La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 14/15
"VENUS DETECTADO EN UN RADAR":
COMENTARIOS A UN RECIENTE ARTÍCULO
MANUEL BORRAZ
(ESPAÑA) - 2001

Montaje: NLEl boletín "Desclasificado" nº 2 incluye un extenso artículo de Bruno Cardeñosa titulado "Venus detectado en un radar". El texto gira en torno al caso de los pilotos de un Mirage de la Base Aérea de Manises que observaron un OVNI el 26 de septiembre de 1973, y considera intolerable que el expediente oficial desclasificado a principios de los noventa viniera acompañado de un diagnóstico muy concreto: los pilotos habrían visto el planeta Venus.

La música de fondo es la habitual en este tipo de diatribas: "...nuestras autoridades procuran engañar a la población, mantenerla alejada de la verdad, pactando con la mentira, la falsificación y una serie de individuos que parecen tener un oscuro interés por colaborar con las autoridades en la negación del fenómeno OVNI... nuestro gobierno ha tratado de ocultar la auténtica realidad que trasmiten nuestros expedientes X".


Lo que no sabe Cardeñosa es que la verdad es aún mucho más horrible de lo que se imagina. Si mi memoria no me falla, fue mucho antes, hacia 1980, cuando pude conseguir la información militar sobre el caso. Y -supongo que ahora puedo decirlo- fue pagando. Dinero en mano, no miento. También puedo revelar que la operación tuvo lugar en un mercadillo de ocasión. Aunque luego deduje que ya había pasado por otras manos desde hacía dos o tres años, la documentación venía toda bien encuadernada con unas tapas duras de color rojo donde podía leerse algo así como: "OVNIS: Documentos Oficiales del Gobierno Español". Debajo figuraba el nombre del informador, del que por ahora sólo puedo dar las iniciales, J. J. B. También podía leerse "Plaza & Janés" en una esquina. Editorial, lo llaman.

La horrible verdad es que un ufólogo civil había añadido a aquellos documentos sobre el caso algunas páginas de preguntas retóricas y otras sobre asuntos que no venían a cuento, sin profundizar en un análisis del incidente. Pero no fue hasta 1987 cuando se me ocurrió hacer algunas verificaciones elementales. ¿Qué podía ser aquella "estrella" de la que sospechaba el Juez Informador, por haber llamado la atención a otros pilotos durante aquellos días, en circunstancias similares?

Curiosamente, los cálculos ponían en evidencia que Venus estaba allí. Dándole vueltas al asunto, la única conclusión que me parecía razonable era considerar que el OVNI había sido Venus. Y ahora viene lo más fuerte. Sé que cuesta creerlo pero es así. Había llegado a dicha conclusión sin la más mínima presión por parte de personal militar, ni de agentes de inteligencia, ni de "hombres de negro", ni siquiera de familiares, amigos o conocidos, y ¡sin recurrir a ningún tipo de manipulación de los datos! Posteriormente supe que otros que habían examinado el caso eran de la misma opinión.

Volviendo al presente, no voy a detenerme a rebatir los argumentos que esgrime Cardeñosa en su artículo en contra de esta hipótesis, por la sencilla razón de que YA SE HA HECHO. Remito al trabajo "Mirage III rumbo a Valencia", escrito en colaboración con V. J. Ballester Olmos y J. Plana Crivillén, y publicado en "Cuadernos de Ufología", nº 22-23 (3ª época, 1998).

Por cierto, muy buena su ocurrencia de atribuirlo a los "tres" miembros de la "trama civil anti-OVNIS": Plana, Crivillent (sic) y Ballester... También podría haber citado a un tal Olmos... (1). En fin, por último, me temo que hay algunos conceptos que no acaba de tener claros. Veamos. Dice el expediente:

"… Al llegar a 14 NM y sobre el radial, dicho avión comunica a GCA que el objeto no identificado se desvía hacia la izquierda dirigiéndose a la línea de costa; en ese momento se observaba en la pantalla un eco parásito que se dirige a la línea de costa desapareciendo inmediatamente".

Y dice Cardeñosa, tras destacar que el OVNI fue finalmente detectado y no podría entonces ser Venus:

"Pero el MOA se lavó las manos arguyendo que el eco no identificado era -como dice el escrito del controlador- parásito, dando por supuesto que esa calificación equivale a falso. Y he aquí la primera "falsedad" en el expediente desclasificado. En términos aeronáuticos se entiende por parásito lo siguiente: "Perturbaciones o ruidos, de origen industrial o atmosférico, que interfieren en comunicaciones radioeléctricas". Pero Enrique Rocamora, faltando a una fraseología especializada que conoce a buen seguro, engaña al sobreentender falso como parásito.

La definición que he ofrecido es bien reveladora. Un parásito existe y está ahí si la pantalla radar lo detecta. Y tiene dos posibles orígenes: atmosférico o industrial. La primera probabilidad, debido a su repentina aparición, veloz desplazamiento y condiciones meteorológicas, queda fuera de lugar. Por lo tanto, es de suponer que en este caso el parásito era "industrial". Es decir, un objeto sólido desplazándose a una vertiginosa velocidad. El OVNI, "invisible" para el radar, en la primera parte de la observación, estaba ahí. Y punto".

