"Ricky
B. Una historia 'oficialmente' imposible" es el título de
una obra de literatura fantástica que el admirable conocedor
de las técnicas modernas de mercadotecnia, el español
Juan José Benítez, lanzó en 1997, y de la cual
me propongo hacer algunas anotaciones. No obstante, antes de enumerar
estos aspectos, para quien no ha tenido la oportunidad de leerla (¿o
padecerla?) me gustaría esbozar un resumen.
¿CUÁL
ES EL ASUNTO DE RICKY B.?
En
Ricky B., J. J. Benítez vuelve por sus tristes fueros y al lector
cándido le ofrece un nuevo folletín acerca de extraterrestres
que ya se encuentran camuflados en la Tierra sin que nadie -salvo él
y unos cuantos "iniciados" de su secta- pueda detectarlos.
En concreto, es la supuesta "crónica verídica"
de una norteamericana que a mediados de la década del setenta
sufre un accidente automovilístico en una carretera mexicana
y luego muere.
No
obstante, lo interesante es que en el momento de morir, el cuerpo de
esta norteamericana es "poseído" o "asumido"
por un extraterrestre, y desde entonces el alienígena se dedica
a explorar el mundo desde tan cómodo vehículo. En algún
momento, la estadounidense poseída llega a cierta población
de España y comienza un romance con cierto ingeniero de ese país,
a quien finalmente -después de una serie de avatares que le ahorro
al lector- el esforzado señor Benítez logra entrevistar.
En la entrevista entre Benítez y el hombre que tuvo el romance
con la supuesta extraterrestre -diálogo que tuvo lugar en 1995-
el ingeniero describe pormenores de su escarceo amoroso en la década
del setenta, y cómo la gringa le revela que ella no es humana
sino una alienígena que se apropió de un cuerpo en México.
En
principio el ingeniero no cree en la historia de Ricky B. -llamada así
porque al principio nadie recuerda su nombre, y porque luego, para "protegerla",
se le aplica ese seudónimo-, pese a que el amante no deja de
notar ciertas conductas extrañas en su pareja (baila desnuda
en la noche, lo pregunta absolutamente todo acerca de los seres humanos
y -anoto yo- parece retrasada mental porque no entiende absolutamente
nada cuando se lo explican, realiza algunas supuestas "predicciones",
etc.). En alguna oportunidad, mientras Ricky e ingeniero viajan en un
automóvil, sufren un incidente con un OVNI, y luego, cuando el
ingeniero busca a Ricky donde ella se hospedaba, ésta
desaparece sin dejar rastro.
Convencido
de la sinceridad del testimonio del ingeniero, SuperBenítez se
lanza con manos y pies a indagar el asunto, y entonces ocurren una serie
de "misteriosos" sucesos con OVNIS que -entre otras cosas-
sólo les ocurren a Benítez y los de su secta (Benítez
viaja de vacaciones a Egipto y como los extraterrestres no tienen nada
en qué matar el tiempo, se dedican a perseguir al español
por todo el país de los faraones; algunas fotografías
tomadas durante la estancia en Egipto, al revelarse muestran OVNIS;
un "extraño" anillo le es regalado a Benítez
por parte de los extraterrestres, etc.). Tras una ardua labor detectivesca
en que el técnico en mercadotecnia lo sufre absolutamente todo
escudado únicamente por su "amor a la verdad", Ricky
B. es localizada en algún paraje de Estados Unidos. En el momento
en que Benítez viaja a Norteamérica, él ya se encuentra
convencido -merced a unas así llamadas "pruebas" que
ha recopilado- que Ricky ya no es humana sino un ser de otro mundo que
quién sabe por qué ignotas razones se halla camuflada
entre los homo sapiens.
Venciendo
el pánico que le produce entrevistar en vivo a uno de estos "espías
galácticos", Benítez habla con Ricky B. y, como era
de esperarse en estos infiltrados, ella lo niega todo. Empero, aunque
la ahora cincuentona extraterrestre desmiente al ingeniero y las otras
"pruebas" recopiladas por Benítez, tras esta entrevista
y tras hablar de nuevo con el ingeniero (quien a su vez niega la negación
de Ricky), el novelista navarro queda convencido de que Ricky no puede
ocultar su condición de extraterrestre usurpadora de un cuerpo.
