Existen
muchas otras posibles confusiones de aves pertenecientes al orden de
los estrigiformes (búhos) en los casos OVNI de todo el mundo.
Hemos listado una docena de ellos, con la ayuda de nuestros amigos de
Francia (especialmente del grupo CNEGU) y de otros países (Italia,
España, etcétera). Entre estas gemas, detallaremos cuatro
casos. Debido a la información parcelada que manejamos, no podemos
realizar un estudio más profundo. Por eso serán presentados
aquí de forma sucinta, con la esperanza de incitar nuevas investigaciones.
Entre
San Quirze de Safaja y Sant Feliú de Codines (España).
Comarcal 1413, septiembre de 1967, alrededor de las 9.30 PM
Mauricio
Wiesenthal y su novia María Font viajaban en su vehículo
cuando vieron a una criatura cruzar la carretera a una distancia de
120 metros. La pequeña entidad de color verde brillante tenía
70 cm de altura. La cabeza, con forma de huevo, era proporcional con
el cuerpo, donde no había cuello visible. El ser tenía
unos brazos enormes y unas manos muy grandes. Caminaba con tranquilidad
y repentinamente aumentó su velocidad y desapareció. Su
vientre era voluminoso y sus nalgas sobresalían. El ser avanzaba
moviendo con dificultad los codos y las rodillas. La superficie del
cuerpo era como satín brillante, con un color verde fosforescente
como neón. La observación duró ocho segundos, aproximadamente.
No se vio ningún OVNI.
Referencia
- “Lumières dans la Nuit”. Contact Lecteurs N°4.
Pps. 15-16. Noviembre de 1971.
Los testigos
describen aquí una entidad de color verde fosforescente. ¿Pudieron
haber visto un búho luminoso? O, más simple aún,
¿hubo en este caso un reflejo de las luces del vehículo
en un ave nocturna (aspecto de satín brilloso) y, por el color
(neón verde), una inspiración en el caso Kelly-Hopkinsville,
que obtuvo una enorme cobertura de prensa?
Si
el tamaño estimado es confiable, el ser pudo ser un búho
con sus orejas levantadas. Si el tamaño es exagerado, podría
tratarse de otra clase de búho. El movimiento del codo correspondería
con el de las alas durante un paseo, movimiento que es característico
en las aves. El movimiento de las rodillas no existe en la locomoción
de estas aves y podría ser una interpretación de su muy
particular movimiento de patas, poco adaptadas a la superficie de un
camino.
El
animal quizás fue perturbado en su territorio por unos incendios
forestales que ocurrieron ese mismo día alrededor de las 4 de
la tarde, y pudo haber elegido dejar el lugar y buscar territorios más
tranquilos.
Más
que el misterio de la entidad, que se parece mucho a un ave con su apariencia
de “pollo enorme”, sería interesante aclarar el origen
de la luminiscencia verde. ¿Fue causada por esporas o fragmentos
de hongos y, si fuera así, por cuáles? Debe considerarse
que los búhos luminosos, descritos como tales, no tienen este
color verde. ¿Está involucrada otra especie de hongo o
bacteria luminiscente en este caso?
Tengo
que concluir que esta caja de pandora llamada ufología ofrece
mucho para pensar a distintas ramas de la ciencia (ornitología,
bacteriología, micología). Pretendo seguir contactando
a diversos especialistas para obtener sus opiniones sobre estas cuestiones.
Siguiendo
nuestra modesta investigación sobre el caso de Sant Feliú
de Codines, otro caso fue propuesto amablemente por Manuel Borraz, a
quien agradezco acá su colaboración.
Los
Alcazares (Murcia), abril de 1966 a las 2 AM en un campo militar
Un soldado
inexperto vio dos pequeños hombres, de 65 cm. de altura, con
vientre y nalgas sobresalientes, brazos excesivamente largos, piernas
cortas y una cabeza como una pera invertida. Parecían llevar
gafas color amarillo fosforescente. Sus cuerpos de verde brillante lucían
transparente, aunque ningún órgano interno pudo verse.
Referencia
- Vicente-Juan Ballester-Olmos. “Ovnis: el fenómeno aterrizaje”.