En efecto, un eco "parásito" es un eco real. Pero no un objeto real. Imaginemos, por ejemplo, que la señal del radar se refleja por unos instantes en un avión y, a continuación, en un vehículo en tierra, retornando reflejada de nuevo por el fuselaje del avión. Puede que aparezca momentáneamente en la pantalla de un radar primario un débil blanco fantasma más allá del avión en una posición donde no habría nada.

Por otro lado, un parásito de origen industrial no es precisamente "un objeto sólido desplazándose a una vertiginosa velocidad". Lo de "industrial" no se refiere a navecillas fabricadas en serie en un polígono industrial de Ganímedes... De hecho, no se refiere a objetos sólidos. Se trataría de perturbaciones ("ruido", interferencias...) ocasionadas por la actividad humana (motores, equipos de comunicaciones, etc.).

ANEXO


"...Por las siguientes razones, Venus no pudo ser lo que observaron los dos pilotos aquel 26 de septiembre de 1973:

1º Venus no puede ser detectado en un radar. Bajo ninguna condición. 2º Venus no se acerca a gran velocidad en rumbo de colisión a un avión. 3º Venus no sigue en rumbo paralelo a un caza durante diez minutos. 4º Venus no acelera a una "velocidad imposible" (declaración textual del testigo al autor). 5º Venus, desde el punto real de observación, no era visible. Y… 6º Reconociendo la capacitación profesional, honestidad y buen criterio de los pilotos, los capitanes Gea Durán y García Gea, no podrían -bajo ningún concepto- cometer semejante equivocación".

(Referencia: Cardeñosa, Bruno, "Venus detectado en un radar", Desclasificado nº 2, febrero de 2002).


Los comentarios que siguen han sido extraídos del artículo "Mirage III rumbo a Valencia", V. J. Ballester, J. Plana, M. Borraz, Cuadernos de Ufología, nº 22-23, 1998. El lector encontrará respuestas a los "peros" planteados arriba:

- ¿No es demasiada casualidad que el radar detectara el eco simultáneamente y en la misma posición donde los pilotos observaban el OVNI?

En primer lugar, la simultaneidad no fue tan perfecta dado que, según consta, sólo se detectó algo al final del incidente. En segundo lugar, parece razonable suponer que el operador del radar, puesto al corriente del avistamiento, habría estado en disposición de tomar en consideración cualquier eco espúreo que apareciera en la zona de la observación visual y en aquellos instantes concretos, aunque en otras circunstancias el eco hubiera pasado desapercibido o no hubiera sido retenido como blanco.

A partir de ahí, si de estimar probabilidades se trata, hubiera sido interesante conocer con qué frecuencia se venían detectando ecos espurios con el equipo utilizado, por más que todos o la mayor parte fueran adecuadamente descartados por los operadores en circunstancias normales. Es posible que no fueran tan inhabituales después de todo.

Por último, habría que poner al descubierto una falacia muy extendida que revela un error conceptual grave. Es frecuente que las explicaciones convencionales avanzadas para incidentes como el que nos ocupa sean descartadas sin contemplaciones por algunos, con la excusa de que son muy improbables. En realidad, por paradójico que parezca, la probabilidad de que un suceso inusual haya sido debido a algo improbable no tiene por qué ser necesariamente pequeña.

En el presente caso, ni siquiera hace falta detenerse en disquisiciones de este tipo. No olvidemos que la posibilidad de que los pilotos observaran Venus es aquí mucho más que una mera presunción: ¿acaso no es demasiada casualidad que los pilotos observaran el OVNI en la misma posición donde se encontraba Venus? ¿Y no es demasiada casualidad que además el OVNI tuviera el aspecto que podía presentar Venus -una simple luz-, se comportara aparentemente como podía haberlo hecho el planeta -manteniéndose visible a un costado- y desapareciera aproximadamente cuando Venus se ocultaba...?

- ¿Desde cuándo los planetas pueden acercarse a 4 millas de distancia de un avión?

La pregunta es engañosa. Todo lo que sabemos es que los observadores apreciaron una distancia al objeto de unas 4 millas náuticas (unos 7,4 km). Como ignoraban la naturaleza del fenómeno observado, cabe pensar que debieron equiparar la luminosidad de la luz con la que podía presentar un avión convencional a esa distancia. Éste parece el origen más razonable de su estimación.

¿Puede un astro brillante mostrar una luminosidad comparable a las luces de un avión situado a unos kilómetros de distancia? Evidentemente sí.

- Venus no se dedica a maniobrar en el aire ni a seguir aviones.

Efectivamente. Pero es indiscutible que, dentro de ciertos límites, puede llegar a dar esa impresión. Veamos.