El libro acaba con un capítulo en que Benítez viaja a
México a investigar sobre el terreno el accidente automovilístico
ocurrido en 1975. Allí interroga a testigos del suceso, recaba
datos, apunta incongruencias entre los diversos datos y relatos, y concluye
que en 1975 un extraterrestre asumió el cuerpo de Ricky B., y
que desde entonces ella es una más de los miles o quizá
millones de alienígenas que en este momento se pasean por nuestro
planeta como Pedro por su casa.
ALGUNAS ANOTACIONES A RICKY B.
Tras
la somera descripción del libro, quisiera enumerar algunos aspectos
que, a mi modo de ver, son indispensables a la hora de comprenderlo:
1)
Ricky B. es un libro que arranca con una mentira. En el epígrafe
del texto, el señor Benítez dice lo siguiente:
"Los
heterodoxos piensan, hablan, escriben y actúan para unos pocos.
Si usted pertenece a la gran masa, si jamás mira al cielo o hacia
sí mismo, no se moleste en leer esta investigación. No
comprenderá..." (p.9) (1)
Este
epígrafe sólo merece el calificativo de mendaz. ¿Cómo
es que Benítez se autocalifica de "heterodoxo" y que
escribe para unos pocos, cuando él es un típico best seller?
Ser best seller quiere decir que este señor vende millones y
millones de esos textos que produce. Siendo así, ¿cómo
se atreve a afirmar que escribe para escasos lectores? ¿Cómo
se atreve a calificar de "gran masa" a quienes no lo leen,
cuando lo cierto es que es al revés? Los libros de Benítez
siempre se ven en kioskos, supermercados, estacionamientos y demás
lugares de este tipo. Es de lo más fácil de consumir y
el protoejemplo de la así llamada "literatura de masas".
Fuera de todo, ese epígrafe sólo es un soborno al lector.
Palabras más, palabras menos, le está diciendo algo así
como "Lea este libro sólo si usted es de los pocos iniciados"
¿No es esto auspiciar el espíritu de secta y de religión
mistérica que tanto daño ha hecho en tantas partes del
mundo? Yo no puedo pensar bien de un libro que arranca mintiendo; no
se puede esperar gran cosa de él.
2) Ricky B. -como su "hermanito", el culebrón aquel
llamado Caballo de Troya- sólo es el primer capítulo de
una "telenovela". El señor Benítez concluye
Ricky B. advirtiendo que ésta es sólo la primera entrega
de su "investigación" y que debemos esperar muchas
más (¿Las ocho, nueve o diez que lleva Caballo de Troya?
¿Las veinte o más que lleva la serie de James Bond? No
lo sabemos). El hecho es que J. J. Benítez se equivocó
de profesión, debió haberse dedicado a libretear telenovelas;
lo único que queda claro es que libros como éste -igual
que las novelas que pasan en la tele- no obedecen a ningún concepto
de integridad artística sino al mercado. Así como una
telenovela se piensa para 30 capítulos, pero si obtiene rating
se alarga a 100 ó 200, J. J. Benítez hace lo mismo: Exprime
una idea hasta que comercialmente no da más.
3)
Ricky B. es un libro que arranca con una curiosa incongruencia. El libro
empieza cuando SuperBenítez ingresa a Estados Unidos para entrevistar
a Ricky, cosa que me extrañó mucho. Según el folletín
Caballo de Troya, J. J. Benítez -él solo contra todo el
gobierno de Estados Unidos- descubrió y reveló el mayor
complot creado por el estado norteamericano en toda su historia: El
Proyecto Caballo de Troya. Si eso fuera cierto, ¿cómo
es que Benítez ni siquiera tiene un humilde reporte en el aeropuerto?
¿El gobierno mejor parapetado tecnológicamente en la Tierra
ni siquiera tiene un avisito acerca de Benítez en el servicio
de inmigración aeroportuaria? Pues según lo que vemos,
parece que no. Benítez entra y sale de Estados Unidos como si
nada. ¿No es esto -cuando menos- ridículo?
