La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 19
Libros ¡ATENCIÓN TIERRA! ¡LLEGAN
LOS DISCOS VOLADORES!
DIEGO ZÚÑIGA
(CHILE) - 2002

Portada del libro de Marcelo Cal¡Atención Tierra!: ¡Llegan los discos voladores! / Marcelo Cal
Gráfica Argentina / Buenos Aires (Argentina) / 1977 / 123 páginas

La portada de este libro es bastante clara: "Prólogo de Pedro Romaniuk". La advertencia nos obliga a abordar la lectura de "Atención Tierra" con cierta reticencia, tomando los respectivos resguardos a la más que probable oleada de historias extrañas y fantásticas que, de seguro, inundarán sus páginas.

En estos casos, no es necesario tener dotes de clarividente para adelantarse a los hechos. El texto de Marcelo Cal es presentado como verídico, pero no tiene sustento real alguno. Entenderíamos que fuera una mala novela corta, y lo dejaríamos pasar. Pero la presentación de los editores señala de forma evidente que estamos frente al "relato completo del apagón de 12,01 hs. del día 9 de Noviembre de 1965, en Nueva York, el que nos demuestra la intensidad del 'Poder' que dominan las 'Inteligencias" Extraterrestres'".

Pero sin dudas nos hallamos ante una versión muuuuy libre de tal apagón, atribuido por las versiones oficiosas a los OVNIS, y explicada convencionalmente como consecuencia de diversos fallos en las líneas de transmisión. Con una redacción espantosa, se nos presentan las historias de avistamientos y la reacción histérica de una ciudad que queda aislada del resto de su país y del mundo por obra y gracia de los extraterrestres (o al menos eso nos insinúan). Tras saborear las primeras páginas, tenemos bastante claro que nos hallamos ante una mala historia de ficción… Pero, ¿acaso no es así toda la ufología?

A lo largo del libro se habla del "Gobierno", como ya es tradición en la ufología y sus exageradas tesis conspiracionistas (nunca aclaran a qué Gobierno se refieren). La historia de Marcelo Cal comienza con un extraño ruido que atemoriza a la ciudad -que nunca es explicitada como Nueva York, aunque nos queda bastante claro-, que posteriormente queda sin luz. Cunde la desesperación entre los habitantes de la urbe, que comienzan a saquear negocios y a comportarse como se supone actuaría una población atemorizada.

El "Gobierno" se haya desguarecido ante la falta de electricidad y las primeras muestras de desobediencia militar, cuyos efectivos se muestran incapaces de controlar el caos. Entonces el "Gobierno" opta por dar curso al uso de la energía nuclear… ¿Qué para qué? Qué importa. Era necesario mencionarla en el curso del relato. Ya a estas alturas el apagón tenía, para el autor del libro, un origen extraterrestre.

La falta de energía eléctrica, así como la inutilidad de muchos artefactos supuestamente infalibles a la hora de enfrentarse ante situaciones de emergencia, lleva a la gente, tratada por el autor como "fantasiosa e imaginativa, común y de mente corta" (pág. 43) a hablar del tema y a cuestionarse las explicaciones, "confusas y escuetas", del "Gobierno".

La historia, que en sí ya es muy absurda, se diluye aún más cuando aparece David Tier, un "novelista" que recibe los mensajes extraterrestres y los divulga. Para ello cita, por medio de notas insertas en diarios y revistas, a todos quienes deseen escucharlo. El "Gobierno" trata de censurarlo (como siempre en estos casos), pero le es imposible. Tras esto, que nadie se sorprenda ante el desatado delirium de Marcelo Cal: los alienígenas son capaces de destruir y reconstruir todo con unos rayos, pueden desfigurar la materia, hacer que los diarios muten en pequeños televisores, hacer funcionar aparatos aunque no haya electricidad, etc.

Por supuesto, hacían todo esto en son de paz y como una forma de aleccionar a los terrícolas de la inmensa sabiduría ET, que empequeñece la soberbia humana. Cuando estos alienígenas se presentaron ante el público, todos pudieron descubrir que eran casi iguales a nosotros, salvo por sus ojos de color verde radiante y sus rostros ovalados. Y, como impone la vieja tradición contactista, los aliens hablaban -casualmente- nuestro mismo idioma.

Luego, la historia redunda en dislates varios y termina cuando las "tropas de ocupación" (enviadas por otros Gobiernos cuando notaron que la ciudad estaba extrañamente aislada) descubren que nadie recuerda nada de lo acontecido.

Insisto: La historia es malísima; el libro, horrible. Y lo más molesto de todo es que, si bien se nota a años luz que es un cuento basado en los acontecimientos de noviembre de 1965, nos han pretendido hacer creer que es la versión definitiva del apagón de Nueva York.

Para Romaniuk, Cal es "otro nuevo escritor que intenta transmitir (...) la 'Gran Verdad' de los Discos Voladores". Pero Romaniuk da por reales los hechos más inverosímiles, por lo que no es de extrañar que se embarcara en la edición de este libro. El autor, Marcelo Cal (posiblemente un pseudónimo) agradece efusivamente las gestiones de Romaniuk para ver publicada la obra. Más nos hubiera valido que Romaniuk se quedara en casita sin mover un dedo por lanzar tales textos.

Ni qué decir. Un libro malísimo, que no refleja fielmente la calidad del buen trabajo ufológico trasandino, pero que sí da una buena muestra de esos otros ufólogos, los más crédulos e iletrados, que tanto allá como acá, abundan y son igualmente peligrosos para el desarrollo de una ufología más crítica. Hay gente que dice que todos los libros dejan algo; yo me quedo con la sensación de que éste se ha dejado algo mío.

Antes de finalizar, quiero decirles que no sabía cómo abordar el tratamiento de este libro. Es que, sinceramente, no había mucho que extraerle y es difícil comentar un trabajo con el que uno tiene la sensación de haber perdido miserablemente su tiempo.

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