"Se
les atribuye la creación de los círculos verde brillante,
llamados elf-dans, que a veces se ven en los prados. Incluso hoy en
día, cuando un campesino danés descubre uno de estos círculos
al amanecer, dice que allí han ido los elfos a bailar durante
la noche."
Leroux
de Lincy, Livres de légendes
"¿Es
cierto, como se ha repetido tantas veces, que los antiguos dioses se
eliminaron ellos mismos, aburridos, cansados de vivir? ¿Es verdad
que, descorazonados, hayan dado su dimisión? ¿Es cierto
que al cristianismo le bastó con soplar sobre estas vanas sombras?
(...) Estos dioses alojados en el corazón de los robles, en las
aguas movedizas y profundas, no podían ser expulsados."
Jules
Michelet, La Sorciére
¿Qué
caracteriza a la ufología mediática, de corte sensacionalista,
sino su elocuente falta de auto-conciencia? Si uno escucha a Benítez,
a Maussán, a Hopkins, y a sus múltiples colegas e imitadores,
se queda con una imagen desconcertante de lo que ocurre alrededor: los
platillos voladores entran y salen de nuestra atmósfera, mientras
que sus tripulantes secuestran gente, se entretienen con sus genitales,
y hasta piensan seriamente -por qué no- en crear una "raza
híbrida", mitad humana, mitad alienígena.
Lo
que más llama la atención de este cuadro grotesco no es
sólo que la frenética actividad de tantos extraterrestres
no deje ninguna huella confiable; lo que de verdad sorprende es que
la mayoría de los ufólogos y su clientela no vean que
la panoplia ovnística, que presentan como creíble, es
absolutamente deudora de ancestrales creencias humanas. La complejización
creciente de los escenarios ufológicos (desde la luz misteriosa
en el cielo hasta los "visitantes de dormitorio") nos muestra,
más que los pormenores de una visitación alienígena,
las primicias de un folklore
que se despliega en plena era tecnotrónica. Pero desde hace décadas
los elementos arcaicos y recónditos involucrados en la fenomenología
OVNI están llamando la atención de los investigadores
más lúcidos.
Pasaporte
a Magonia (Plaza y Janés, Barcelona, 1972), una obra de Jacques
Vallée publicada inicialmente en 1969, fue un verdadero hito
en la comprensión global de la fenomenología OVNI. Muchos
de los críticos racionalistas de Vallée han sido injustos
con el valor intrínseco de este libro. Los ufólogos cientificistas
de los setenta, por ejemplo, como aún estaban clavados en la
inviabilidad de la "hipótesis ET", protestaron por
la arriesgada maniobra, y evocaron con nostalgia los dos primeros libros
del escritor galo, tenidos por rigurosos.
Nunca
comprendieron que, con todos sus yerros, Pasaporte era no sólo
el mejor libro de Vallée sino, en el contexto global de la ufología,
un punto de inflexión insoslayable. El mérito de Vallée
consiste en haber sido el primero en dudar de la envoltura "extraterrestre"
del fenómeno OVNI, destacando sus similitudes y paralelismos
con la creencia en las hadas y otros seres fantásticos. El debate
sobre la realidad o inexistencia de los famosos platillos se tornaba,
si no irrelevante, al menos no esencial. El tema OVNI podía ser
interpretado como un conjunto, bajo el escrutinio de la perspectiva
histórica, permitiendo superar la apremiante polémica
inmediata.
¿Cuál
es el postulado básico de Vallée en su polémico
libro? Pues éste: "la creencia moderna y mundial en los
platillos volantes y sus ocupantes es idéntica a una creencia
más antigua en las hadas. Los seres descritos como pilotos de
las naves no pueden distinguirse de los elfos, silfos y lutins de la
Edad Media. A través de las observaciones de objetos no identificados,
nos enfrentamos con algo que nuestros antepasados conocían muy
bien y consideraron con espanto: nos entrometemos en los asuntos de
la Comunidad Secreta" (pág. 96).
El componente no sólo fantástico, sino también
legendario y arquetípico de los relatos y escenarios ufológicos
llamó también la atención de otros autores. El
caso más elocuente es el de Bertrand Méheust, folklorólogo
y sociólogo francés, bien conocido ya para nuestros lectores
(ver números 16 y
17 de La Nave). Méheust
siguió en un primer momento las ideas de Vallée, de corte
"paraufológico"; en una segunda etapa derivó
de lleno en el agnosticismo de las ciencias sociales, publicando en
1985 su famosa obra "Soucoupes volantes et folklore", felizmente
reeditada en 1992.
El
tema es familiar a todos los que tengan una mínima información
sobre la ufología mediática actual: las llamadas "abducciones",
es decir, las increíbles historias de personas "secuestradas"
por seres alienígenas. La suerte de los abducidos es dispar;
empero, en todos los casos hay algo profundamente perturbador e invasivo.
Los denunciantes alegan (o "recuerdan", especialmente bajo
los auspicios de la hipnosis) haber sido transportados a algo así
como una nave espacial, donde son sometidos a minuciosos "exámenes
médicos". Los menos, pero en una cantidad nada despreciable,
sostienen que fueron manipulados sexualmente.
