La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 16
LibrosAcrobatEXTRATERRESTRES EN CHILE
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2002

ET en ChileExtraterrestres en Chile. Top Secret / Jorge Anfruns Dumont
Editorial El Triunfo / Chile / 1996 / 218 páginas

EL "PEQUEÑO DRAGÓN"

"El 9 de marzo de 1992, a las 21:45 horas, transitando por las calles de Santiago (...), sufrí el intento de robo de mi 'banano' (pequeña mochila sujeta al cinturón) (sic), como ofrecí resistencia al eventual ladrón, un muchacho de 18 años y setenta o más kilos de peso, nos trenzamos en una violenta pelea callejera donde golpes iban y venían, (sic) al final de cuentas nos fuimos de cabeza a la calzada y logré levantarme antes que el atacante. Cuando encaminé mis pasos para seguir andando volví a ser atacado por otro cómplice, esta vez mi contrincante venía armado de una navaja de gran tamaño, entonces, cortes vienen y van como destellos de luz sobre mi cuerpo. Un puño mío alcanzó su rostro y lo tumbó por largos segundos, no obstante volvió a reincorporarse y se lanzó a la carga mientras su ayudante trataba de inmovilizarme al cogerme por la espalda, tratando de tener un blanco fijo. Afortunadamente nada pasó salvo algunos magullones por la caída. Todo terminó cuando la mirada del atacante N° 2 quedó fija en el espacio sobre mi cabeza. Y ahí lo irracional, guardó su navaja y arrancó por la calle San Ignacio mientras su cómplice lo hacía por la Alameda" (He respetado la deplorable puntuación y redacción originales).

No, amigos. Lo que acaban de leer no son las aventuras de Bruce Lee o Jean-Claude Van Damme, sino las del "ovnílogo chileno", el modestísimo Jorge Anfruns Dumont. Quien conozca a Anfruns personalmente tendrá enormes dificultades en dar crédito a los pormenores de la historieta, a la vista de su porte esmirriado y complexión nada atlética. Qué va. Habrán sido las espinacas. ¿Por qué no admitir lo que todo mundo sabe, esto es, "que lo asaltaron y punto"? Pero este relato no se da en un contexto cualquiera, pues adorna el primer capítulo del libro que ahora comentamos. Y es que estas fantasías son insignificantes comparadas con el verdadero objeto del libro: las ufológicas.

Pese a la dureza de algunas críticas, siempre esta sección de "La Nave" se ha mostrado algo circunspecta. Ahora debemos cambiar un poco esa tónica porque no hay más remedio. Ésta, más que una recensión, es una denuncia y un castigo moral. Es que jamás nos habíamos enfrentado a un libro tan fantasioso y disparatado; a un libro tan pretensioso, egomaníaco y paranoide. En su género, el de la ufología del absurdo, no reconoce rivales serios (lo que en Chile es decir bastante). Pues aquí Anfruns, "el ovnílogo chileno", se ha superado a sí mismo y ha compuesto el que es, en mi humilde opinión, el libro más delirante de la historia de la ufología nacional. Ahora bien, el despliegue de insensateces se volvería más soportable si Anfruns no impusiera al pobre lector, en casi cada capítulo, al cruel relampagueo de su inexplicable vanidad. Con lo que queda dicho que la obra, más que leída, debe ser tolerada, aguantada. No es fácil "bancarse" a Anfruns a lo largo de doscientas páginas... Pero lo hice, y sobreviví para contarlo.

Sin embargo, confieso que la mueca de disgusto inicial que en mí provocaba esta antología, comenzó a transformarse bien pronto en una sucesión imparable de carcajadas. Y fueron esas explosiones de risa las que, como habrían dicho Gómez Barrondo y Pastrana, hicieron de mi crítica algo mucho menos benevolente. Pido al lector, entonces, que me acompañe al corazón del mundo anfrunsiano, claro que a su propio riesgo.

DE SOLAPAS, CONTRATAPAS Y PRÓLOGOS

El Anfruns de siempre, en todo su esplendor. Percy Eaglehurst, director de revista "Revelación", se entrega en la primera solapa a una prestidigitación adulatoria digna de mejores causas. Luego de resaltar el trabajo, persistencia y humildad (!) del ovnílogo, Percy advierte que "más allá de nuestras fronteras se dice que para verificar un caso ovni chileno, necesariamente se debe pasar por el apellido Anfruns, sinónimo de objetividad y estudio". Pues solicito al lector que retenga en su memoria este aserto, sobre todo a la luz de los hechos que le mostraré más adelante. Y que lleve también otra joyita, como cuando Percy resume las palabras que han iluminado el quehacer ufológico de su héroe: "sencillez y verdad". ¿Es que Percy nunca puede dejar de ser un humorista?

