVNI, "invisible" para el radar, en la primera parte de
la observación, estaba ahí. Y punto".
En efecto, un eco "parásito" es un eco real. Pero no un objeto real.
Imaginemos, por ejemplo, que la señal del radar se refleja por unos
instantes en un avión y, a continuación, en un vehículo en tierra, retornando
reflejada de nuevo por el fuselaje del avión. Puede que aparezca momentáneamente
en la pantalla de un radar primario un débil blanco fantasma más allá
del avión en una posición donde no habría nada.
Por otro lado, un parásito de origen industrial no es precisamente "un
objeto sólido desplazándose a una vertiginosa velocidad". Lo de "industrial"
no se refiere a navecillas fabricadas en serie en un polígono industrial
de Ganímedes... De hecho, no se refiere a objetos sólidos. Se trataría
de perturbaciones ("ruido", interferencias...) ocasionadas por la actividad
humana (motores, equipos de comunicaciones, etc.).
ANEXO
"...Por
las siguientes razones, Venus no pudo ser lo que observaron los dos
pilotos aquel 26 de septiembre de 1973:
1º
Venus no puede ser detectado en un radar. Bajo ninguna condición. 2º
Venus no se acerca a gran velocidad en rumbo de colisión a un avión.
3º Venus no sigue en rumbo paralelo a un caza durante diez minutos.
4º Venus no acelera a una "velocidad imposible" (declaración textual
del testigo al autor). 5º Venus, desde el punto real de observación,
no era visible. Y… 6º Reconociendo la capacitación profesional, honestidad
y buen criterio de los pilotos, los capitanes Gea Durán y García Gea,
no podrían -bajo ningún concepto- cometer semejante equivocación".
(Referencia: Cardeñosa, Bruno, "Venus detectado en un radar", Desclasificado
nº 2, febrero de 2002).
Los
comentarios que siguen han sido extraídos del artículo "Mirage III rumbo
a Valencia", V. J. Ballester, J. Plana, M. Borraz, Cuadernos de Ufología,
nº 22-23, 1998. El lector encontrará respuestas a los "peros" planteados
arriba:
-
¿No es demasiada casualidad que el radar detectara el eco simultáneamente
y en la misma posición donde los pilotos observaban el OVNI?
En primer lugar, la simultaneidad no fue tan perfecta dado
que, según consta, sólo se detectó algo al final del incidente. En segundo
lugar, parece razonable suponer que el operador del radar, puesto al
corriente del avistamiento, habría estado en disposición de tomar en
consideración cualquier eco espúreo que apareciera en la zona de la
observación visual y en aquellos instantes concretos, aunque en otras
circunstancias el eco hubiera pasado desapercibido o no hubiera sido
retenido como blanco.
A partir de ahí, si de estimar probabilidades se trata, hubiera sido
interesante conocer con qué frecuencia se venían detectando ecos espurios
con el equipo utilizado, por más que todos o la mayor parte fueran adecuadamente
descartados por los operadores en circunstancias normales. Es posible
que no fueran tan inhabituales después de todo.
Por último, habría que poner al descubierto una falacia muy extendida
que revela un error conceptual grave. Es frecuente que las explicaciones
convencionales avanzadas para incidentes como el que nos ocupa sean
descartadas sin contemplaciones por algunos, con la excusa de que son
muy improbables. En realidad, por paradójico que parezca, la probabilidad
de que un suceso inusual haya sido debido a algo improbable no tiene
por qué ser necesariamente pequeña.
En el presente caso, ni siquiera hace falta detenerse en disquisiciones
de este tipo. No olvidemos que la posibilidad de que los pilotos observaran
Venus es aquí mucho más que una mera presunción: ¿acaso no es demasiada
casualidad que los pilotos observaran el OVNI en la misma posición donde
se encontraba Venus? ¿Y no es demasiada casualidad que además el OVNI
tuviera el aspecto que podía presentar Venus -una simple luz-, se comportara
aparentemente como podía haberlo hecho el planeta -manteniéndose visible
a un costado- y desapareciera aproximadamente cuando Venus se ocultaba...?
- ¿Desde cuándo los planetas pueden acercarse a 4 millas de
distancia de un avión?
La pregunta es engañosa. Todo lo que sabemos es que los observadores
apreciaron una distancia al objeto de unas 4 millas náuticas (unos 7,4
km). Como ignoraban la naturaleza del fenómeno observado, cabe pensar
que debieron equiparar la luminosidad de la luz con la que podía presentar
un avión convencional a esa distancia. Éste parece el origen más razonable
de su estimación.
¿Puede un astro brillante mostrar una luminosidad comparable a las luces
de un avión situado a unos kilómetros de distancia? Evidentemente sí.
- Venus no se dedica a maniobrar en el aire ni a seguir aviones.
Efectivamente. Pero es indiscutible que, dentro de ciertos
límites, puede llegar a dar esa impresión. Veamos.