Pág. 300. Plaza & Janés. Barcelona. 1978.
La descripción
de la entidad se parece a la vista en el relato anterior, tanto que
podemos preguntarnos nuevamente sobre una posible influencia de la prensa
de este caso sobre el de Sant Feliú de Codines. Para mí
esta influencia es imposible de evaluar, pues no vivo en España.
Si no existe, estos dos casos tenderían a confirmar la realidad
y posibilidad de reproducir estas tenues luces verdes, que aparecen
al menos entre primavera y otoño en España.
Si
el tamaño es correcto, tenemos acá un par de búhos
caminando. Los ojos amarillos (iris) son típicos de los búhos
de orejas cortas, que prácticamente no tienen esos penachos laterales
que parecen orejas. La “pera invertida” o cara con forma
de corazón es más típica de las descripciones de
las lechuzas. La forma redonda y la inexistencia de orejas incitan a
favorecer a estas últimas. Sin ningún dibujo realizado
por el testigo o detalles más específicos, es difícil
sacar alguna conclusión.
Debe
observarse que, como en Kelly-Hopkinsville, el testigo entró
en pánico al ver las dos entidades. Esto es más comprensible
si vemos que era su primera noche como vigía.
Cedo
al placer de presentarles, otra vez brevemente, dos nuevos y edificantes
ejemplos, tomados de un estudio aparecido con más detalles en
el número 7 de la revista del CNEGU “Les Mystères
de l’Est”.
Cabo
Rojo, ruta 101 (Puerto Rico), 31 de agosto de 1990
Miguel
Figueroa manejaba su auto cuando vio cinco pequeñas entidades
grises, de cuerpos muy delgados, enormes cabezas, orejas puntiagudas,
bocas reducidas a unas aperturas, nariz diminuta y unos grandes ojos
almendrados de color blanco. El testigo vio un cegador rayo de luz que
se le acercaba, lo que lo apuró a detenerse. Estas criaturas
saltaron de un puente y caminaron a lo largo de un río. Dejaron
marcas de pies con tres dedos. Ningún OVNI se vio. Las entidades
son vistas con regularidad en la misma área.
Referencias
- Timothy Good. “The UFO Report”. Sidwick & Jackson.
Londres. 1992. Pág. 107.
- Jean-Gabriel Greslé. “Objets volants non identifiés,
un pilote de ligne parle”. Guy Trédaniel. 1993. Pps. 203-204.
- Timothy Good. “Alien Update”. 1993.
Quizás
el señor Figueroa también vio una familia de búhos
(¿búho real, búho chico o búho de orejas
cortas?). El dibujo que ilustra este caso presenta llamativas similitudes
con los conocidos (al menos entre los ufólogos) dibujos de las
entidades de Kelly-Hopkinsville. Debe notarse que dos de las entidades
son más altas que las otras. Sencillamente tenemos un par de
padres con sus pequeños hijos. A fines de agosto, los polluelos
ya han dejado el nido. Es importante resaltar que el búho real
hembra normalmente pone dos o tres huevos, a veces cuatro y muy raramente
cinco o seis.
El
testigo describe enormes cabezas, orejas puntiagudas, una boca reducida
a una apertura, una nariz diminuta y unos ojos grandes. Podremos ver
todos esos detalles si miramos la fotografía de un búho
real. Este pájaro tiene una cabeza voluminosa, sobre la cual
tiene penachos de plumas de unos 8 cms. de largo.
El
ave, al sentirse perturbada, eleva esos penachos como señal de
excitación. Los ojos blancos enormes son los discos faciales.
Describirlos como “almendrados” es una distorsión
ufológica (ojos de “pequeños grises” o del
“chupacabras”) o una impresión causada por un párpado
transparente entreabierto (a menudo posicionado de forma oblicua).
Sorpresivamente,
no tenemos ninguna descripción del brillante iris anaranjado
o amarillo, tan característico de los búhos. Pero los
“rayos lanzados desde los ojos” que el testigo describe
podrían ser una fascinante reflexión en el iris. Desgraciadamente,
no tengo mucha información sobre este caso y desconozco las condiciones
lumínicas (no se sabe la hora ni si las luces del auto estaban
prendidas o apagadas).