En la segunda solapa, perdóneme el lector, se mencionan las publicaciones (para más datos, ver "La Nave", números 2 y 12) de Anfruns, junto a los programas de televisión y radiales en que ha participado... ¡enumerándolos con el nombre del programa y del animador respectivo! Por ejemplo: "Festival de la Una", con Enrique Maluenda. Y siguen Don Francisco, el Kike Morandé, Susana Palominos... Un auténtico abuso de trivialidad.

La contratapa no tiene desperdicio. Ufólogos famosos opinan sobre el primer libro de Anfruns. Dos botones de muestra: "Considero que todo investigador serio debería tenerlo en su biblioteca para su consulta" (Virgilio Sánchez-Ocejo). O: "tu libro me encantó" (un siempre económico J. J. Benítez).

Y, para que tengamos claro el panorama, el Prólogo. Página 15: "Es hora ya que alcancemos, en la más mínima medida, la verdad encubierta por oscuros intereses que se esfuerzan en disimular los eventos más significativos del invisible control inteligente que ejercen veladamente sobre nosotros las entidades biológicas extraterrestres en nuestro medio". Bueno, basta por ahora. Dejémonos de cosas serias y que siga la diversión.

TEMIBLE OPERARIO DEL RECONTRAESPIONAJE

Bruce Anfruns, en plena acción antidelincuencialLa anécdota del asalto, frustrado por las habilidades marciales de Anfruns, va en el capítulo 1, titulado "Eso de investigar". Allí Anfruns cuenta sobre lo peligroso que es develar al mundo las visitas de los alienígenas. Al más puro estilo de Benítez, a Anfruns siempre le ocurren cosas extrañas, tales como seguimientos y coincidencias varias. Es que a los "investigadores" (una de las palabras mágicas de Anfruns) los vigilan. Recordemos, por ejemplo, que el segundo asaltante huyó después de ver "algo" por sobre la cabeza del ovnílogo. Pero éste nos muestra cómo encaja todo, siempre, en especial si le queremos atribuir significado aun a lo que no lo tiene en absoluto. Veamos lo que en esa línea consigna la página 23 (mis comentarios, como siempre, entre paréntesis): "Casualmente esa noche que venía de Radio Portales había tratado el tema de la posible existencia de seres extraterrestres en la Tierra.

En jerga policial chilena se habla de lanzas y cogoteros, puedo aventurar, que ninguno de esos dos tipos de delincuentes eran los que me asaltaron (el ovnílogo se ha convertido de pronto en criminólogo). Dado a que ese recorrido (sic) siempre lo hacía en auto, y esa noche por restricción vehicular tuve que caminar. ¿Cómo sabían ellos que esa noche tenía que caminar?" (Vaya; me imagino a los alienígenas en animado debate: "¿qué haremos para evitar que Anfruns continúe revelando el gran secreto de nuestra presencia? Tenemos que silenciarlo ¡Aprovechemos ahora, justo que tiene restricción!... Pero debemos ser precavidos, ya que es peligroso").

Anfruns es un predestinado. Hay recuerdos que evocar, como "la noche en que cuatro sujetos sacados por molde (altos y rubios) vestidos de negro, despegaron con espátulas afiches de un evento Ovni, organizado por mí en Viña del Mar. Tres computadoras que se trancaron con el último capítulo del primer libro que edité, dos "money order" (orden de pago) que llegaron a mi nombre, que nunca cobré; un vidrio de mi terraza que se rompió hacia adentro, o sea en dirección hacia el lugar en que escribo, un segundo encuentro con mis asaltantes. (...) Sólo son parte de esa acción que a todos los que estamos en 'esto' nos envuelve, me refiero: 'fuerzas que se corporizan'" (p. 24).

ANTOLOGÍA DEL DISPARATE

Veremos algunos ejemplos del método anfrunsiano. Advierto que no fui exhaustivo, así que daré una muy pálida imagen del nivel de incongruencias a que se ven sometidos los lectores.

"Un típico caso de abducción". El caso de Amelia. Otra anécdota inverificable; otro despliegue con nulo valor probatorio; claro, un caso realmente típico. Pero Anfruns la presenta con una fruición pasmosa. Aparte de un estrambótico relato de abducción, con revelaciones características de cierto esoterismo popular (admito la aparente contradicción), se consigna una experiencia que Amelia tuvo en su infancia: "Cuando era niña vi un ser en la puerta de mi dormitorio, pero era alto, peludo, los ojos rojos y me dio mucho miedo" (p. 52). Lástima que no podamos compartir el entusiasmo de Anfruns, cuya pasión se traspasa al texto: "Es necesario agregar que tuvieron que pasar veintidós años para que la señora Amelia entregara 'esta verdad' y recibirla en la forma más llana que mujer terrenal pueda entregar (sic), es un verdadero regalo". ¿Estamos ante otro émulo de Mario Moreno, bregando en nuestra ufología? No, es el mismo Anfruns, el de la página 53: "Esa aparición del otro ser a los siete años, el toque en la espalda del canosito de ojos azules arriba en la nave, piezas de un crucigrama que enlazan en un solo aspecto terrenal".

