Desde
hace ya demasiado tiempo que nos llegan malas noticias desde Argentina.
Los motivos parecen ser bien conocidos, y los culpables, más
aún. Pero lo cierto es que una crisis socio-económica
sin precedentes azota al país hermano. Y, para peor, las voces
solapadas que deslegitiman el sistema político democrático...
comienzan su letanía militarista: la "corrupción
de la clase política".
Sí,
es verdad, esa corrupción es vergonzosa. Pero hay quienes deliberadamente
ignoran que la peor corrupción posible es la tortura, el asesinato,
la desaparición forzada de personas. No hay desfalco que se iguale
a la picana eléctrica sobre seres humanos indefensos. Un gobierno
corrupto roba. Un gobierno gangsteril... roba y asesina. Ésa
es la diferencia, precisa, entre el quilombo actual y el de la segunda
mitad de los setenta. Ésa es la diferencia que no podemos olvidar,
nosotros, los que admiramos la Argentina de Sábato, de Santos
Discépolo, de Beatriz Sarlo, de Sebreli, de Zaffaroni. Que somos
los mismos que deploramos la de Massera, Videla, López Rega y
Aldo Rico.
Muchos
encontrarán objetable este nuevo dossier, dadas las actuales
condiciones de la nación trasandina. Pues para algunos, hablar
de ufología argentina por estos días puede lindar casi
con la falta de respeto. Por nuestra parte, no lo vemos así.
Si hay un país latinoamericano en que la ufología ha tenido
un desarrollo extraordinario, ése es Argentina.
Sólo
un poco menos influyente que la española, la ufología
argentina -para bien y para mal- ha marcado notablemente (más
allá de lo que estén dispuestas a admitir) a sus similares
de Chile, México, Perú, Colombia, etcétera. Libros
como los de Vogt, Banchs, Uriondo, Zerpa y otros, han fortalecido muchas
vocaciones investigadoras, tanto en sus orientaciones cientificistas
como en las que están endeudadas con la racionalidad y el sentido
crítico. Revistas como Cuarta Dimensión y UFO Press (tan
disímiles en su rigurosidad) ganaron lectores en casi todo el
mundo de habla hispana, fijando pautas y guiando las discusiones.
Era
necesario, entonces, hacer algo de historia con la ufología argentina.
Es que aún en crisis un país tiene el derecho a hacer
un recuento de los sueños y misterios que le son más caros.
Y, aunque parezca exagerado, en la ufología hay una parte -pequeña
pero no desdeñable- de la historia social trasandina. Como lo
mostró admirablemente Ignacio Cabria en el caso español,
en todas partes pasa lo mismo, claro que con variaciones particulares.
Así que, con entusiasmo y ya sin culpas, presentamos nuestro
nuevo especial. Era lo más justo.
Los
directores