El
granjearse algún nivel de reconocimiento político es una
antigua aspiración de los ufólogos. Conocidos son los
intentos de sir Eric Gairy, ex mandatario de Grenada, de poner el tema
en las actas de Naciones Unidas, a fines de los años setenta.
Eran otros tiempos, esos en que muchos esperaban al contacto final,
inminente, anunciado por sucesivas y crecientes “oleadas”.
Pero nada pasó y las ilusiones de un ver a la ONU comprometida
con la investigación OVNI se desvanecieron más rápido
que evidencia de abducido.
En plan difusor, Cristián Riffo ha llegado al Parlamento chileno.
Los congresistas le han escuchado hablar de su tema favorito, de sus
aprensiones y sus expectativas. Los ovni-creyentes se felicitaron por
el logro, casi con el mismo entusiasmo con que Soledad Alvear elevaba
pulgares por la firma del TLC. Los OVNIS en el Congreso Nacional, qué
gran paso adelante, qué logro inesperado... Porque se supone
que todo esto sirve de algo, ¿o no?
Seamos objetivos. ¿Alguien puede creer que esta curiosidad mediática
es capaz de llevar la investigación OVNI hacia algo concreto?
Veamos un diálogo imaginario:
El entusiasta: Sin duda, hemos dado un enorme paso
adelante. Es un gran hito en la historia de la ufología chilena.
El crítico: Usted habla como si la ufología
fuera un camino trazado, desde la ignorancia hasta la luz. “Un
paso adelante” supone un norte claro, una progresión definida.
Pero, ¿cómo puede hablarse de progreso en una “disciplina”
en que todo es confusión y falta de pruebas? La ufología
no progresa, sólo da vueltas en círculos, en una suerte
de eterno retorno que provoca o la deserción o el encastillamiento
en la creencia cuasirreligiosa.
El entusiasta: Puro chaqueteo de su parte, no más.
¿Por qué ustedes, en vez de criticar tanto, no colaboran
con la investigación OVNI?
El crítico: Es exactamente lo que hacemos, desde
nuestra perspectiva explícita: el análisis global de la
ufología como actividad social. Nadie en el mundo estudia OVNIS,
sino meros relatos –generalmente periodísticos o puramente
anecdóticos– de cosas que se ven en el cielo y que en la
inmensa mayoría de los casos son meras confusiones producidas
por objetos convencionales y naturales. Los “OVNIS parlamentarios”
sólo refuerzan la idea-fuerza paradójica de la ufología:
es un tema que da que hablar... ¡porque se habla de él!
El entusiasta: Pero usted no toma en cuenta las ventajas
de todo esto. Primero, puede haber fondos para la investigación
ovnilógica.
El crítico: La investigación OVNI no
es que carezca de fondos solamente; carece de un objeto claro. Que se
otorguen dineros –que podrían tener un mejor destino–
a entidades que son capaces de volar literalmente tras cualquier marcianito
botado a la vera del camino... no es precisamente un avance, sino un
desatino.
El entusiasta: Segundo, el tema será visto con
más seriedad por los medios. Imagínese, una comisión
parlamentaria ad hoc.
El crítico: Me la imagino y me hielo. Además,
los medios no pueden ver con seriedad el tema. De lo que se trata, para
los medios, es de vender. Y para los ufólogos la cuestión
consiste en subsistir como tales. Lo que usted toma por un gran avance
me parece que es una manifestación más del “eterno
retorno” que ya mencioné.
El entusiasta: Su postura es, una vez más, puramente
destructiva. Que nada se investigue y que nada se haga, ¿es así?
El
crítico: ¿Qué podemos hacer ante estas
loables iniciativas de edificación ufológica? ¿Aplaudir,
quizás? ¿Felicitarnos de que el sensacionalismo se rodee
de un aura de respetabilidad, por vía política? Meter
OVNIS en el Parlamento es sacarlos definitivamente del ámbito
de la indagación racional. Para la galería está
bien, sobre todo en tiempos en que nada tiene mucha sustancia al son
de piruetas electoreras. Pero los ufólogos honestos terminarán
ruborizándose, con la incómoda sensación de haber
sido utilizados. Y todo seguirá igual, hasta el próximo
chupacabras o un nuevo marciano encontrado por unos oportunísimos
viandantes. Y las declaraciones de siempre: “el caso aún
no se aclara”; “es polémico”; “falta
un nuevo informe”... ¡¡Seguiremos investigando!! Que
es lo mismo que seguir subsistiendo a costa del tema. ¿No dicen,
por cierto, que la política es el arte de lo posible?
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