La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 23
LOS OTROS FRAUDES DEL 11 DE SEPTIEMBRE
(NUEVA INCITACIÓN AL ESCEPTICISMO)
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2003

Imagen gentileza de warmediareviewnet.comEl estamento escéptico denunció la irracionalidad desplegada en torno al espantoso atentado contra las torres gemelas de Nueva York. A las caras de Dios y el Diablo en las columnas de humo, debimos sumar los engaños deliberados: "Centurias" apócrifas de Nostradamus, OVNIS revoloteando en medio de la tragedia, y un extenso etcétera. Fueron "los fraudes del 11 de septiembre".

Sin embargo, los fraudes siguieron. EE.UU. se apresuró a señalar un culpable: Osama Bin Laden, jefe máximo de Al Qaeda. Dijo tener pruebas. A nadie en el mundo le quedó muy claro de qué pruebas se trataba, salvo a Tony Blair, a quien le fue revelado el gran secreto, todo entre bambalinas. Ataque masivo a Afganistán, sin pruebas concluyentes o, al menos, públicas. Qué importa. Con alguien hay que desquitarse. Afganistán es devuelto al neolítico, las masas comienzan un éxodo incierto en busca de alimentos, medicinas y la mínima seguridad de que podrán seguir respirando; todo queda en ruinas y los liberadores se van a sus casas, planeando nuevas liberaciones. ¿La tan prometida y cacareada "reconstrucción" de Afganistán? Al tacho del olvido, el mismo en que quedó Bin Laden, pues rufianes a los que castigar sobran. ¿No es claro que continuaron los fraudes?

Siguió Irak, "la bestia negra". Saddam no guarda ninguna relación ni con Osama ni con el 11/9, como hasta la CIA y el FBI lo reconocen. Qué importa. Los halcones están en su momento cumbre. Los inspectores de la ONU saben -en el fondo- que no hay tales armas de destrucción masiva. Que el régimen de Hussein está tan débil que tiembla de miedo con sólo pensar en tenerlas (no hablemos de usarlas). Que Irak está depauperado, hambreado. Que Irak hace tiempo no puede ni importar fósforos (no sea que vayan a utilizar la pólvora). Que Irak es la nueva víctima propiciatoria de la civilización occidental. Pero los halcones desoyen el clamor mayoritario del mundo. Fanfarronean, advirtiendo que digan lo que digan los inspectores... ellos bombardean igual. Mejor aún, desean que todos en el planeta nos demos cuenta de su desprecio por la ONU, de que no necesitan más que a sí mismos, que el mundo comienza en California y termina en Manhattan. Notifican al orbe que la opinión pública mundial les importa un bledo. "Somos imperialistas, ¡y qué!".

Apliquemos entonces la navaja de Occam. Declaremos indigna de crédito cualquier "evidencia" que salga de debajo de las botas de los vencedores. Tenemos todo el derecho de pensar que, si un estado inició una sangrienta guerra ilegal, puede seguir cometiendo ilegalidades: "Quien puede lo más, puede lo menos". Si aparecen, de milagro, las armas de destrucción masiva de Hussein (la excusa para la invasión) deberíamos declarar ipso facto que estamos ante un montaje (uno peor que los denunciados por el CSICOP y La Nave). Total, desde el hundimiento del "Maine" (que justificó una vil guerra con España) se trata de la especialidad de la casa. Por cierto, Hans Blix, jefe de los inspectores de la ONU, acusó abierta y mundialmente a EEUU y el Reino Unido de falsificación de pruebas. Pero Rumsfeld sigue celebrando, Cheney bravuconeando y Condoleeza... bueno, planteando apocalípticos escenarios sin perder su encantadora sonrisa.

Y ya hay informes de la CIA como para afilarse los colmillos: Siria tiene gas sarín y, en una de ésas, armas de destrucción masiva. ¿Por qué no bombardearlos también a ellos? Ya que estamos aquí, ¿por qué no aprovechamos bien el viaje? Ya Madeleine Albright preguntóse antes de que su gobierno desatase el infierno en Kosovo: "¿De qué nos vale tener el ejército más poderoso del mundo si no podemos utilizarlo?".

Entonces, ¿por qué no aplicar el juicio escéptico ante "pruebas" tan dudosas en su origen? ¿Es que acaso no hemos visto en Irak la operación mayor de prestidigitación geopolítica de las últimas décadas? Cuando un general muestra a los periodistas una lista de jerarcas del régimen de Hussein, diciendo que "pueden ser asesinados o capturados", o sea, "vivos o muertos" como en las películas del Lejano Oeste, pisoteando todo el derecho internacional con el que hacen sonoras gárgaras cuando les conviene... ¿Podemos creer en las pruebas que sospechosa y seguramente harán aparecer en breve? ¿No se impone, en un estado de cosas semejante, el escepticismo más absoluto? Lo que es en La Nave, no les creeremos ni una maldita palabra.

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