Las
marcas de los pies de tres dedos son lógicas en la medida que
los búhos apoyan tres de sus cuatro dedos al caminar. Los cuerpos
delgados sugieren que las aves tomaron una postura elongada para aparecer
más altos ante un ser humano (potencialmente enemigo) o debido
a un reflejo de camuflaje (usual en los búhos de orejas alargadas
o búhos chicos).
Timothy
Good reporta otro caso que ocurrió en julio de 1989, también
en el manglar, donde el testigo, Arístides Medina, vio varias
veces seres fluorescentes (que eran obviamente estrigidae), dos de ellos
parados (¡de 90 cm a 1,10 metros de altura!) y otros medio ocultos
en la vegetación. Medina asegura que el área fue acordonada
por oficiales federales, y el acceso prohibido por “autonominados
representantes” del Departamento de Recursos Naturales de Puerto
Rico. Este detalle ilustra muy bien la paranoia que acompaña
a esta clase de errores. Sin duda estos extraterrestres son una especie
muy extraña de rapaces, legítimamente protegidas por las
autoridades locales…
Stockton
(Ohio, Estados Unidos), 3 de julio de 1955, 3.30 PM
Cuando
la señora Symmonds vio en un camino a cuatro entidades iluminadas
por las luces de su auto, lo primero que pensó fue que eran animales.
Los seres eran de entre 1,05 a 1,20 metros de altura y vestían
un traje gris-verdoso sin botones. Uno de ellos se sostenía en
un palo (¿enterrado en el piso?).
Sus
brazos eran demasiado largos comparados con su cuerpo y sus manos tenían
unas enormes garras en los dedos. Los hombros eran cuadrados, amplios
y robustos. Sus cabezas eran grandes, al igual que sus ojos sin párpados,
que reflejaban una luz rojiza. Tenían también una larga
y encorvada nariz y una boca con pequeños labios. Cuando el auto
se acercaba, uno de ellos se alejó, y se volvió hacia
el testigo con los brazos levantados. Usaba una suerte de sombrero flexible
con los bordes dados vuelta. Ningún OVNI fue observado.
Referencias
- Isabel Davis y Ted Bloecher. “Close Encounters at Kelly and
others of 1955”. Center for UFO Studies. 1978. Pps. 149-160.
- Charles Bowen. “The Humanoids”. Neville Spearman. 1966.
En castellano: “Los humanoides”. Editorial Pomaire. Barcelona,
España. 1967.
- “Inforespace”. N°50. Marzo de 1980. Pps. 23-24.
Está
claro que nos enfrentamos con una familia de búhos reales: Los
ojos anaranjados sin párpados son característicos. Los
penachos volteados parecen un sombrero como el visto por la testigo.
Las plumas marrones de las alas dan la ilusión de un traje gris.
Son también fáciles de identificar los empalmes de las
alas (de hecho son los codos en el esqueleto de un ave). Las alas, dobladas
hacia atrás a la altura de los hombros, dan la impresión
de un cuerpo ancho, y las puntas de las alas son vistas como garras.
En
cuanto al ser que parece tener un palo y llevarlo a tierra (el mismo
detalle del caso de Branch Hill, Ohio, de marzo de 1955, 4 AM), uno
de los búhos quizás estaba usando una rama para limpiar
su pico o para comer algún insecto que hubiera en ella. A comienzos
de julio, los polluelos de búho real están todavía
en los nidos aprendiendo a volar. Es, por lo tanto, posible que sus
padres sigan manteniendo el nido y recolectando ramas para consolidarlo.
La
elevación de los brazos (de las alas en realidad) es una actitud
defensiva también descrita en el caso Kelly-Hopkinsville. Acá
nuevamente el tamaño de los seres es sobreestimado y se observa
una coloración gris-verdosa.
CONCLUSIÓN
Sin
duda alguna, muchos otros avistamientos de las llamadas entidades extraterrestres
o entidades voladoras en distintos casos del mundo quizás sólo
sean errores de interpretación de aves nocturnas.
