Hace
poco más de una década, en Bélgica, comenzaron a ser vistos unos extraños
aparatos aéreos. Tenían forma triangular, realizaban maniobras absolutamente
inusuales y fueron profusamente fotografiados. Los testimonios se acumularon
y tuvieron con el alma en un hilo a todos los ufólogos europeos. Parecía
ser el cúmulo de casos más verosímil de la historia de la ufología,
la confirmación definitiva y largamente esperada de la existencia del
fenómeno OVNI, en cuanto algo desconocido y de origen extrahumano.
Con
el tiempo el debate se polarizó. La SOBEPS, entidad ovnística belga
que dirigió el grueso de las investigaciones, se decantó por un veredicto
favorable a la hipótesis "no terrestre". Los escépticos, especialmente
los franceses de la línea psico-social, criticaron a la SOBEPS, reprochándole
apresuramiento y lenidad en la evaluación de los casos. Sin embargo,
tanto la SOBEPS como sus detractores estaban de acuerdo en un insólito
punto: indiscutiblemente, una o más naves atípicas habían provocado
la oleada o, al menos, una parte de ella. No fenómenos atmosféricos
o delirios colectivos: ¡naves! Pero, ¿qué clase de naves?
Desde
entonces, el interés por la espectacular oleada belga fue decreciendo.
Los escépticos aceptaron la explicación de que todo había sido causado
por prototipos militares estadounidenses, más una cuota clave de "mitopoyesis
ufológica" (por usar una expresión de Stefania Genovese). Sin embargo,
algo extraño ocurrió en el año 2000. Bertrand Méheust, el respetado
antropólogo y sociólogo francés, figura simbólica de la "hipótesis psico-social"
y neo-escéptico de fuste, volvía a poner candente el debate, al afirmar
que la oleada permanecía inexplicada y que los descreídos franceses
(Maugé, Pinvidic) y belgas (Scornaux, Van Utrecht) habían actuado con
apresuramiento y reduccionismo facilista. Para Méheust, en suma, ninguno
de sus colegas de la HPS había conseguido despachar la gran "anomalía
belga" ni algunos resultados perturbadores publicados por la SOBEPS.
Es de imaginarse el revuelo que causaron estas afirmaciones, sobre todo
por los pergaminos intelectuales de quien las emitió.
En
este número de La Nave queremos dar cuenta de este debate. Para ello,
hemos seleccionado un trabajo que sostiene el origen extraterrestre
de la oleada, debido a un físico de Lovaina, el Dr. Auguste Meessen;
incluimos también un interesante texto del lúcido Wim van Utrecht, en
que expone su postura escéptica. Y, para rematar, un análisis del agnosticismo
de un científico social perplejo, el ya mentado Méheust. Esperamos que
este nuevo dossier guste al paladar de nuestros lectores. Y ya, retrocedamos
en la máquina del tiempo. Estamos en Bélgica, hace más o menos unos
doce años... Es el turbulento otoño europeo de 1989.