"Las
putillas brincarán, los enanos y jorobados distraerán
la atención,
y los payasos romperán con sus bufonadas el ritmo del conjunto".
Charles Fort
La criptozoología, entendida como el estudio de los "animales
ocultos, que pueden o no existir", se ha nutrido de una importante
cantidad de material legendario. Desde Heuvelmans a Keel, los criptozoólogos
han conseguido reunir un cúmulo nada desdeñable de narraciones
insólitas, algunas rebosantes de poesía y misterio.
Pero, ¿qué podemos hacer con ellas? Innumerables partidas
de exploradores han "peinado" los bosques de Norteamérica
sin obtener evidencias materiales de "Pie Grande". No pocas
expediciones científicas (y de las otras) han surcado las aguas
del Lago Ness, esperando que un mítico plesiosaurio pueda, por
fin, ser fotografiado, medido, grabado y, quizás, capturado.
Pero nada. Hemos tenido que conformarnos, siempre, con fotografías
dudosas (o abiertamente falsas) y con una plétora de relatos
más o menos creíbles o fantasiosos (¿no nos suena
familiar todo esto?).
Ahora bien, la criptozoología ha mostrado
que muchas historias, tenidas por estrambóticas, poseían
alguna base real. Y es que aun en nuestros días siguen descubriéndose
nuevas especies de animales. Pero lo cierto es que no estamos acá
para hablar del okapí, del celacanto o calamares más gigantes
de lo habitual. Lo que nos interesa y fascina, en realidad, son las
creaturas improbables, de aspecto fantástico y, en ocasiones,
de grandes y peligrosos poderes. ¿Quién no se ha preguntado,
alguna vez, por la existencia mítica de los dragones? ¿Por
qué son tan universales en la imaginación humana? Alguien
sugirió que provenían de sueños generados en la
"sección reptiliana" de nuestro cerebro...
Cuando
era niño, mi padre me contó la historia del Yeti, el "abominable
hombre de las nieves". El tema se convirtió, al menos por
un tiempo, en una verdadera obsesión para mí. Una especie
de ser humano, primigenio y terrible, sobreviviendo en las heladas estribaciones
de los Himalayas, era el catalizador adecuado para las más bizarras
fantasías.
¿Le descubrirán "oficialmente" alguna vez? Estoy
seguro de que mi estado de ánimo no tenía nada de original.
En efecto, muchos deben haber sentido esa fascinación por la
asombrosa perspectiva de que monstruos, grifos, serpientes marinas y
hasta dinosaurios puedan estar presentes en nuestro planeta, ocultos,
resistiéndose al avance humano, sobreviviendo en las montañas
más altas y escarpadas, en las islas más inaccesibles,
en los páramos más olvidados.
Y es que la criptozoología nos ayuda, en alguna medida, a soportar
la prepotencia humana en su constante fisgonear por cada rincón
del planeta. Los esfuerzos titánicos de tantos exploradores del
pasado, hoy se vuelven triviales frente al turismo contemporáneo.
Todos nos hemos ido convirtiendo en turistas, sea de "cuerpo presente"
o con las ancas bien puestas en nuestros mullidísimos sillones,
mientras vemos la televisión.
Pero la criptozoología nos sugiere que, en nuestro propio mundo,
todavía quedan lugares ignotos, albergando exóticas creaturas.
Es una especie de más allá terrestre. Por eso simpatizamos
inconscientemente con las noticias de pterodáctilos en África,
hombres-mono en la pluviselva sudamericana o serpientes marinas en el
Mar de los Sargazos. Nuestra nueva sección, dedicada a los animales
escondidos, será consecuente con esta intuición básica.