Nuestro
actual paisaje mediático es deprimente. Programas televisivos en que
campean la estulticia y la incultura, el ruido incesante y las risas
pavlovianas, sin olvidarnos de los movimientos y melodías de moda, cada
vez más elementales, cada vez más invasivos.
Somos
bombardeados con bailes mínimos, a medias entre lo erótico y lo infantil,
y canciones cuyas letras lindan incluso con la oligofrenia. Además,
una parte nada desdeñable de la prensa escrita supone que debiera desvelarnos
la vida de "los famosos": qué hacen, qué comen, qué opinan, con quién
copulan... Y por la radio, una serie de conversadores (claro, hay excepciones)
nos sumen de lleno en todos los resentimientos y lugares comunes patrios,
con torturante empeño.
Pero
el irracionalismo tiene muchas variantes, tales como mesiánicos comentaristas
que exudan intolerancia y odian todo lo que no comprenden (que es muchísimo);
o cruzados morales que viven más obsesionados con el sexo que cualquier
pornógrafo; o insufribles chauvinistas, que nos enrostran su barbarie
demagógica, patriotera y sub-intelectual. Todos ellos, por supuesto,
muy virtuosos y pletóricos de "valores" (y no me refiero sólo a la Bolsa
de Valores).
No
se piense que esto nada tiene que ver con La Nave. Por el contrario,
algunos de los medios entregados a "defender la moral cristiana" (defensa
que amenizan contradictoriamente con las más maratónicas exhibiciones
de culos y tetas que conozca la historia de nuestra televisión) son
los principales sustentadores de ese ruido ensordecedor que impide la
crítica racional, esto es, la que está más allá de emocionalismos espurios
y injustificables. Por eso, La Nave se mantiene a prudente distancia
de tamaño circo. Erramos por el horizonte, ya casi sin aterrizar, buscando
el silencio que precede a toda reflexión seria.
Esta
marea de estupidización colectiva, obviamente, supera los afanes ufológicos.
Peores irracionalismos se tejen ya para consumo masivo. Al menos los
platillos volantes permiten soñar con otros mundos. Frente a las manipulaciones
venideras... son preferibles hasta las "Alerta-OVNIS".
Así
que esta Nave, contrariamente a lo que piensan sus detractores, también
mira a las estrellas, esas incandescentes esferas de gas y luz, que
fascinan a todos, creyentes y escépticos por igual. Ante el imperio
de la zarandaja, no perdamos la fascinación por las noches eternas del
cielo profundo.
Los
directores