También debe tenerse en cuenta que, en algunos casos, aves “pequeñas”
(de 30 a 70 centímetros de altura) son descritas como seres de
tres metros (como en el caso Sutton-Flatwoods), sólo debido a
que se suben a una rama o se ubican en algún agujero de árbol
o roca saliente. Los ufólogos tendrán que ser más
cuidadosos con los tamaños ilusorios (y restringir las categorías
de humanoides) si quieren saber qué fue lo que vio el testigo.
Permítanos apuntar que:
- Este tipo de confusión era más frecuente en el pasado,
durante los cincuenta y sesenta, que en la actualidad. Esto puede ser
explicado por el hecho de que algunas especies estrigidae están
en peligro de extinción (al menos en los países europeos)
y que recién ahora comenzamos a oír nuevamente sus graznidos
en el continente.
- Que con frecuencia estos errores o confusiones no están relacionados
con avistamientos de OVNIS, pero sería un serio error pensar
que esto es siempre así (ver los casos Kelly-Hopkinsville y Sutton-Flatwoods).
Muchas de las más extrañas historias de OVNIS están
compuestas por elementos independientes y múltiples equivocaciones
que son amalgamadas en un relato inusual. La literatura OVNI, a veces
por razones prácticas, a menudo entrega sólo resúmenes
de los casos, lo que refuerza la ilusión de una unidad en el
tiempo y en el espacio y de un vínculo directo entre los OVNIS
y las entidades.
- Que existen increíbles similitudes entre las aves nocturnas
y los seres aparecidos en los estudios tipológicos de extraterrestres
realizados por Jader U. Pereira y Eric Zurcher. Para algunos seres pequeños
(clasificados como casos aislados o de formas no humanas), de 90 centímetros
a 1,20 metros de estatura, los testigos describen una nariz puntiaguda
o en forma de gancho, unos ojos grandes y brillantes, una pequeña
boca como si fuera una línea, un cuerpo melenudo o luminoso,
una cara plana, una cabeza con o sin orejas, cubierta o no (casco, máscaras,
sombreros, boinas, anteojos…).
Estos seres pueden ser agresivos, indiferentes o huidizos. Cuando leía
los libros sobre rapaces nocturnos (y veía sus fotografías),
encontré todos esos pequeños detalles que convierten a
estas aves en humanoides extraterrestres. Todas esas claves fueron ignoradas
por los ufólogos, quienes están muy poco interesados en
conocer a los a veces extraños seres que habitan nuestro planeta,
y demasiado impacientes por correr detrás de hipotéticos
extraterrestres.
Si la presente publicación puede contribuir a abrir sus ojos
a nuevas vías para entender los testimonios y otras afirmaciones,
habrá cumplido con su objetivo. Si permite obtener ayuda para
reforzar nuestros modestos medios de investigación (en vista
de futuras indagaciones y contra-investigaciones, estudios y desarrollo
de colecciones documentales), habrá superado sus metas.
Quienes
deseen seguir adelante, pueden contactar a Eric
Maillot. El siguiente paso es examinar, en una próxima publicación,
el rol que estos rapaces nocturnos pudieron haber jugado en tiempos
más remotos, en especial en el folclore y en distintos fenómenos
inusuales, a veces conectados o internados en la ufología.
Renaud
Leclet era miembro del SCEAU (“Preservación y
con-servación de estudios y archivos ufológicos”,
en castellano) y miembro de CNEGU (acrónimo francés para
“Comité de grupos OVNI del noreste de Francia”) desde
1997.
Fue
un investigador de campo que publicó varios artículos
en “Les Mystères de l’Est”, la revista del
CNEGU, además de una notable investigación explicando
el caso Gué d’Hossus (que fue investigado por el SEPRA),
una revisión crítica de la llamada mini-oleada de agosto
de 1998 (el “OVNI de Ardennes”) y otros ensayos explicando
casos antiguos como errores de interpretación. También
trabajó en catálogos OVNI regionales y manejó una
base de datos con casos OVNI.
Leclet
falleció el 16 de diciembre de 2004, a la temprana edad de 35
años, luego de una difícil operación, de la que
desgraciadamente jamás pudo reponerse.
Publicado
con autorización / Traducción de Diego Zúñiga
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