El pasado 15 de febrero se realizó la séptima versión
de las Jornadas Ufológicas en Viña del Mar, organizadas
por la Agrupación de Investigaciones Ovnilógicas, AION.
El Teatro Municipal volvió a repletarse con un público
ávido de imágenes, primicias, y lo que sea, concerniente
a los no identificados.
El
evento arrancó con un festival internacional de filmes ufológicos.
Los organizadores tuvieron la intención de exhibir todas las
producciones en competencia, pero la Municipalidad no cedió el
recinto por los dos días requeridos, de modo que pudo ser reproducido
íntegramente sólo el documental ganador.
El
jurado del festival premió con la “Gaviota de Oro”
a una “joya” audiovisual, titulada “OVNIS ¿en
Cuba?”. El laureado trabajo, no obstante, carecía por completo
de un trasfondo investigativo. No hubo alusión alguna acerca
de las pesquisas (si es que se hicieron) que permitieron encumbrar los
casos allí expuestos a la categoría de OVNIS. Así,
el documental discurrió lentamente como una sucesión somnífera
de relato tras relato.
Desafortunadamente,
no se contó en este festival con la presencia de la producción
ufológica más importante de los últimos tiempos,
objeto de innumerables elogios de parte de los “críticos”
(léase “ufólogos críticos”), y galardonada
con los premios más codiciados de los festivales en los que ha
participado. Nos referimos a la aclamada saga de “El Señor
de los Platillos”. Para quienes no la han visto aún, les
ofrecemos una síntesis de su primera entrega, subtitulada “La
Comunidad del Platillo”:
Una
apacible comunidad se transforma abruptamente en la cuna de un gran
fraude ufológico. El responsable es un constructor local que
confecciona maquetas de OVNIS, con ventanitas y domos, las que inserta
con éxito en fotografías utilizando una técnica
conocida como “doble exposición”. Así, el
hombre se convierte en leyenda, y sus experiencias indigeribles de encuentros
con OVNIS no sólo son avaladas por su prolífica colección
de fotos chantas, sino también por los miembros de su comunidad,
quienes declaran ser testigos de la aparición frecuente de UFOs,
idénticos a los plasmados por el propio embaucador.
Pero
el cuento da un giro inesperado para él cuando se descubre uno
de los modelitos en el ático de su antigua casa, sepultando sus
fotos y experiencias bajo un mar de suspicacias.
Para
fines de año se espera el estreno del episodio final. “El
Señor de los Platillos. El Retorno de Ed” (porque así
se llama el protagonista, “Ed”), narrará el resurgimiento
de todo el caso en manos de un físico en óptica, quien
le imprimirá “veracidad científica” al conjunto
de evidencias fotográficas (cualquier semejanza con la realidad
es sólo coincidencia)
Sin la presencia de esta película, la jornada OVNI siguió
en curso con la presentación de quien es, tal vez, el más
popular de los hombres-código de AION, el enfermero universitario
Carlos Muñoz. El hombre, autonominado “código azul”,
realizó una exposición de los casos más relevantes
que ha investigado en tierras magallánicas.
Su
ponencia estuvo cargada de nostalgia. Recordemos que “código
azul” adquirió protagonismo en la escena nacional a través
de “La Bailona”, el exitoso programa radial considerado
como una pieza de culto por los seguidores más entusiastas de
los OVNIS en Chile.
Su
conferencia también tuvo un matiz conspiranoico. El investigador
relató sus vivencias “mulderianas” (por el muchacho
de los “Expedientes X”) que lo situaron en el ojo de un
complot militar. Una historia difícil de masticar, y aún
más complicada de tragar. “Código azul” es
netamente un “investigador de campo”, de aquellos que no
conceden méritos a la “ufología de salón”,
como categóricamente plasmó en el siguiente extracto de
su exposición: “Los ufólogos de mesa o escritorio
no sirven, hay que salir afuera, aunque suene cliché a lo más
X-Files, la verdad está allá afuera” (¿?).
Rodrigo
Fuenzalida hizo un breve repaso de la contingencia OVNI. Sus pesquisas
in situ permitieron dar por finado al bullado hallazgo del alienígena
nortino miniaturizado, mejor conocido como “cochayuyo”,
y que siguió a una larga lista de “marcianos” que
optaron por acabar con sus días en nuestro país.
El
encargado del cierre fue Eugenio Fourt, especialista del CEFAA para
el análisis de registros fotográficos y audiovisuales.
Su presentación fue particularmente interesante, porque arrojó
bastante luz sobre el campo en que él se desenvuelve.
Y
así concluyó esta nueva versión del tradicional
evento estival, este año más festivalero que nunca y con
niveles de “radiación-ufológica” que se mantuvieron
dentro de los márgenes tolerables. Antes de terminar la presente
nota, dedicamos unas palabras de reconocimiento para Rodrigo Fuenzalida.
Le agradecemos públicamente por su noble forma de accionar a
nombre de todos los “cifovianos” que asistimos al evento
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