4)
Ricky B. muestra que J. J. Benítez -aunque a él le pese
y lo niegue- sólo es un escritor de ciencia ficción (y
no de los mejores). El negocio de J.J. Benítez consiste en hacer
pasar como "verdadero" lo que sólo es literatura; como
sagaz comerciante que es, ha descubierto que la ciencia ficción
se vende más si se le añade la aclaración de que
"NO ES" ciencia ficción (en ese sentido debe reconocérsele
que ha hecho un importantísimo aporte al desarrollo financiero
del género). Ahora bien, ante la afirmación de supuesta
veracidad de sus narraciones sólo caben dos posibilidades: O
Benítez se cree sus historias y en ese caso ya vive en los mismos
delirios que inventa, o no se cree sus historias, y en ese caso sólo
es un negociante inmoral (veremos luego por qué no cabe la tercera
posibilidad: que diga la verdad).
Si
a mí se me pidiera mi opinión, diría que en Benítez
hay un poco de las dos. En ciertos momentos de Ricky B, él afirma
que los extraterrestres lo ven, lo oyen y lo controlan todo (p. 67),
que el curso de la historia humana está determinado por esta
macabra conspiración, y que hasta los actos que cualquier ser
humano piensa como libres, sólo están determinados por
ellos (p. 67). Se admitirá que alguien que piensa que sus actos
son gobernados por otros seres, sólo encaja dentro de la sintomatología
de las psicosis, y ya que Benítez sostiene esto sin siquiera
titubear y lo reitera una y otra vez, es claro que a él le está
ocurriendo lo que a tantos enfermos mentales (creer su propio delirio).
No obstante, hay una veta maléficamente sensata en Benítez:
El olfato comercial que revela en sus libros. La habilidad de mercadeo
que este señor demuestra, me lleva a sugerir que este individuo
no debería dictar conferencias sobre OVNIS, sino que debería
impartir enseñanzas en alguna facultad de mercadotecnia y afines.
5)
En Ricky B. no existe ninguna prueba original o convincente de la supuesta
invasión de OVNIS. Sin gracia alguna, Benítez repite lo
que los autodenominados "ufólogos" vienen repitiendo
hasta el aburrimiento desde hace tantas décadas. Primero, unos
testimonios de unas personas que siempre pueden ser explicados de otro
modo: el testimonio del ingeniero sólo es una anécdota
más sobre encuentros con OVNIS, que ya Carl Sagan mostró
que al ser evaluadas fríamente nunca han resistido un escrutinio
serio y jamás sobrepasan el nivel de una ensoñación;
el testimonio de Ricky B. sólo es la charla con una psicótica
a la cual Benítez es tan ingenuo de no enviarla a un psiquiatra,
o tan malvado como para mentir a partir de ella; el testimonio de los
testigos del accidente en México está viciado por algo
tan claro como que están hablando de algo que ocurrió
hace dos décadas (y desafío a cualquier lector a que me
diga exactamente qué ocurrió en su vida en la fecha de
hoy hace veinte años); además, en las conversaciones es
evidente que cuando los testigos no recuerdan nada, Benítez les
sugiere tipos de respuesta.
En
segundo lugar, las supuestas fotos de OVNIS -como de nuevo lo vio Sagan
en "El mundo y sus demonios"- no son hechos concluyentes en
sí mismos sino que -para quien conozca un mínimo de meteorología-
admiten muchas otras interpretaciones (los supuestos avistadores de
OVNIS por lo general NO cumplen con el requisito mínimo de pasar
un curso universitario de meteorología, otro de física
y otro de astronomía). En tercer lugar, a veces Benítez
disfraza de extraño lo que es común: Porque estando en
vacaciones se halló un anillo de plata, deduce que ése
es un mensaje de extraterrestres. Siguiendo esa lógica, si hago
memoria de todas las vacaciones que yo he tenido en mi vida me he encontrado
un libro, una pantaloneta de baño y un par de esferos, y jamás
se me pasó por la cabeza que ése era un modo a través
del cual los extraterrestres intentaban comunicarse conmigo.
