| Cazadores
del misterio /
Anita Karina
González
Memoria de título (Universidad de Chile) / 1998
/ 175 págs.
Estrictamente
hablando, el trabajo de Anita Karina González no es un libro sino una
tesis universitaria. En esta sección, sin embargo, le damos tratamiento
de libro por su originalidad, extensión e interés. La lectura de esta
tesis para optar al título de periodista, escrita por una estudiante chilena,
se transformó en una novedad y una grata sorpresa para los editores de
este boletín. Y ello por dos razones. Primero, porque las publicaciones
ufológicas nacionales -salvo una que otra excepción- carecen de todo sentido
crítico. Y Cazadores del misterio lo aporta, sin ninguna duda. Segundo,
porque se trata de un texto pergeñado por una persona ajena al mundillo
de la ufología; la consecuencia es que esta joven demuestra una mayor
lucidez para contemplar la trastienda ufológica... que los más famosos
y veteranos exponentes de la misma.
Cazadores
del misterio es un viaje por algunos recovecos importantes de la investigación
ufológica en Chile y sus principales operadores. En todo caso, se trata
de un viaje por vía terrestre, sin concesiones fáciles al imaginario ufológico
tradicional. Ya en la presentación se intuye el "buen hacer" de la autora,
en dos deliciosos párrafos cuya cita no puedo eludir (p. 4):
"Por
razones que aún se discuten, sin embargo, la tendencia vulgar, cuando
se habla de ovnis, es asociarlos de inmediato con naves venidas del espacio
exterior. Las consultas más repetidas, por lo tanto, dan un salto arbitrario
hacia la certeza y suelen restringirse a ¿QUIÉNES son? y, desde ahí, a
variaciones algo pueriles sobre su 'naturaleza' inteligente.
"Si
es por lo que vemos en los medios de comunicación, el tema se alimenta
de los despojos de una racionalidad abatida, condenada al rincón de la
superchería y del sensacionalismo. Su vaguedad es tal que parece incapaz
de trascender el lugar común, la observación frívola, la especulación
caprichosa y la redacción inconsistente de un periodismo fácil que, de
vez en cuando, llena treinta segundos de televisión, o alguna página izquierda
en un diario, con uno o dos testimonios de 'extrañas luces en el cielo'".
En
general, nuestros ufólogos no son muy diestros en el arte de la expresión
escrita. Entonces, debe destacarse el "buen estilo" de la autora, que
no se prodiga inútilmente en neologismos baratos y lugares comunes (tan
en boga por los días que corren). Y lo anterior, sin perjuicio de la ingeniosidad
de algunos títulos: "Entre amigos" (definiendo a los grupos ovnísticos
chilenos); "Más de un cabo suelto" (en torno a la famosa abducción de
Armando Valdés); "Visiones que dejan huella" (sobre los aterrizajes);
etcétera.
Por
cierto, estamos ante un trabajo que muestra grandes limitaciones en la
información y bibliografía utilizadas. En esta última, acaso lo más contundente
sean dos títulos: uno de Jacques Vallée (Fenómenos insólitos del espacio)
y otro de Peter Brookesmith (Documentos UFO). El resto, unos pocos libros
nada rigurosos y un conjunto de artículos de revistas comerciales, encabezadas
por Conozca Más. De hecho, en general parece evidente que a la autora
le es ajena la literatura paraufológica, escéptica y psico-social más
relevante: ése, sin duda, es el mayor defecto de la obra. Pero esto, que
bien podría tenerse por una seria debilidad, muestra asimismo una vertiente
meritoria, pues cabe celebrar que -con tan menguados materiales en la
mano- haya podido desembarazarse de los más grandes tópicos de la ufología
"de feria". Esto, repito, no es poco mérito, considerando las características
de nuestro medio y vale, por lo mismo, un comentario elogioso.
Naturalmente,
Anita Karina muestra a ratos cierta credulidad, yo diría que casi involuntaria;
no es infrecuente que muerda el anzuelo de informaciones dudosas que le
transmiten algunos de nuestros ufólogos (a guisa de ejemplo, la divisa
de que Chile es un país que interesa especialmente a los extraterrestres);
mas, a medida que se avanza en la lectura, uno percibe que sus respetuosas
y parsimoniosas indagaciones sólo disimulan parcialmente su perspicacia.
Lo
dicho demuestra que el "periodismo ufológico" tiene más amplios designios
que la mera divulgación superficial y la explotación sensacionalista.
Al respecto, la autora reflexiona sobre el desinterés del periodismo criollo
en el abordaje serio del fenómeno OVNI, no desaprovechando la oportunidad
de asestar palos tanto a aquellos que se burlan irreflexivamente de la
temática como a los que asumen sin más las creencias del submundo ovnístico.
Por ejemplo, en la página 158 (en las conclusiones):
"Si
lo que se busca es lucir, el tono sarcástico es lo mejor. Y, por supuesto,
hablar de marcianos y decir varias veces platillo. Eso siempre ayuda:
es la señal inequívoca de que uno no sabe ni se interesa. Si eres periodista
y quieres hacerte respetar, cuídate de no pasar por ingenuo. Sólo los
ingenuos 'creen' en ovnis. Porque referirse a los ovnis significa, siempre
y en todo momento, CREER, en las naves, los extraterrestres, la autopsia
de Roswell, los enanitos verdes o grises, los embarazos alienígenas y
las comunicaciones telepáticas con seres del espacio."
Por
fortuna, la autora tiene la excelente costumbre de entrecomillarlo todo
y dejar que sus interlocutores (la obra contiene varias entrevistas) se
entretengan con las especulaciones características del gremio ufológico...
Lo hace, sin llegar a tomar partido. Y así nos enteramos de cosas curiosas.
En la portada del capítulo "Encuentro alienígena" (p. 112) se informa
que la agrupación MUFON-CHILE (léase: Jorge Anfruns) ha calculado que
uno de cada 627 mil chilenos vivirá tal clase de encuentro alguna vez
en su vida. Estadísticas que habría envidiado Claude Poher, sin duda.
Ni preguntemos en base a qué parámetros las obtienen...
Pero,
volviendo a Anita Karina, su tesis -que incluye muchas de estas curiosidades-
se convierte en un retrato oficioso del pensamiento y la acción de la
mayoría de nuestros ufólogos. Allí desfilan, con su pasión y sus obsesiones,
el ya citado Anfruns, Rodrigo Fuenzalida, Roderick Bowen, Patricio Varela,
Mario Dussuel, Aquiles Castillo y algunos más. Por cierto, no estamos
aún ante la gran historia social de nuestra ufología (al estilo del magnífico
retrato del antropólogo Ignacio Cabria, sobre la ufología española). No
obstante, diremos que la autora nos proporciona un excelente apronte de
dicha historia, un avance pletórico de información útil, dejando un fructuoso
legado para los investigadores que se atrevan a recoger el testimonio.
En
suma, Cazadores del misterio es una ráfaga de aire fresco en nuestra enrarecida
atmósfera ovnística; un afortunado producto de una competente y esmerada
investigación, en medio de grandes carencias informativas; por lo mismo,
un trabajo digno y recomendable que, cuando no acierta, por lo menos pasa
rozando el blanco. Lo que es congruente con una advertencia al lector
que aparece en la presentación: "Desde ya, te aclaro que no encontrarás
más conclusiones que las que tú mismo puedas extraer, si así lo quieres.
Mi meta ha sido (¿apenas?) aprovechar el resquicio académico de esta Memoria
para dar libertad de acción a la curiosidad y la incertidumbre" (p.5).
Una promesa que está cumplida con creces.
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