Méheust,
con gran perspicacia y erudición, comprueba el carácter
mítico de tales narraciones. Y lo hace, no tanto por la clásica
ausencia de pruebas, sino porque ve en ellas, en su estructura y contenido,
todos los elementos de la imaginería arcaica humana. Los testigos
contemporáneos reproducen, en ocasiones, un trance idéntico
al de un chamán siberiano o un joven hotentote. Viejísimos
mitos reaparecen hoy, ante nuestros ojos y en medio de nuestras ciudades;
ancestrales psicodramas que vuelven "tecnologizados", bajo
la digerible envoltura de las "naves extraterrestres".
La
fenomenología OVNI representaría un aporte significativo
a la antropología de los mitos si, de acuerdo a la sospecha central
de Méheust, pudiera comprobarse la encarnación subjetiva
de... creencias colectivas, las que por definición trascienden
al individuo.
El
auge de las abducciones también provocó la intervención
de Thomas "Eddie" Bullard, un folklorista estadounidense.
Bullard cree haber descubierto una estructura-tipo de los relatos de
abducción. Eso demostraría, a su juicio, la realidad de
la experiencia. Por cierto, Bullard ha polemizado con Méheust,
precisamente por la reticencia de éste ante cualquier intento
de atribuir a las abducciones una realidad que difiera del sueño
o del trance. Por de pronto, también Bullard -mucho menos sutil
que Méheust en su hermenéutica- admite un componente onírico
significativo y, quizás, decisivo.
Como
quiera que la reticencia que tirios y troyanos manifestaban ante la
"hipótesis psico-sociológica" (HPS) ha ido cediendo,
así también han ganado aceptación los intentos
por correlacionar los escenarios ovnísticos con elementos del
folklore ancestral. Este dossier pretende dar cuenta de algunos de tales
desarrollos, demostrando lo fructíferos que pueden llegar a ser
estos desconcertantes inventarios de lo anómalo y lo "féerico".
El
trabajo de Diego Viegas, abogado y aspirante a licenciado en antropología,
es una valiosa ordenación del tema, pues aporta las definiciones
y clasificaciones necesarias para su abordaje, superando así
cierta laxitud terminológica común por estos pagos. A
su vez, debe destacarse su taxonomía de personajes famosos del
mundo ovnístico, que aparecen así en una dimensión
nueva.
El
texto del antropólogo Thierry Pinvidic es un tributo a cierta
tradición historiográfica francesa, una que no oculta
su fruición por mostrarnos los grotescos e intrincados caminos
de lo que hoy acostumbramos a llamar "supersticiones". Sorprende
constatar cómo ciertas polémicas bajo-medievales y, sobre
todo, renacentistas, han sido dramatizadas nuevamente en el medio siglo
de historia de la ufología.
El
trabajo de Peter Rojcewicz nos pone en la asombrosa tarea de desbrozar
directamente el factor Magonia. Es, de hecho, una muestra de lo que
podríamos llamar, sin ningún ánimo peyorativo,
"ufología insólita", la que pretende desafiar
los presupuestos racionales de la psicología moderna.
Finalmente,
el artículo de Dennis Stillings da un recorrido junguiano (o
casi) por el enigma de los "helicópteros negros" y
sus ricas asociaciones míticas. Una de sus preocupaciones centrales
es establecer un nexo con ciertas creencias de los antiguos habitantes
de Norteamérica, especialmente con los winnebago. Éstos
han aportado al conocimiento universal el mito del Burlador o Embaucador
(Trickster), sin perjuicio de que algunos hayan buscado parangonarlo
con Hermes, proteico e inaprensible.
Ciertamente,
ninguno de estos autores pretende que los OVNIS sean una realidad física
como las naves espaciales, los edificios o los arbustos. Incluso uno
de ellos, Pinvidic, se enrola en el escepticismo psico-sociológico
más prístino. Pero los otros no son "paraufólogos"
al estilo de Keel en La torre octava o de Vallée en El Colegio
Invisible. Pertenecen a lo que en otro lugar (ver N°
10 de La Nave, en el dossier sobre la "otra ufología estadounidense")
caracterizamos como una vía interpretativa y hermenéutica
(no por casualidad, insistimos en ello, se alude al dios Hermes), que
se desentiende sin ambages del debate sobre la existencia fáctica
o no de los platillos volantes, interesándose por su conexión
con la simbología universal. Son "psicológicamente
reales", como habría dicho C. G. Jung. Se trata de una postura
discutible, pero legítima. En la segunda parte de este dossier
incluiremos algunos textos más en la órbita de la HPS
propiamente dicha. Así que, como siempre, esperamos que este
material sea del gusto de nuestros sibaríticos lectores. Bon
voyage.
*
Queremos agradecer a nuestro amigo argentino Diego R. Viegas, por la
labor de traducción y envío de valiosísimo material
para este dossier. Gracias, en nombre de La Nave, por su oportuna y
dedicada ayuda (N. de los E.)