¿Cómo puede distinguir un observador si una luz que aparece ante su vista en el cielo nocturno se le está acercando en "rumbo convergente" o simplemente está aumentando de intensidad luminosa sin cambiar de lugar? ¿Cómo discernir si se trata de una luz que se aleja o de una luz inmóvil cuya intensidad se debilita? Para poder juzgar tales situaciones, el observador tiene que saber antes qué es lo que está observando, pero hay ocasiones en que no tiene manera de saberlo. Si un piloto en vuelo nocturno mira hacia arriba y observa una luz puntual que incrementa su brillo durante cierto tiempo es posible que piense estar observando algún planeta o estrella brillante. Ahora bien, si observa la misma luz aproximadamente a su nivel, a la altura de su vista, lo más probable es que se pregunte qué tipo de avión se le está acercando.

Pero aún hay más. ¿Cómo puede saber un piloto en vuelo nocturno si esa luz que observa a un costado, siempre en la misma dirección (sin variar su posición respecto a las estrellas), es un astro o pertenece a una aeronave que vuela en paralelo con la suya? De nuevo se trata de una situación ambigua que sólo podrá abordar con ayuda de suposiciones o informaciones complementarias. Si se trata de un lucero cerca del horizonte, quizás reconozca el astro en cuestión por su situación (este, oeste, etc.).

Si se trata de un avión, quizás acabe apreciando luces de posición u observando movimientos reveladores. Quizás consulte a los controladores aéreos para zanjar la cuestión. Lo que está claro es que, a falta de pistas, a un piloto no podemos reprocharle que piense en algún posible avión siguiendo su mismo rumbo al observar una luz situada a un costado de su propio avión y a una altura aparentemente similar.

Volviendo al caso de 1973, no sólo no hay evidencia concluyente de cambios de rumbo del objeto observado sino que ni siquiera puede demostrarse que dicho objeto estuviera en movimiento. Por una parte, los testigos nos hablan de un rumbo convergente inicial y un alejamiento final: un foco luminoso distante, fijo en una posición, pero experimentando variaciones de intensidad luminosa, bien pudo dar estas impresiones. Entretanto, el objeto voló en paralelo con los observadores: de nuevo tenemos que un foco luminoso distante, fijo en una posición, pudo dar esa impresión. Si a esto añadimos que la posición en cuestión se correspondía prácticamente con la del planeta Venus, la conclusión parece evidente.

- Si Venus se ocultaba por el horizonte, ¿cómo pudieron verlo los pilotos?

De entrada debe quedar claro que, con buena visibilidad, el planeta era observable con una elevación aparente mayor o igual a 0º durante el tiempo que duró el avistamiento. (...) La elevación aparente -es decir, la que puede apreciar un observador-, es algo mayor que la elevación real debido a la desviación que sufren los rayos de luz en la atmósfera, especialmente cerca del horizonte. Insistimos: Venus todavía no se había ocultado.

La otra cuestión que hay que tener presente es que los pilotos se encontraban a miles de metros de altura. Debido a la esfericidad de la Tierra, el horizonte sensible de los observadores ya no se encontraba, para entendernos, a la altura de su vista (elevación 0º), como sería en el caso de un observador situado a nivel del mar, sino algo más abajo. A 7.000 pies de altura, por ejemplo, el horizonte sensible queda a -1,5º de elevación, aproximadamente. Por consiguiente, desde esa altura, Venus situado a 0º de elevación todavía no está oculto sino que aparece desconectado -ligeramente por encima- del horizonte que delimita el paisaje. Si las condiciones de visibilidad son óptimas, un observador lo puede seguir viendo todavía durante algunos minutos, mientras el astro desciende algo más de un grado.

- Es muy improbable que pilotos militares, auténticos profesionales del aire, tomen un planeta por un OVNI.

Es muy improbable. En otras palabras: puede suceder, aunque en raras ocasiones. De entrada, nada hace descartar que ésta pueda ser una de esas raras ocasiones. No admitirlo así, sería como creer a pie juntillas, por ejemplo, que un buen policía con largos años de servicio nunca dispararía a alguien que le apuntara con una pistola de juguete.

Pero si circunstancias particulares y algo de deformación profesional -como veíamos antes- podrían haber dado lugar a una confusión de los pilotos en este caso, ¿no habrán ocurrido incidentes parecidos en otras ocasiones? Efectivamente, y se dispone de innumerables ejemplos, unos pocos relacionados muy probablemente con Venus (...) y otros muchos en relación con meteoros y otros fenómenos aéreos (...). No obstante, para tranquilidad de quienes viajan en avión, hay que señalar que no son situaciones que se produzcan todos los días, ni mucho menos.

Y si es así, ¿no tendría que haber casos en que los pilotos se hayan llegado a dar cuenta de su error? También se dispone de este tipo de testimonios, imprescindibles para hacerse una idea global y ponderada (...). Claro está que estos casos, salvo excepciones, nunca han atraído a los coleccionistas de misterios ni son anécdotas a las que los pilotos deseen dar mucha publicidad.

NOTA

(1) Es una ironía, debido a que Plana y Crivillén (no Crivillent) son los apellidos de una misma persona (Joan Plan Crivillén), y no se trata de dos ufólogos distintos. Esto refleja la meticulosidad del trabajo de Cardeñosa. (N. del E.)

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