La
tragedia del Columbia impactó a medio mundo a través de
las pantallas de televisión. Las muertes, la desintegración,
las llamaradas. Se dijeron muchas cosas, como que el suceso era el resultado
infausto de recortes presupuestarios.
Pero
no podía faltar la flor del prado... la de supuestos OVNIS involucrados
en el asunto. Uno de nuestros ufólogos "de recambio",
que se hace pasar por escéptico y cientificista, se ha convertido
en el portavoz principal del disparate, sin un asomo de vergüenza.
Ojalá que en la "guerra de Bush" no crean ver platos
voladores sobre los centros urbanos bombardeados.
Precisamente,
son estas actuaciones las que nos mueven a seguir con La Nave, en una
fatigosa tarea de crítica necesaria e ilustración pública,
que sólo trae dividendos anímicos e intelectuales. Pero,
para los que no vivimos de la credulidad e incultura ajena... eso es
suficiente.
Y,
en tal tesitura, nos enorgullecemos de presentar a ustedes nuestra nueva
edición doble, con un dossier sobre la ecuación "OVNIs
y folklore", en su primera parte. Distinguidas plumas extranjeras
nos mostrarán hasta qué punto la ufología es deudora
de ancestrales mitos que vuelven hoy, bajo una envoltura tecnológica.
Así
que, para solaz de nuestros fieles lectores (y desagrado de nuestros
adversarios), estamos aquí, de nuevo, listos para celebrar un
tercer año de existencia. Tres años de esforzada y satisfactoria
andadura. Tres años no exentos de polémica. Es lo único
que podemos brindar -aparte de la honradez periodística- a quienes
se han tomado la molestia de seguirnos: una alternativa, una óptica
diferenciada del clamor horrísono de la mayoría de los
medios, en su implacable manufactura del hombre-masa.
Los
directores