En
cuarto lugar, otras llamadas "pruebas" hace rato no se tienen
por tales (por ejemplo, la tierra quemada donde un supuesto OVNI se
posó, también es denunciada como apócrifa en el
referido texto de Sagan, los avistamientos de OVNIS no pasan los análisis
del astrónomo Duncan Lunan). Ya se ha dicho varias veces en la
pluma de prestigiosos científicos pero digámoslo una vez
más, la única prueba admisible de contacto con extraterrestres
consiste en que los humanos tengamos abiertamente (y no a escondidas)
"sus emisarios en nuestras ciudades, sus naves en nuestros campos,
sus artefactos en nuestras manos "(p. 419) (2). Lo demás
es basura.
6)
Ricky B. no es una "crónica periodística" sino
un autoelogio narcisista. Contrario a lo que podría creerse,
el protagonista de este libro no es Ricky B. sino J. J. Benítez.
La pobre gringa desquiciada sólo es un pretexto para que el español
nos largue más de 300 páginas acerca de su "fascinante"
vida. Es más, sin que Benítez lo percibiera, en este libro
nos ha entregado no una narración de ciencia ficción,
sino un retrato de su psique que sencillamente nos permite apreciar
a un narcisista sumido en su propio delirio de grandeza. Por eso cuando
viaja a Egipto, Benítez cree que los extraterrestres lo persiguen
y le dejan señales por todas partes (él es tan "modesto"
que le parece perfectamente natural que las naves alienígenas
atraviesen el universo entero para dejarle un recadito). Por eso -como
le sucedía a los profetas del Antiguo Testamento- en todo momento
le hablan desde los cielos (en la página 91 Benítez tiene
el descaro de autodenominarse "nuevo Moisés").
Por
eso, como a todo egodelirante, a menudo le ocurre pensar que él
NO pertenece a la especie humana (en la página 100 Benítez
dice que "Soy humano, aunque mi mujer piense lo contrario";
en la página 220 asevera que él mismo -¡Sí,
el mismísimo SuperBenítez!- podría ser extraterrestre).
Por eso, en una supuesta investigación acerca de extraterrestres,
Benítez nos pormenoriza sus vacaciones (que yo sepa, Isaac Newton
no interrumpe alguno de sus libros para insertar un capítulo
acerca de todo lo que ha visto en sus paseos por el campo). Por eso,
Benítez (como le ocurre a todos los "elegidos de Dios")
siente que él no es dueño de sí mismo, sino que
sus actos son determinados por una fuerza no humana (Benítez
se siente tan poseído de los extraterrestres como la lastimosa
Ricky B.). Por eso, por momentos, Benítez se siente un Mulder
o una Scully real, develando una gran "conspiración".
Si Don Quijote se enloqueció leyendo libros de caballería
hasta creerse un caballero andante, podría ser que J. J. Benítez
haya visto y revisto tantos capítulos de X-Files, que ahora se
cree develador de complots. Por si acaso, ya sé que Benítez
escribía sobre OVNIS antes de que existieran X-Files.
7)
Ricky B. es la demostración de que Benítez se autocataloga
de "investigador", pero lo cierto es que NO sabe investigar.
Para empezar, desconoce el principio más elemental de todos los
que debe tener en cuenta el investigador verdaderamente científico:
El principio de parsimonia o de la navaja de Occam (ante un hecho dado,
el investigador privilegiará las explicaciones más simples
o económicas). Cuando Benítez investiga cierto hecho,
no busca primero la explicación más sencilla (por ejemplo,
que Ricky B. sufre de probables desórdenes mentales), sino la
explicación más enredada y antieconómica (lo que
dice Ricky B. prueba que es una extraterrestre camuflada entre los humanos.
¿Cómo es que a Benítez no se le pasa por la cabeza
que antes que hablar con Ricky B. es necesario someterla a un examen
psiquiátrico?).
Para
continuar, Benítez es sólo un ejemplo más de una
modalidad de discurso aberrado que la filosofía contemporánea
llama "discurso cerrado". Me explicaré un poco. El
filósofo Karl Popper ha establecido una distinción básica
entre el discurso científico y aquel discurso No científico,
ideológico o totalitario. El discurso de la ciencia es un discurso
modesto, acepta que no puede explicar la totalidad del universo y que
tiene unos límites más allá de los cuales no puede
decir nada; además, es un discurso que se sabe falsable, es decir,
sometido a crítica y continuamente corregible (de allí
que se lo denomine "abierto"). En cambio, los discursos cerrados
autoproclaman que pueden explicar la totalidad de las cosas, que son
totalmente aplicables a todo, que no son criticables, y que no son corregibles
en tanto son completos y nada escapa a su poder explicativo.