La pavorosa experiencia de Juanito (pps. 96-101). Se trata de la desaparición temporal de un niño en una olvidada localidad rural. Por supuesto, una nueva abducción para el aséptico catálogo de Mufon-Chile, cuyo lema parece ser "una anécdota, un caso"; el catálogo es tan riguroso, que no quedan fuera ni los cuentos de la vieja. Bueno, todo se explica muy económicamente como una abducción. Dos seres negros y gordos lo sacaron volando por una ventana cuyo marco era muy pequeño, según Anfruns, para que el niño saliera por él. ¡Pero no se haga problemas, don Jorge! Usted sabe que lo desmaterializaron ¡para sacarlo por la ventana! Y Juanito volando por el campo, flanqueado por dos seres negros y gordos. No quiero ser aguafiestas... pero, ¿hay algún mínimo indicio (no digo prueba) que le dé una pizca de verosimilitud a este relato? Ah, olvidé que el apellido Anfruns debiera bastarme como garantía pues, si así lo reconocen en todo el mundo -como acotaba Percy- ¿quién soy yo para expresar mis mezquinas dudas racionales?

El capítulo 13 es "Inscribiendo una evidencia". Anfruns cuenta esta dudosa y viscosa historia, acontecida en un puesto fronterizo. "En un lugar de la frontera chilena, boliviana o quizás peruana, la cual
no tengo ninguna intención de recordar", nos dice Anfruns en la p. 103, con su meticulosidad acostumbrada. "Inscribiendo", ¿"una" qué? Y sigue: "Este relato me fue proporcionado por un camionero que no desea concurrir a ninguna oficina estatal o privada para ratificar lo escuchado que proviene (sic) de un campesino andino llamado Benito". Que dicen-que escucharon-que dijeron... Que don Pepe, don Lucho y doña Alicia... ¡El libro que todo ufólogo serio debiera tener en su biblioteca! Cierto, pero como manual de lo que NO debe hacerse en ufología.

La historia de Benito refiere, en términos gruesos, un tiroteo de una patrulla fronteriza con "algo" que, obviamente, Anfruns presenta como extraterrestre. Se trató de "la refriega más particular del siglo, por un lado salían proyectiles de plomo y por el adversario se les respondía con haces lumínicos, que tenían la propiedad de atravesar los blancos y abrirlos como coliflor. Primero cayeron algunas cabalgaduras de la patrulla prácticamente reventadas de 'adentro hacia fuera', luego fueron los patrullantes uno a uno..." (p. 105).

Por supuesto, desaparecieron todos los cadáveres, quedando sólo restos de sangre. Y luego cuenta Anfruns la historia, basado en fuentes harto sospechosas, de un Grupo de Operaciones Especiales, durante la guerra de Vietnam, que sorprendió a unos extraterrestres "separando diversas partes de cadáveres humanos y metiéndolos en grandes contenedores herméticos". Después del tiroteo de rigor, los miembros de la patrulla especial fueron aislados del mundo y, en un tratamiento de narcohipnosis, se les implantó una "memoria falsa", para hacer más digerible lo ocurrido. Lo que permite que Anfruns filosofe: "Lamentablemente para los impresores de memorias esta técnica a veces falla (¡una "coma", por favor!) ya que ese viejo Ovni llamado cerebro (?) tiene sus trucos para grabar, al parecer en varias pistas, como lo hacen las mesas de edición de música. De aquí para adelante, como decía un viejo comercial radial de una aerolínea: 'hasta donde su imaginación lo lleve'". Lema que Anfruns se ha tomado literalmente, aunque no llegue más allá de los tópicos de la ciencia ficción y la escenografía hollywoodense sobre extraterrestres.

El capítulo 21 nos entrega el caso Soledad. La introducción de Anfruns (p. 156): "Después de haber logrado conversar con los mejores exponentes de la investigación ovni en Europa (...), en mi reciente visita al Viejo Mundo, sigo experimentando esa antigua sensación que he comunicado en más de cincuenta conferencias". Luego, Soledad relata sus experiencias con Ellos, a lo largo de gran parte de su vida. En su caso se trataría de una voz que, por ejemplo, le avisó que su padre estaba a punto de suicidarse; ella lo encuentra con una pistola en la mano y evita la tragedia. Soledad es azafata y además tuvo visiones extradimensionales, sin perjuicio de contemplar unos OVNIS como para cortar el aliento. En fin, no tenemos derecho para burlarnos de Soledad. Es su historia y punto.

