Quizás
el principal problema de la ufología no radica en sus supuestos
misterios ni en las eternas dudas que postula a quienes nos ocupamos
del asunto, sino más bien en las respuestas que surgen de cada
persona en torno al tema que tanto nos atrae.
Así
es como algunos se mimetizan a tal nivel con todo este embrollo, que
son indisociables de él; no salen del monotemático discurso
y hacen que sus vidas giren en torno a algo que, además de ser
un entretenido hobby, carece de incidencia en los quehaceres mundanos
de la inmensa mayoría de la población.
Empaparse
excesivamente de OVNIS, casos, platos y temas que son, digámoslo
abiertamente, intrascendentes, puede resultar nefasto. Una buena cura
es la que pretendemos, de forma humilde, entregar en esta Nave: poner
ciertas dosis de humor en la entrega de la información, como
una manera de darle una perspectiva distinta a los temas que otros abordan
con tanta seriedad, que es lícito cuestionarse por la integridad
de sus pensamientos.
Como sea,
en este número seguiremos adelante con la ufología argentina,
esta vez entrevistando a Diego Viegas, un pilar del desaparecido CIFO
de Rosario, y rescatando de los papeles amarillos un artículo
de Guillermo Roncoroni sobre la visita de Jacques Vallée a Buenos
Aires, a comienzos de los ochenta.
Como sorpresa
para nuestros amables y fieles lectores, comenzamos una entrega única:
nos referimos al libro de Milton Hourcade, "Elementos de Ovnilogía",
hoy difícilmente rescatable de alguna librería de viejo,
y que contiene material que de seguro hará las delicias de los
fanáticos chilenos.
El escéptico
mexicano Luis Ruiz Noguez nos vuelve a golpear con su habitual fuerza
argumentativa, entregando todos los antecedentes necesarios para entender
por qué a Benítez se lo tacha de plagiador.
La
Nave de los Locos sigue su vuelo imperturbable por los mares etéreos
de la racionalidad. Y no nos pregunten por los extraterrestres que son
abandonados por sus pares. Para tonterías, nos bastan las habituales
de cada día.
Los
directores