Ejemplo
de un discurso abierto es la física o la biología contemporánea,
o también el auténtico discurso de la democracia. Ejemplo
de un discurso cerrado son el marxismo, el psico-análisis, el
nazismo o el fundamentalismo religioso de cualquier tipo. Como se verá,
el discurso de Benítez es exactamente igual al del nazismo o
el psicoanálisis (proclama que en todas partes halla confirmación
a su tesis de la invasión extraterrestre encubierta, proclama
que puede explicar todos los actos humanos con base en el megacontrol
extraterrestre, proclama que nada escapa a los ojos y oídos extraterrestres,
proclama que nada puede refutar a la invasión extraterrestre,
y asume el mismo comportamiento de una secta religiosa, donde los que
están de acuerdo con ellos son "iniciados" que deben
luchar contra un mundo de "infieles" o "no iniciados").
Cuando
leía Ricky B. me llamó mucho la atención un cierto
momento en que Benítez proclama: "¡A la mierda la
Ciencia!" (p. 263). Me llamó la atención porque allí
está pintado este mistificador. Decir "¡A la mierda
la ciencia!" es decir "¡A la mierda el principio de
parsimonia! ¡A la mierda los discursos democráticos y que
vivan los discursos cerrados como el que yo proclamo!". ¿Cómo
es que puede haber gente que siga a un tipo cuyo discurso es comparable
al de Hitler, Marx, Freud, Osama Bin Laden o cualquier predicador religioso
fundamentalista? ¿En qué se diferencia el discurso de
los talibanes del discurso de Benítez? (Y aclaro, no soy tan
ridículo como para pensar que Benítez tiene la inteligencia
de un Marx o un Freud. Aclaro también -para quienes se sorprendan
de ver en una misma bolsa a Marx y Freud junto a otros discursos totalitarios-
que, según Popper, en tanto los freudianos y los marxistas se
comportan como pertenecientes a una secta, acaban por constituir un
discurso cerrado con todas las características ya adscritas).
8)
En Ricky B. se transmite un discurso antihumanista e inmoral. Si -como
sostiene Benítez- todos los actos humanos están predeterminados
por los extraterrestres y todos los humanos de este planeta, sin percibirlo
están cumpliendo la voluntad extraterrestre, entonces todos estamos
"poseídos" (y lo peor es que -a diferencia de lo que
ocurre con Satanás- no hay modo de exorcizar a estos invasores).
Si todos los humanos estamos "poseídos" por ellos,
entonces nadie es libre y todos somos títeres de los alienígenas.
Si somos títeres de ellos, entonces no somos responsables de
nuestros actos, no vivimos sino que "somos vividos". El efecto
del discurso de Benítez es que invalida la posibilidad ética
en tanto ya no somos libres. Y si no somos libres sencillamente no podemos
llamarnos "seres humanos". El discurso de Benítez nos
arrebata la condición humana, nos hace menos humanos, y de allí
que afirme su abierta inmoralidad.
9)
Bueno, se me dirá, ¿pero entonces de qué trata
Ricky B. si no es lo que pretende ser? Ricky B. es la historia de una
pobre norteamericana que sufre una amnesia post-traumática complicada
con desórdenes mentales previos que hoy la tienen al borde de
la psicosis. Seguramente la mujer ya tenía una historia psiquiátrica
anterior al accidente en México, tras el accidente perdió
parcialmente la memoria y comenzó a sufrir un delirio en el cual
se cree poseída por un extraterrestre (así como otros
creen que los posee el demonio, o que son Jesucristo, o que son Dios,
exactamente igual). Por desdicha, los delirios de esta mente enferma
encontraron a alguien llamado J.J. Benítez que es tan imbécil
como para creerlos sin una evaluación psiquiátrica previa,
o tan psicótico como para creerlos ciertos y secundar el delirio
de Ricky, o tan inmoral como para añadirles datos e interpretaciones
y explotar así el candor de la gente. Contada así, es
claro que la historia ya no resulta tan fascinante como la cuenta Benítez,
pero cuando menos tenemos el mérito de aproximarnos más
a la verdad.
