La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 29
¿QUÉ DEBE BUSCAR EL ESTUDIO DE UN CASO OVNI?
MILTON HOURCADE
(EE.UU.) - 2004

Los ufólogos llamamos “caso” a la denuncia del avistamiento de un OVNI, efectuada por una o más personas. Una vez planteado este reporte, tiene que comenzar la investigación, que debe realizarse diligentemente, no semanas, meses o años más tarde. Además, necesariamente tiene que hacerse in situ, porque es la única forma de efectuar importantes mediciones, reconstruir lo acontecido, y tener una impresión directa de los testigos, su medio, etcétera.

A mi juicio, no se deben hacer entrevistas por teléfono, correo electrónico, fax o carta. La validez de las mismas es muy pobre, y no pueden servir como elementos básicos para el posterior estudio de los acontecimientos. A lo sumo puede entenderse que –dadas las posibles distancias geográficas entre el lugar donde reside el ufólogo y el lugar de los acontecimientos–, posterior a la tarea in situ pueden solicitarse precisiones, aclaraciones o ampliaciones por esos otros medios.

La complejidad de un caso puede determinar que se dé rápida participación en el mismo a especialistas en distintas disciplinas, ya sea meteorología, astronomía, aeronáutica, botánica, geología, psicología, medicina, fotografía y radar, entre otras, quienes desde sus respectivas especialidades podrán brindar informes que ayuden a comprender y a descartar posibilidades de explicaciones convencionales para lo acontecido. Si no se dispone de esos contactos, es obvio que el estudio que se haga de un caso no va a tener ni la profundidad ni el alcance debidos, y por tanto las posibles conclusiones a que se arriben tendrán una dudosa validez.

Ante un caso, es necesario operar con la más drástica objetividad. El ufólogo no puede usar el caso como trampolín para justificar sus propios puntos de vista sobre el tema, y buscar elementos que sirvan de sustento a sus propias tesis. Por el contrario, lo único que se requiere es que se busque exactamente la verdad, y develar de la manera más racional posible qué es lo que realmente ha sucedido. Sentido común y la navaja de Occam son dos buenos consejeros.

Tampoco se trata de especular acerca de posibles explicaciones cuando éstas no pueden probarse. Es necesario contar con elementos sólidos para poder racionalizar lo aparentemente extraño, pero nunca forzar una solución, si la misma realmente no puede respaldarse con hechos o con opiniones especializadas y altamente respetables.

A lo largo de décadas, hemos sigo testigos de muchos “casos” que han adquirido fama internacional y que en realidad ni siquiera han sido debidamente estudiados.

Un caso no está investigado cuando sólo se dispone de declaraciones de los testigos, y tal vez de algunas fotos de ellos y del lugar del presunto acontecimiento extraño. Tampoco un caso se prueba por el uso de “detectores de mentiras” o regresión hipnótica, tan en boga últimamente.

Si hay instrumentos involucrados, es menester conocer con el manual de fábrica las características de esos aparatos, y cuáles son sus posibles problemas, así como constatar fehacientemente si estaban calibrados, funcionando de forma correcta, o debieron ser reparados antes o después del acontecimiento OVNI, por ejemplo.

Una vez reunidos absolutamente todos los datos, toda la información, todos los informes técnicos y/o especializados, entonces se llega recién a la etapa de estudio del caso, donde comienza el camino hacia una conclusión.

Pero el análisis requiere que primero se haya cumplido con lo que llamamos la investigación de campo. No es de recibo que alguien pretenda estudiar un caso que nunca investigó, y lo haga cómodamente desde su escritorio, para especular con posibles soluciones.

Los ufólogos de escritorio son una caricatura de un verdadero ufólogo. Éste se ensucia sus manos de barro, suda bajo el sol o se empapa bajo la lluvia, pero comienza su actividad donde tiene que ser: allí donde acontecieron los hechos.

Aquí no se trata de que alguien haga alarde de destreza mental, ingeniosidad, o perspicacia. Se trata de llegar a la verdad, pero fundamentalmente, y por ello, de tener honestidad intelectual y ejercerla.

Reitero, hay casos famosos que no fueron debidamente investigados. ¿Qué investigación meticulosa y a fondo se hizo del caso Antonio Villas Boas en Brasil, o del caso Betty y Barney Hill en los Estados Unidos? ¿Qué investigación y estudio adecuados se hicieron de las fotos de la Isla de Trindad o del caso Pascagoula?

Pienso que cuando se investiga y estudia correctamente, los resultados aparecen con diáfana validez. Como el caso de las fotos de San José de Valderas o el del lanzamiento de un cohete Polaris por un navío de guerra estadounidense en las Islas Canarias, por citar un par de ejemplos.

En Uruguay, país donde nací y organicé el CIOVI, existen decenas de casos que fueron motivados por satélites artificiales, bengalas, aviones en la ruta Buenos Aires-Montevideo, Venus, Júpiter y hasta la misma Luna. Hay más, como la expansión de gases en la alta atmósfera, producto de la quema de la última etapa de cohetes rusos lanzados desde Plesetsk o las “asociaciones indebidas” (como me gusta llamarlas) entre un apagón local y niños jugueteando con faros contra una capa baja de nubes.

También se me hace necesario decir que no debe influir un falso nacionalismo al tratar un caso, lo cual puede llevar a no querer reconocer o aceptar que de pronto éste tuvo como origen las actividades de otra nación en territorio de uno. Por ejemplo, los casos que pueden gestar ciertas operaciones o maniobras militares, con participación de buques y aviones extranjeros, en el territorio de un determinado país. O bien el traspaso de la frontera o “invasión” de un avión espía de un país a otro con el cual tiene fronteras.

Si éstas son las circunstancias, y las mismas racionalmente pueden explicar el caso, no hay que forzar soluciones retorcidas, para no querer reconocer la realidad.

Y si un ufólogo o institución ufológica tiene ciertas limitaciones prácticas para obtener en su país determinados análisis, debe pedir inmediata ayuda internacional, porque otros pueden contribuir eficazmente a tales efectos, con la finalidad de completar el estudio de un caso.

Eso es lo que debe pretenderse que esté detrás de un avistamiento OVNI, cuando se le presenta como tal.

La casuística OVNI –hay que reconocerlo honestamente– está llena de casos no investigados o mal investigados (lo cual es prácticamente lo mismo) que buscan “probar” la presencia de lo extraño, y casos “solucionados” que responden a meros ejercicios de especulación para negar toda posibilidad de algo diferente. Sobre esas endebles bases, nada firme puede sostenerse. De modo que caen de suyo las estadísticas y los porcentajes basados en las mismas.

Sólo son válidos los porcentajes de casos explicados e inexplicados que surgen de una auténtica y eficaz labor de investigación y estudio, como, a vía de ejemplo, la que el CIOVI ha llevado a cabo durante décadas en Uruguay.

Nota del editor: Publicamos este artículo pese a estar en desacuerdo con varios de los asertos acá expresados. Nos referimos particularmente a los ataques en contra de los “ufólogos de salón”, quienes generalmente aportan las ideas y terminan explicando casos que los “ufólogos de terreno” no son capaces de resolver.

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