En
una caricatura muy en boga en los años en que la ufología
causaba furor, dos marcianitos verdes –se supone que los marcianos
son verdes– arrastraban a un científico hacia su plato
volador, estacionado en el campus, mientras dos colegas del “abducido”
le decían: “Doctor Condon, explíqueles ahora que
no existen”. Un par de personajes diminutos comentaban entre ellos,
al margen izquierdo del cartón: “Esto podría echar
por tierra todas nuestras conclusiones”.
Digno de risa, verdaderamente. Porque el humorismo es sano. Como alguna
vez dijo sir Winston Churchill (1874-1965): “La imaginación
consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela
de lo que son”. Él no hablaba entonces de la ufología,
y mucho menos de la ovnilatría y sus consecuencias, pero la cita
pinta de maravilla la creencia en los OVNIS.
Porque la ovnilogía, y especialmente la ovnilatría, pretenden
“consolarnos” acerca de nuestra realidad. El consuelo suele
venir a nosotros vestido con ropajes seudocientíficos muy capaces
de confundir a los no avisados. Uno de los argumentos más manidos
es aquél de que, siendo el universo tan vasto, ¿cómo
podemos afirmar que somos una especie única? Bien por el razonamiento,
nada tengo en contra, pero –el eterno pero, siempre habrá
uno–, sin excluir la posibilidad de que “no estemos solos”,
¿por qué ”ellos” tendrían tanto interés
en nosotros? ¿Qué cosa demuestra que son capaces de visitarnos?
Y, heréticamente, si estuviéramos solos, ¿qué?
La posibilidad de la soledad se me antoja mucho más creadora
que la “consoladora” idea de que unos seres “superiores”
velan por mi mísera existencia –que conste que esto lo
digo en un sentido galáctico–. Cuando uno tiene a mano
a papi y mami no necesita preocuparse por sí mismo, puede volverse
alegremente irresponsable sin sentimientos de culpa. A fin de cuentas,
cuando las cosas se pongan feas tirando a peores, "ellos"
vendrán a salvarnos. La idea me encanta, me agrada, me enloquece;
por idiota… Generalmente quienes esperan cómodamente sentados
a que los salven no sólo se merecen lo peor, sino que seguramente
lo tendrán.
Los ovnílatras, siguiendo esta forma de no pensar, han creado
encantadoras fórmulas de salvación y los charlatanes han
medrado usando esa esperanza. Algunos de ellos han logrado fortunas
a niveles lo bastante obscenos como para que las autoridades hayan tomado
cartas en el asunto en países civilizados y los lleven a esperar
la salvación de los extraterrestres tras la seguridad de las
rejas. Por desgracia, tales casos han sido los menos. Generalmente los
charlatanes logran escapar después de embaucar a los ingenuos,
cuyo número suele ser muy alto.
EL “CONTACTO” DE MARLA
Tomemos por ejemplo en México a la señora Marla del Socorro
Pérez, quien súbitamente tuvo un “contacto”
con una persona que decía venir del Tíbet y que tenía
el encargo de comunicarse con ella. Según el mensajero, él
se encontraba en estrecha colaboración con lamas tibetanos que
vivían fuera de su país de origen y quienes a su vez estaban
dirigidos por seres de otros planetas. Ella recibió el encargo
de prepararse en centros orientalistas, esoteristas y espiritualistas
a fin de lograr que su mente de “desbloqueara” y fuera capaz
de desarrollar habilidades telepáticas.
Cuando, después de varios cursos intensivos, ella fue capaz de
sentirse "desbloqueada”, hizo su aparición un galán:
bien vestido, guapo, quien mirándola fijamente le transmitió
un mensaje telepático:
“Tú me esperabas, sabes de mi llegada, mi nombre es Amriz”.
“Evidentemente”, declaró ella, “este personaje
no era de la Tierra”.
Hasta aquí, amén de la similitud obvia con una telenovela
de la peor clase –¿existen de otra? –, todo apuntaba
al romance. Pero Marla ya no quiso dar más información
(¿por pudor, tal vez?) al respecto.
El hecho es que la susodicha se lanzó a partir de ahí
a difundir el "mensaje” de los extraterrestres e incluso
llegó más lejos: fundó una clínica de medicina
electrónica en la cual, entre otras cosas, se recetaban unos
globulitos “potenciados” con sustancias extraterrestres
capaces de curar todo. Hahnemann, creador de la homeopatía, seguramente
se habría revolcado en su tumba en sentido opuesto al de las
manecillas del reloj, de haberse enterado de esta grave falta a los
derechos de autor. Homeopatía de México, hasta donde sabemos,
guardó silencio. Pero los familiares de una de las víctimas
de las “promesas extraterrestres” no lo hicieron y a raíz
de su deceso se armó un escándalo. Cierre de la clínica.
Marla levantó la carpa (¿rescatada por los extraterrestres?).
Silencio.
RAËL
Y LOS ELOHIM
Pero
también medran entre nosotros los discípulos de “contactados”
de importación, como los seguidores mexicanos de Claude Vorilhon,
alias Raël, un corredor francés de autos que fracasó
tras el volante y decidió aplicar sus mínimas habilidades
imaginativas al fraude extraterrestre. Según Claude, el 13 de
diciembre de 1973, en la región de Auvergne, Francia, se encontró
con un ET llamado Eloha, del grupo de los Elohim –original el
señor, de veras–, que era obviamente un extraterrestre
cuyo alias provenía del hebreo y que según Claude significaba
“número considerable de ángeles o espíritus
de luz que animan y crean”.
El
tal “galáctico” le dio un mensaje trascendental y
la misión de crear la embajada de “ellos” en la Tierra.
Por supuesto con él como plenipotenciario. El símbolo
de los Elohim es, adivinaron, una estrella de David, la cual –¿es
burla?– tiene en el centro una svástica nazi. Los Elohim
crearon a los hombres a partir del ADN, lo cual se oye muy apantallador.
Y siguen cuidadosamente el desarrollo de su creación. Por supuesto,
Claude utilizó para armar su historia de “contactado”
las bases más burdas de la peor fantasía seudocientífica,
pues me niego a llamar a esto, como algunos despistados, ciencia ficción,
pues ésta es literatura y, caray, existen matices.
Conocí
a Claude en 1981 y lo entrevisté. El asunto casi terminó
en pleito porque resultaba que los Elohim tenían como base ideas
sumamente vulgarizadas de “Mein Kampf”. Hitler se hubiera
avergonzado. Salvador Borrego se habría sentido orgulloso. Hace
16 años me encontré con sus seguidores, que siguen recaudando
fondos para “la embajada”. Son en todo sentido dignos discípulos
de Claude.
Entonces,
¿creer o no creer? He aquí el dilema. Porque por un lado
tenemos las opciones de la esperanza y del otro el racionalismo. A fin
de cuentas la esperanza que pretenden vendernos los que utilizan la
ovnilatría no es otra cosa que un sincretismo burdo, seudociencia
libre, del ejercicio de la capacidad racional y obviamente del conocimiento.
Cada quien es libre de elegir la que más le agrade. Personalmente
prefiero las mieles del conocimiento.
¿Qué
hay de nuevo ET? Cómete ésta: estamos solos. ¿Y?
Publicado
originalmente en “El investigador escéptico” Nº
3, volumen 2. México, marzo-abril de 1990, pps. 3-5.
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