Ha
sido un año curioso. No estuvo “Toy”, pero sí
un supuesto ET paseándose por el Parque Forestal, el que puso
en evidencia la metodología endeble de ciertos personajes de
la subcultura ufológica. Una vez más los porfiados hechos
dieron la razón a nuestras reticencias. Ahora, ¿qué
podemos esperar? ¿Un nuevo marcianito botado a la vera del camino?
¿Asistiremos a las siguientes variaciones del Eterno Retorno?
A
propósito, con los contactados se traspasa una frontera sensible
del mundo ovnístico y se llega a una zona donde lo inverosímil
alcanza importantes niveles de estridencia. Este navío aceptó
el riesgo y prosigue, impertérrito, su viaje al corazón
mismo de ese mundo, adentrándose cada vez más en tales
territorios ignotos.
Ahora
nos toca apretar las clavijas en el caso de Billy Meier, permanentemente
reivindicado por los más entusiastas y tan frágil (por
decirlo de algún modo) en lo que concierne a la coherencia de
la historia. No pretendemos convencer a sus tozudos defensores pero
sí, quizás, hacerlos pensar con un poco de sentido crítico.
Quién sabe...
Ofrecemos
también una esperada y necesaria desmitificación del famoso
caso del mexicano Carlos Díaz, autor de varias ruedas de carreta
con las que muchos siguen comulgando. Y, para cerrar el dossier de contactismo
por el momento, nuevas reflexiones sobre los raelianos, acaso el grupo
contactista más boyante y vistoso de la actualidad.
Continuamos,
además, con el caso de Isla Trinidad y rematamos con los “garadiávolos”,
sin perjuicio de nuestras habituales recensiones bibliográficas.
Como
se ve, La Nave goza de buena salud y ofrece un variado menú primaveral
para sus pacientes lectores. Estos son, por supuesto, nuestra verdadera
razón de ser; de hecho, la necesidad que muchos tienen de leer
medios críticos, de encontrar una voz disonante, es lo que nos
ha mantenido con el norte claro, pese a tantas incomprensiones y a tantos
motivos de genuino desfallecimiento (partiendo por los económicos).
Nuestra recompensa es la convicción de estar ocupando un espacio
que, de no ser por La Nave, es muy probable que siguiera vacante. Elocuente
razón para que este modesto (o molesto, según las perspectivas)
pero orgulloso navío siga su insólita –e inesperadamente
prolongada– andadura.
Los
directores
Volver
al Nº 29