Nadie
sabe de dónde salió. No hay registros de su pasado y ella
asegura que es una viajera interestelar. Un verdadero caramelo que los
marcianólogos se perdieron. Por suerte.
Quizás
una buena manera de saber hasta dónde llega la influencia de
la ufología sea indagando más allá de su pequeño
mundillo. Un ejemplo de esto lo encontramos en la siguiente historia
ocurrida en Hawaii, donde durante varios meses los oficiales de seguridad
oyeron de la fascinante historia de una mujer que aseguraba provenir
del espacio. La fémina, que decía llamarse Ah, llevaba
mucho tiempo viviendo en las calles de Honolulu, a merced de todo tipo
de peligros.
La
mujer fue hallada tiempo después y puesta en manos del Centro
Médico Queen en marzo de este año. “Cuando la encontré,
los policías de inmediato la reconocieron como Annie, la intergaláctica.
Por su acento y forma de hablar, pienso que debe ser de la costa este
y de clase media o alta. Es una mujer muy educada y tranquila”,
comentó al periódico The Honolulu Advertiser Deborah Smith,
una asistente social.
La
mujer estaba muy delgada y enferma. No había comido en mucho
tiempo y sufría de un enfisema. Estaba tan débil que ni
siquiera podía mantenerse en pie y tan deshidratada que la policía
no pudo tomarle las huellas dactilares. Cuando se recuperó y
pudieron tomárselas, no pudieron hallar sus antecedentes en la
base de datos, donde hay más de 47 millones de impresiones digitales
de personas con pasado criminal. Entonces recurrieron al FBI y a los
listados de personas extraviadas, sin resultados.
Cuando
Smith la vio por primera vez, Ah estaba sentada en una silla cubierta
con una manta. Vivía bajo un árbol en los jardines de
las oficinas del Departamento de Agricultura de la ciudad. “La
vida en las calles puede ser peligrosa”, dice Smith. Tanto que
un 99 por ciento de las mujeres sin casa han sido golpeadas o atacadas
sexualmente. En algunos casos esas agresiones son tan salvajes que las
víctimas quedan enajenadas. Eso podría explicar el estado
de Ah.
Las
autoridades dieron a conocer que la mujer, con un ligero acento canadiense
y de rasgos caucásicos, mide 1,73 metros y pesa poco más
de 50 kilos. Tiene el cabello gris y debe haber nacido hace 60 ó
70 años. Lo más curioso de todo esto, y lo que hubiera
hecho las delicias de los ufólogos estafadores si hubieran sabido
de este caso, es que no se sabe nada del pasado de Ah. Nadie conoce
su origen ni a eventuales familiares.
“No
sabemos qué hacer”, opina Claire Ueno, quien trabaja en
el departamento de búsqueda de personas de la policía
de Hawaii. “No sabemos cuándo nació ni de dónde
viene”. Luego Ah se recuperó y no podía seguir en
el hospital. Para colmo, su “inexistencia” le impedía
tener seguro social. Por ello, los médicos que la atendieron
encontraron un lugar para ella en Mahelona, un centro para personas
con problemas mentales. Allí Mary Frances Graham, una trabajadora
social, conoció a Ah.
“Ella
tiene dignidad. Me dijo que se sentía mucho mejor y que estaba
recuperando su peso. Se siente segura, pero todavía no es capaz
de decirnos quién es. Aunque los médicos creen que sufre
esquizofrenia, sin su registro siquiátrico es difícil
dar un veredicto claro”.
Ah
se encuentra en el Mahelona, donde tiene una hermosa vista al océano
Pacífico y es atendida todo el día. Le dan los cigarrillos
que tanto le gustan y tiene a su disposición varios libros. Posiblemente
pase el resto de sus días allí.
Volver
al Nº 29