10)
Algo que nunca entendí de este libro. Si -como asegura Benítez-
los extraterrestres tienen el poder de hacer invisibles sus OVNIS y
de allí que en este momento haya sobre el cielo cientos de objetos
voladores no identificados que no podemos percibir a simple vista, ¿para
qué necesitan poseer cuerpos como el de Ricky B.? Si lo que quieren
es espiar a los humanos, ¿no sería más fácil
invisibilizarse ellos mismos y así espiarnos cómodamente,
que ponerse a animar cuerpos muertos? Si los extraterrestres son tan
inteligentes como él afirma, ¿no es absurdo que escojan
la opción de espionaje más complicada?
11)
Para ser justos, digamos que en Ricky B., J. J. Benítez es eficaz
creando suspenso. Si tan sólo fuera un escritor de ciencia ficción
sano, y no el escritor de ciencia ficción enfermo que es hoy
(Benítez es como si Philip K. Dick intentara convencernos de
que el mundo que describe en su novela Sivainvi, es real), Benítez
sería aceptable (sin ser de los mejores pero aguantable). Benítez
es un buen ejemplo de un escritor que habría creado algo recordable
si no se hubiera vendido a su apetito comercial.
TRES CONCLUSIONES
1) Ricky B. finaliza dejando en el aire la idea de que los humanos están
invadidos por extraterrestres sin que ellos lo perciban y que, como
consecuencia, los humanos no son libres y todos sus actos sirven sin
saberlo a los oscuros propósitos alienígenas. Esta tesis
busca descargar al hombre de su responsabilidad moral, no permitirle
hacerse cargo de sí mismo, y no permitirle crecer en cuanto hombre.
Mediante todas sus obras seudocientíficas -de las cuales Ricky
B. es una muestra representativa-, J. J. Benítez está
contribuyendo a la progresiva deshumanización que advertimos
en todas partes del mundo (de allí que sea risible cuando tantos
incautos, una vez leen Caballo de Troya o cualquier otra obra de Benítez,
afirmen que el español "promueve el humanismo"). Con
su literatura seudocientífica, Benítez -como lo afirmaba
Jung- sólo está sustituyendo a Dios con una nueva superstición
contemporánea: Los OVNIS. No creo que sea valioso promover supersticiones.
No creo que sea valioso privilegiar el dinero sobre la integridad artística.
No creo que sea valioso promover discursos totalitarios. No creo que
sea valioso mentir.
2)
Al hacerle creer a la gente que su literatura es real y no solamente
literatura, J. J. Benítez sólo contribuye a contagiar
la locura. Si el español no hubiera armado Ricky B., sólo
existiría una pobre gringa que perdió la chaveta. Gracias
a su libro, Benítez promueve que muchos otros se contagien del
delirio de la pobre loca, y de este modo está poniendo a mucha
más gente a las puertas del manicomio.
3)
Algo que es un chiste pero que ya en alguna ocasión me lo contó
alguien. A diferencia de tanta gente, jamás he creído
en la "Teoría del Complot" (que los judíos ocultamente
están gobernando el mundo, que los gobiernos ocultan que ya se
produjo un contacto con extraterrestres, que en Roswell sí cayó
una nave alienígena, que Estados Unidos inventó una máquina
del tiempo para viajar a los tiempos de Jesucristo, etc.). Pero si yo
fuera de los creyentes en esa Teoría del Complot, los libros
de J.J. Benítez con su machacona insistencia en este tema, casi
que me demostrarían que el mismo J.J. Benítez hace parte
de la conspiración que denuncia. Si yo creyera en la Teoría
del Complot, ¿no sería una buena forma de ocultarlo, el
estarlo denunciando todo el tiempo?
NOTAS
(1)
J. J. Benítez, "Ricky B. Una historia "oficialmente"
imposible", Barcelona, Editorial Planeta, 1997. Todas las citas
posteriores pertenecen a esta edición.
(2) Duncan Lunan," A la escucha de las estrellas", Barcelona,
Librería Editorial Argos, 1977.