La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 25
Libros Acrobat ReaderGUÍA MÁGICA DE SANTIAGO
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2003

Guía Mágica de Santiago, de César ParraGuía mágica de Santiago / César Parra Cifuentes
Ghost Rider Ediciones / Santiago (Chile) / 2003 /142 páginas

He aquí una crónica de lo extraño, lo bizarro y lo inesperado. Un viaje a un territorio espantable, precisamente porque colinda con el nuestro. Nos reconocemos en los lugares descritos, en los personajes históricos que comparecen, en ciertas épocas que siguen exigiendo nuestro recuerdo. Era necesario este libro, una suerte de memorabilia de lo insólito; es que tales recuerdos, decía, nos reclaman, precisamente en tiempos en que nos estamos quedando sin lo más venerable del pasado.

¿Y qué mejor pretexto, para combatir la amnesia sobreviniente del hoy, que el folklore del “otro mundo” y del ayer, ése que pulula en calles solitarias y en conversaciones de sobremesa, en casonas decimonónicas? Necesitábamos algo distinto del globalizado chupacabras; quizás una dosis de lo que el historiador Carlo Ginzburg llamaba “historia nocturna”, de lo que no se cuenta en las historias académicas, pero que circula en la más inconmovible tradición oral.

César Parra es un (todavía) joven investigador de sucesos “forteanos”. Fue una de las pocas voces críticas –si no la única– de la revista Revelación, demostrando un elogiable interés por ubicar cada relato extraño en un contexto más amplio que el del sensacionalismo imperante. Es decir, la labor de Parra nunca ha sido la de un divulgador abracadabrante de “anomalías”, sino más bien la de un cronista que sabe tomar distancia del material que ofrece. Como su misión no es vivir a costa de cuentos escabrosos, nunca deja de señalar los puntos débiles de un relato, pero tampoco omite el compromiso, al destacar el carácter atípico de ciertos sucesos.

El libro que comentamos sigue la tónica. Los lectores somos realmente libres. Como se nos presenta una antología de sucesos paranormales sin ofender nuestra inteligencia, la credulidad o el escepticismo dejan de ser esenciales. Lo importante es que algo se mueve bajo la plácida o violenta superficie de nuestros afanes laborales y cotidianos; y Parra lo enarbola por el puro placer de contar historias, y sin olvidarse del humor.

Al confrontar el texto, no nos tomemos tan en serio las polémicas sobre la afirmación o refutación de lo paranormal; relajémonos un rato y conversemos de duendes, fantasmas y aparecidos... pues, ¿quién no ha disfrutado estremecedoras leyendas y anécdotas, en compañía de amigos entrañables y buen –o, al menos, abundante- vino? Quizás sin proponérselo, César Parra ha rendido un tributo a dos elementos del viejo Santiago que están en peligro de extinción: el barrio y la tertulia.

La Guía Mágica es, de todos modos, fruto de una labor a ratos detectivesca. No porque se hagan análisis exhaustivos sobre ciertos casos famosos (que Parra no hace, por suerte), sino más bien por evitar que los relatos desaparezcan para siempre en la bruma. Cabe citar las propias palabras con que el autor se pone manos a la obra (p. 10): “Mis fuentes han sido, principalmente, los medios de prensa y entrevistas personales para los hechos recientes; para los sucesos más antiguos me he respaldado en la casta de grandes historiadores, memorialistas y cronistas chilenos, que han enriquecido nuestra memoria colectiva desde mediados del siglo XIX”. Y, en tal tesitura, destaco la atinada evocación que Parra hace del olvidado Jorge Délano –precoz cineasta y fundador de la revista política Topaze–, vinculado con prácticas paranormales de todo tipo.

Por esas cosas del hígado y los instintos, me detuve largamente en el acápite dedicado al Estadio Nacional, “nuestro principal recinto deportivo” y nuestro más vergonzante campo de concentración después del golpe militar de 1973. Las innumerables leyendas y testimonios sobre fantasmas y almas en pena en el estadio, manifestándose por medio de gritos desgarradores, son una excelente metáfora de la brutalidad y horrores del “más acá”.

Como las afueras del recinto se llenan de velas encendidas con cada nuevo aniversario de la asonada, los difuntos disminuyen su actividad, adquiriendo una paz momentánea. Recordemos que circuló la historia de que, poco antes de ese fatídico 11 de septiembre, habría sido visto el fantasma de Balmaceda, recorriendo a caballo las afueras de Santiago. La sola mención del presidente Balmaceda, suicidado en la legación argentina, a propósito de una guerra civil sobrecogedoramente cruenta, es estremecedora.

Los relatos sabrosos se suceden. Como el famoso caso del Poltergeist de Colina, en que un profesor deprimido termina poniéndose en manos de un pastor evangélico, proclive a los exorcismos; o del fantasma de la Artillería, que desvelara al historiador Benjamín Vicuña Mackenna; o la más conocida “rubia de Kennedy”, que llegó a inspirar incluso una película. Sin embargo, Parra ha buscado mezclar la sucesión de anécdotas, leyendas urbanas y testimonios, con explicaciones teóricas sobre lo paranormal y sus principales aristas. Cita generosamente a estudiosos de la parapsicología, desde Scott Rogo hasta Lyall Watson, pasando por consideraciones sobre las ideas de autores tan heterogéneos y disímiles como Carl Gustav Jung, John Keel y Bertrand Méheust.

Mención especial merece un extracto de Joseph Felser, colaborador de la revista estadounidense The Anomalist, quien postula que la polémica sobre lo paranormal es una especie de teatro kabuki, donde escépticos militantes, creyentes fervorosos y, peor aún, fundamentalistas bíblicos, asumen posturas histriónicas y generalmente rígidas, escudándose en máscaras; la identificación con el papel, impediría cualquier diálogo serio. Es un diagnóstico que Parra comparte plenamente. Pues debe subrayarse que, pese a ser un convencido de la realidad de los fenómenos paranormales, Parra se da tiempo para denunciar a charlatanes y vivales, con la misma fuerza con que discrepa, por ejemplo, del CSICOP. La postura de César puede ser discutible, pero es conmovedoramente honesta; y eso parece ser la mejor característica de cualquiera que se dedique a un terreno tan resbaladizo como la investigación paranormal.

De cualquier modo, sea incrédulo o partidario, el lector no se sentirá defraudado ante tan abigarrada muestra. Santiago tiene su magia, y comienza la sonajera de tablas al caer la noche. Que todos sigamos teniendo siempre algo que contar, en esta ciudad hipertrofiada, feroz y ambigua. Como dijo un escritor reciente, mirando al cerro San Cristóbal, seguramente después de una velada de juerga: “Domingo en la mañana, y la ciudad me saluda cínicamente, con ojos de virgen”.

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