Lo molesto es que Anfruns transforme estas subjetividades absolutas en narraciones ufológicas que vender al público, o sea, que las traspase de su grabadora a las páginas de un libro, como si de "un caso" se tratase. Pero Anfruns no se hace problemas (pps. 160-161): "Pocas veces las azafatas se suben al tema ovni, (sic) Soledad, sin embargo, se subió y bajó con gallardía. La voz que escucha la sigue acompañando y le ha dicho que vienen grandes novedades para los próximos años: avistamientos masivos de ovnis en las principales ciudades del mundo. Por otra parte, Soledad piensa que la humanidad se va a llevar una gran sorpresa en los días venideros, y la ha titulado como 'LA GRAN SORPRESA' y que sucederá este año". El libro es de 1996. Si se refería al programa televisivo de Karen Doggenweiler y Felipe Camiroaga, pues se equivocó por más de un lustro.

POR SUS DISCÍPULOS LOS CONOCERÉIS

Finalmente, el libro concluye con un trabajo de dos colaboradores de Anfruns, Manuel Aguirre y J. Andrés Rives, con el elocuente título de "Datos para comenzar a pensar". Falta que nos haría a todos. Pero bueno, este capítulo enumera tipologías de naves y ocupantes de las mismas, registrando frecuencias de avistamientos, según fechas, lugares, etc.. No lo llamo "estudio estadístico" porque siento respeto por la estadística. Más bien, se trata de un cúmulo de datos que no han recibido ningún filtro, ninguna depuración. Las mismas anécdotas del resto del libro, pero dotadas de un encanto más cuantificable, lo que le da un cierto aire de cientificidad: "dígalo con números". Nadie podría jamás usar esas "estadísticas" para un estudio serio sobre los OVNIS.

Mención aparte merece la "tipología de entidades", tan disparatada como lo exige el tema. El encabezado es de antología: "los seres que se ven dentro o fuera e incluso, sin presencia de OVNIs, poseen una gama muy variada de tipologías" (p. 174). Lo que no entiendo es cómo una entidad extraña, sin presencia de OVNIS, puede ser asociada al fenómeno OVNI. Oh, me olvidé de la "asociación deducida". Los tipos propuestos por Aguirre y Rives son, a saber: 1) humano, 2) macrocéfalo, 3) animal, 4) escafandra, 5) robot, 6) ameba, 7) holograma. Es curioso que las definiciones de los autores pueden servir para variados propósitos. Por ejemplo, la de "humano", para solventar nuestra lógica: "posee características físicas humanas, sería difícil distinguirlo de un humano común y corriente"; la de "macrocéfalo", para insultar a un enemigo: "son seres calvos, cuerpos delgadísimos y por lo general poseen un cráneo muy abultado con respecto a su cuerpo"; la de "animal", multiuso: "son seres con características de animales, algunos de ellos poseen pelo en todo su cuerpo y son muy agresivos; otros son alados y con rasgos reptiloides". Hay otras definiciones, tanto o más divertidas.

En fin, amebas, hologramas, escafandras, animales, etc.. Esto me recuerda un libro de Michel Foucault, Las palabras y las cosas (México, Ed. Siglo XXI), en cuyo Prólogo se evoca un texto de Jorge Luis Borges, refiriéndose a "cierta enciclopedia china donde está escrito que 'los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas".

Pero tranquilos, muchachos. No le han ganado al maestro, lo que es un comentario elogioso para ustedes.

RESUMIENDO

Como dijimos, es éste un libro lamentable, donde Anfruns muestra todas sus falencias como investigador y escritor. Un libro en que se auto-cita varias veces y en que se traga todo lo que le cuentan, lo más absurdo, lo más insostenible, lo más aberrante. Como fiel discípulo de Benítez que es, le basta sólo con transcribir testimonio tras testimonio, delirio tras delirio y todo ello sin ningún comentario crítico. Ahora bien, si alguna lección nos deja esta obra, si algo positivo podemos extraer de su lectura, es que el mundo anfrunsiano queda inmejorablemente retratado, en toda su paranoia, incultura y egocentrismo. Por cierto, es el tipo de ufología y comportamiento ufológico que La Nave nació expresamente para criticar y combatir. Y es que no encontramos algo que resulte más antitético a nuestro navío que este libro.

En la página 166, Anfruns dice: "Me gusta ser ovnílogo pero no ingenuílogo". Quiso decir que no le gustaba ser ingenuo. Pero, con la palabra "ingenuílogo", terminó diciendo que no quería ser "estudioso de los ingenuos". El resto es más o menos lo mismo.

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