| En
1977, siendo todavía un niño, tuve la oportunidad de visitar Isla de Pascua
("el ombligo del mundo"), en compañía de mis padres. Mi nivel de entusiasmo
era altísimo, ya que siempre tuve fascinación por los misterios de la
Antigüedad; pero me movía algo más: dos semanas antes había visto la película
Recuerdos del futuro, basada en el libro del mismo nombre, cuyo autor
era el famoso hotelero suizo Erich von Däniken.
Por esa época yo creía firmemente en la hipótesis de los antiguos astronautas;
en todo lo que veía, sobre todo en los moais, me parecía detectar la impronta
de los extraterrestres. Es de imaginarse a un pequeño de 11 años, apasionado
por los misterios arqueológicos y metido recién en el universo del dänikenismo.
Era capaz de oler -al borde del volcán Rano-Kau- a los alienígenas del
pasado remoto y sus prodigiosas astronaves, aterrorizando a los desprevenidos
polinesios. Naturalmente, pensé, les habrán considerado dioses.
En
esa isla de hieráticos gigantes de piedra, de tolomiros, de petroglifos,
de leyendas de aku-aku y "orejas largas", de tablillas parlantes, en esa
isla, digo, es difícil no sentirse tentado por las explicaciones fantásticas...
Los moais. ¿Cómo pudieron los nativos pulir la roca con esa maestría?
¿Cómo pudieron transportarlas a los lugares de destino? ¿Cómo, en fin,
lograron erguirlas, dejándolas ahí, tan paradas, con sus semi-sonrisas
irónicas ante los esfuerzos de los arqueólogos?
Si
hay algo que salta a la vista en Isla de Pascua es la ausencia de árboles.
Resulta evidente que el terreno ha sido depredado hasta el paroxismo.
De hecho, investigaciones posteriores han demostrado que se produjo allí
una crisis ecológica de proporciones. De aquel desastre son responsables
los propios nativos, quienes debieron pasar tiempos durísimos de terror
y hambruna. Todo, a 3.200 kilómetros al oeste de las costas de
Sudamérica y a 2.000 kilómetros al sudeste de la isla habitada
más cercana. Antaño, entonces, existían suficientes árboles como para
transportar los gigantescos megalitos, hipótesis que desde von Däniken
siempre ha sido estigmatizada como absurda...
No
cabe ninguna duda de que el esfuerzo humano -esa variable tan subestimada
por los astroarqueólogos en sus escritos- desplegado en la talla y transporte
de los moais fue titánico. De hecho, los moais alcanzan aproximadamente
el millar, diseminados por toda la isla, y fueron tallados en roca volcánica.
Ahora bien, ¿es necesaria la hipótesis extraterrestre para aclarar el
enigma de su transporte y erección? Es aquí donde, a mi juicio, debe imponerse
un orden de prelación en las especulaciones, comenzando por las más pedestres
y terrestres, dejando para el final las más estrambóticas, como las de
tipo alienígena o atlante; estas últimas, en cambio, requieren hipotetizar
soluciones más complicadas aún, digamos que ad infinitum.
Los
arqueólogos, esos pigmeos mentales según los teóricos de la astroarqueología,
han descubierto lo siguiente:
1-
Las canteras con las estatuas total o parcialmente talladas.
2- Junto a ellas, los instrumentos -rudimentarios, pero eficaces- para
tallarlas.
3- Las rutas por las que fueron transportadas las estatuas, lo que no
es poco.
4- Estatuas "accidentadas" en la ruta de transporte. (No faltará el que
diga que se les cayeron a los platillos volantes que las transportaban
por los aires).
Posteriormente, se han hecho diversos experimentos con
el objeto de trasladar y erguir moais. Exitosos, la inmensa mayoría; y
se han realizado con instrumentos rudimentarios, como maderas, sogas y
hachas de piedra volcánica; también por los propios isleños, no sólo por
perspicaces europeos. No ha sido fácil, por cierto, pero no estamos frente
a hazañas tan imposibles... que requieran la comparecencia de seres del
espacio exterior.
Por
consiguiente, si bien la Isla de Pascua contiene muchos elementos enigmáticos,
el tallado y transporte de los moias -por espectaculares faenas que fuesen-
estaban dentro de las posibilidades intelectuales, materiales y económicas
de los antiguos pascuenses. Por lo que no es necesario recurrir a dioses
extraterrestres para explicarlos... Mas, si fueron realmente los extraterrestres
y von Däniken ha acertado, habría que llegar a esa conclusión descartando
las hipótesis menos espectaculares pero más plausibles. Y nada, desde
el punto de vista de los prosaicos hechos, nos autoriza hoy para un salto
especulativo semejante.
Bibliografía
-Erich von Däniken: Recuerdos del futuro, Plaza y Janés, Barcelona, 1972.
-Kenneth L. Feder: Fraudes, mitos y misterios, Editorial Atlántida, Buenos
Aires, 1991.
-Thor Heyerdal: El viaje de la Kon-Tiki, Nascimento, Santiago, 1970.
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