¡Atención
Tierra!: ¡Llegan los discos voladores!
/ Marcelo Cal
Gráfica Argentina / Buenos Aires (Argentina) / 1977 / 123 páginas
La
portada de este libro es bastante clara: "Prólogo de Pedro
Romaniuk". La advertencia nos obliga a abordar la lectura de "Atención
Tierra" con cierta reticencia, tomando los respectivos resguardos
a la más que probable oleada de historias extrañas y fantásticas
que, de seguro, inundarán sus páginas.
En
estos casos, no es necesario tener dotes de clarividente para adelantarse
a los hechos. El texto de Marcelo Cal es presentado como verídico,
pero no tiene sustento real alguno. Entenderíamos que fuera una
mala novela corta, y lo dejaríamos pasar. Pero la presentación
de los editores señala de forma evidente que estamos frente al
"relato completo del apagón de 12,01 hs. del día
9 de Noviembre de 1965, en Nueva York, el que nos demuestra la intensidad
del 'Poder' que dominan las 'Inteligencias" Extraterrestres'".
Pero
sin dudas nos hallamos ante una versión muuuuy libre de tal apagón,
atribuido por las versiones oficiosas a los OVNIS, y explicada convencionalmente
como consecuencia de diversos fallos en las líneas de transmisión.
Con una redacción espantosa, se nos presentan las historias de
avistamientos y la reacción histérica de una ciudad que
queda aislada del resto de su país y del mundo por obra y gracia
de los extraterrestres (o al menos eso nos insinúan). Tras saborear
las primeras páginas, tenemos bastante claro que nos hallamos
ante una mala historia de ficción… Pero, ¿acaso
no es así toda la ufología?
A
lo largo del libro se habla del "Gobierno", como ya es tradición
en la ufología y sus exageradas tesis conspiracionistas (nunca
aclaran a qué Gobierno se refieren). La historia de Marcelo Cal
comienza con un extraño ruido que atemoriza a la ciudad -que
nunca es explicitada como Nueva York, aunque nos queda bastante claro-,
que posteriormente queda sin luz. Cunde la desesperación entre
los habitantes de la urbe, que comienzan a saquear negocios y a comportarse
como se supone actuaría una población atemorizada.
El
"Gobierno" se haya desguarecido ante la falta de electricidad
y las primeras muestras de desobediencia militar, cuyos efectivos se
muestran incapaces de controlar el caos. Entonces el "Gobierno"
opta por dar curso al uso de la energía nuclear… ¿Qué
para qué? Qué importa. Era necesario mencionarla en el
curso del relato. Ya a estas alturas el apagón tenía,
para el autor del libro, un origen extraterrestre.
La
falta de energía eléctrica, así como la inutilidad
de muchos artefactos supuestamente infalibles a la hora de enfrentarse
ante situaciones de emergencia, lleva a la gente, tratada por el autor
como "fantasiosa e imaginativa, común y de mente corta"
(pág. 43) a hablar del tema y a cuestionarse las explicaciones,
"confusas y escuetas", del "Gobierno".
La
historia, que en sí ya es muy absurda, se diluye aún más
cuando aparece David Tier, un "novelista" que recibe los mensajes
extraterrestres y los divulga. Para ello cita, por medio de notas insertas
en diarios y revistas, a todos quienes deseen escucharlo. El "Gobierno"
trata de censurarlo (como siempre en estos casos), pero le es imposible.
Tras esto, que nadie se sorprenda ante el desatado delirium de Marcelo
Cal: los alienígenas son capaces de destruir y reconstruir todo
con unos rayos, pueden desfigurar la materia, hacer que los diarios
muten en pequeños televisores, hacer funcionar aparatos aunque
no haya electricidad, etc.
Por
supuesto, hacían todo esto en son de paz y como una forma de
aleccionar a los terrícolas de la inmensa sabiduría ET,
que empequeñece la soberbia humana. Cuando estos alienígenas
se presentaron ante el público, todos pudieron descubrir que
eran casi iguales a nosotros, salvo por sus ojos de color verde radiante
y sus rostros ovalados. Y, como impone la vieja tradición contactista,
los aliens hablaban -casualmente- nuestro mismo idioma.
Luego,
la historia redunda en dislates varios y termina cuando las "tropas
de ocupación" (enviadas por otros Gobiernos cuando notaron
que la ciudad estaba extrañamente aislada) descubren que nadie
recuerda nada de lo acontecido.
Insisto:
La historia es malísima; el libro, horrible. Y lo más
molesto de todo es que, si bien se nota a años luz que es un
cuento basado en los acontecimientos de noviembre de 1965, nos han pretendido
hacer creer que es la versión definitiva del apagón de
Nueva York.
Para
Romaniuk, Cal es "otro nuevo escritor que intenta transmitir (...)
la 'Gran Verdad' de los Discos Voladores". Pero Romaniuk da por
reales los hechos más inverosímiles, por lo que no es
de extrañar que se embarcara en la edición de este libro.
El autor, Marcelo Cal (posiblemente un pseudónimo) agradece efusivamente
las gestiones de Romaniuk para ver publicada la obra. Más nos
hubiera valido que Romaniuk se quedara en casita sin mover un dedo por
lanzar tales textos.
Ni
qué decir. Un libro malísimo, que no refleja fielmente
la calidad del buen trabajo ufológico trasandino, pero que sí
da una buena muestra de esos otros ufólogos, los más crédulos
e iletrados, que tanto allá como acá, abundan y son igualmente
peligrosos para el desarrollo de una ufología más crítica.
Hay gente que dice que todos los libros dejan algo; yo me quedo con
la sensación de que éste se ha dejado algo mío.
Antes
de finalizar, quiero decirles que no sabía cómo abordar
el tratamiento de este libro. Es que, sinceramente, no había
mucho que extraerle y es difícil comentar un trabajo con el que
uno tiene la sensación de haber perdido miserablemente su tiempo.