¿Cómo puede distinguir un observador si una luz que aparece ante su
vista en el cielo nocturno se le está acercando en "rumbo convergente"
o simplemente está aumentando de intensidad luminosa sin cambiar de
lugar? ¿Cómo discernir si se trata de una luz que se aleja o de una
luz inmóvil cuya intensidad se debilita? Para poder juzgar tales situaciones,
el observador tiene que saber antes qué es lo que está observando, pero
hay ocasiones en que no tiene manera de saberlo. Si un piloto en vuelo
nocturno mira hacia arriba y observa una luz puntual que incrementa
su brillo durante cierto tiempo es posible que piense estar observando
algún planeta o estrella brillante. Ahora bien, si observa la misma
luz aproximadamente a su nivel, a la altura de su vista, lo más probable
es que se pregunte qué tipo de avión se le está acercando.
Pero aún hay más. ¿Cómo puede saber un piloto en vuelo nocturno si esa
luz que observa a un costado, siempre en la misma dirección (sin variar
su posición respecto a las estrellas), es un astro o pertenece a una
aeronave que vuela en paralelo con la suya? De nuevo se trata de una
situación ambigua que sólo podrá abordar con ayuda de suposiciones o
informaciones complementarias. Si se trata de un lucero cerca del horizonte,
quizás reconozca el astro en cuestión por su situación (este, oeste,
etc.).
Si se trata de un avión, quizás acabe apreciando luces de posición u
observando movimientos reveladores. Quizás consulte a los controladores
aéreos para zanjar la cuestión. Lo que está claro es que, a falta de
pistas, a un piloto no podemos reprocharle que piense en algún posible
avión siguiendo su mismo rumbo al observar una luz situada a un costado
de su propio avión y a una altura aparentemente similar.
Volviendo al caso de 1973, no sólo no hay evidencia concluyente de cambios
de rumbo del objeto observado sino que ni siquiera puede demostrarse
que dicho objeto estuviera en movimiento. Por una parte, los testigos
nos hablan de un rumbo convergente inicial y un alejamiento final: un
foco luminoso distante, fijo en una posición, pero experimentando variaciones
de intensidad luminosa, bien pudo dar estas impresiones. Entretanto,
el objeto voló en paralelo con los observadores: de nuevo tenemos que
un foco luminoso distante, fijo en una posición, pudo dar esa impresión.
Si a esto añadimos que la posición en cuestión se correspondía prácticamente
con la del planeta Venus, la conclusión parece evidente.
- Si Venus se ocultaba por el horizonte, ¿cómo pudieron verlo
los pilotos?
De entrada debe quedar claro que, con buena visibilidad, el
planeta era observable con una elevación aparente mayor o igual a 0º
durante el tiempo que duró el avistamiento. (...) La elevación aparente
-es decir, la que puede apreciar un observador-, es algo mayor que la
elevación real debido a la desviación que sufren los rayos de luz en
la atmósfera, especialmente cerca del horizonte. Insistimos: Venus todavía
no se había ocultado.
La otra cuestión que hay que tener presente es que los pilotos se encontraban
a miles de metros de altura. Debido a la esfericidad de la Tierra, el
horizonte sensible de los observadores ya no se encontraba, para entendernos,
a la altura de su vista (elevación 0º), como sería en el caso de un
observador situado a nivel del mar, sino algo más abajo. A 7.000 pies
de altura, por ejemplo, el horizonte sensible queda a -1,5º de elevación,
aproximadamente. Por consiguiente, desde esa altura, Venus situado a
0º de elevación todavía no está oculto sino que aparece desconectado
-ligeramente por encima- del horizonte que delimita el paisaje. Si las
condiciones de visibilidad son óptimas, un observador lo puede seguir
viendo todavía durante algunos minutos, mientras el astro desciende
algo más de un grado.
- Es muy improbable que pilotos militares, auténticos profesionales
del aire, tomen un planeta por un OVNI.
Es muy improbable. En otras palabras: puede suceder, aunque
en raras ocasiones. De entrada, nada hace descartar que ésta pueda ser
una de esas raras ocasiones. No admitirlo así, sería como creer a pie
juntillas, por ejemplo, que un buen policía con largos años de servicio
nunca dispararía a alguien que le apuntara con una pistola de juguete.
Pero si circunstancias particulares y algo de deformación profesional
-como veíamos antes- podrían haber dado lugar a una confusión de los
pilotos en este caso, ¿no habrán ocurrido incidentes parecidos en otras
ocasiones? Efectivamente, y se dispone de innumerables ejemplos, unos
pocos relacionados muy probablemente con Venus (...) y otros muchos
en relación con meteoros y otros fenómenos aéreos (...). No obstante,
para tranquilidad de quienes viajan en avión, hay que señalar que no
son situaciones que se produzcan todos los días, ni mucho menos.
Y si es así, ¿no tendría que haber casos en que los pilotos se hayan
llegado a dar cuenta de su error? También se dispone de este tipo de
testimonios, imprescindibles para hacerse una idea global y ponderada
(...). Claro está que estos casos, salvo excepciones, nunca han atraído
a los coleccionistas de misterios ni son anécdotas a las que los pilotos
deseen dar mucha publicidad.
NOTA
(1) Es una ironía, debido a que Plana y Crivillén (no Crivillent)
son los apellidos de una misma persona (Joan Plan Crivillén), y no se
trata de dos ufólogos distintos. Esto refleja la meticulosidad del trabajo
de Cardeñosa. (N. del E.)