En
el número anterior de La Nave de los Locos publicamos el largo
ensayo de Renaud Leclet sobre Kelly-Hopkinsville y la posibilidad de
que las lechuzas provoquen confusiones con humanoides. En ese trabajo,
Leclet repasó algunos casos españoles que nuestro amigo
Manuel Borraz quiere complementar con estos antecedentes. Déle
un vistazo, que no se va a arrepentir.
Lugar:
Campamento Militar de Los Alcázares (Murcia). Fecha aproximada:
abril de 1966. Hora: 02h00.
Cuando
un soldado estaba de guardia en el exterior del campamento, vio a dos
hombrecillos verdes cruzar la zona militar y la cercana carretera y
perderse entre las palmeras. Su aspecto era: 65 cm de altura, estómago
y nalgas salientes, brazos exageradamente largos, piernas cortas y cabeza
en forma de pera invertida; parecían llevar lentes amarillo fosforescentes.
El color verde era brillante y daban la impresión de ir desnudos,
aun cuando no pudo observarse ningún órgano. El investigador,
que acudió hasta el sitio donde se hallaba el soldado al oír
sus gritos, certifica su inequívoco estado de pánico y
su excitación nerviosa.
Hemos
tomado el resumen del caso de "OVNIS: el fenómeno aterrizaje",
de V. J. Ballester Olmos (Plaza & Janés, Barcelona, 1978.
Pág. 300).
Una
de las características más sorprendentes del incidente
era –tal como hizo resaltar el propio informante– el extraordinario
parecido de los seres con el observado, casi un año y medio después,
cerca del pueblo catalán de Sant Feliu de Codines Sigue un resumen
de este segundo suceso.
Lugar: Sant Feliu de Codines (Barcelona). Fecha: 25 de septiembre
de 1967. Hora: 21h30.
El señor Mauricio Wiesenthal y su novia, María Rosa Font,
en viaje a Barcelona, estaban a 4 kilómetros de distancia de
Sant Feliu de Codines cuando vieron, a la luz de los faros, una criatura
humanoide a la que casi atropellaron. De unos 70 cm de altura, mostraba
una poderosa barriga, nalgas muy grandes, brazos muy largos y piernas
proporcionadas con el tronco. Su piel era de color verde brillante y
parecía ir desnudo o bien vestía un traje muy ajustado.
Ambos testigos quedaron muy impresionados por lo que habían visto.
Volviendo al caso de la base militar de Los Alcázares, la información
original no dice mucho más. No obstante, conviene hacer algún
comentario sobre la fiabilidad de dicha información.
1. Los detalles no se conocen directamente a través del testigo,
sino por mediación de la persona que acudió en su auxilio
durante la guardia. De hecho, se desconoce la identidad del testigo.
2.
No hubo una investigación. Simplemente, el informante escuchó
las explicaciones que pudo darle el nervioso testigo cuando comenzó
a calmarse un poco pero, terminada aquella guardia, ya nunca volvieron
a hablar del tema.
3.
Según parece, el informante no hizo público el caso hasta
unos cinco años después, cuando lo comunicó al
Centro de Estudios Interplanetarios. Escéptico en la época
del suceso, lo había achacado al miedo y la imaginación
del testigo. Pero un año después –según contaba–,
la prensa publicó casos similares y así fue como comenzó
a interesarse por el tema, acudiendo a libros y revistas especializados.
Al cabo del tiempo, terminó siendo un "convencido".
Fue ENTONCES cuando decidió hacer una especie de dibujo-robot
de los seres. La publicación del Nº 4 (marzo de 1971) del
boletín del CEI “Stendek”, donde, entre otros casos,
se hacía referencia al ya mencionado encuentro de Sant Feliu
de Codines, lo impulsó finalmente a relatar el caso.
Tenemos, pues, un testimonio de segunda mano, recogido de labios de
un desencajado testigo por un encuestador improvisado que lo divulgaría
cinco años más tarde, después de conocer la recién
publicada información sobre el caso de Sant Feliu de Codines...
Todas estas circunstancias hacen que podamos plantearnos dudas sobre
la fiabilidad de los detalles del caso de Los Alcázares y, por
añadidura, sobre el presunto sorprendente parecido de los seres
descritos en uno y otro caso.
Pero,
al margen de la cuestión de si la descripción que nos
ha llegado de las criaturas de Los Alcázares es o no fiable,
queda en el aire la pregunta de qué sucedió realmente.
Si nos inclinamos por dejar de lado la posibilidad de un fraude pero
evitamos también recurrir a alienígenas enanos con unos
kilos de más o cosas peores, la opción que nos queda es
considerar que la imaginación le jugó una mala pasada
al testigo.
El
informante, que antes de su conversión ufológica estaba
convencido de que todo había sido una “broma de imaginación”,
una “novatada del miedo”, resaltaba que aquella guardia
fue para el recluta testigo “su primer servicio de ese tipo, de
noche, al descubierto, y totalmente solo”. Silencio, oscuridad,
miedo. Si realmente fue así, nunca sabremos si se trató
de una alucinación pura y dura o si en verdad hubo algo que deambuló
por allí (¿animales?) y que la mente del testigo disfrazó
de criaturas verdes.
En
aquellos momentos, después de escuchar su relato, el informante
llegó a sugerirle al testigo que quizás había visto
una pareja de guardias civiles, de verde uniforme, y que su imaginación
había hecho el resto... No sirvió para calmarlo, y de
hecho no parece una propuesta muy afortunada.
En el caso de Sant Feliu de Codines, se le sugirió a los testigos
–recordemos que eran dos, por lo que cobra fuerza la posibilidad
de que realmente hubieran visto algo y lo hubieran confundido, en detrimento
de la hipótesis puramente alucinatoria– que quizás
habían visto un tejón cruzando la carretera. Los testigos,
claro está, no eran de esa opinión. En caso contrario,
el suceso no habría llegado a las páginas de la literatura
ufológica.
¿Vieron los observadores de Sant Feliu de Codines y de Los Alcázares
algunos ejemplares de búho o de lechuza como apuntaba Renaud
Leclet en la nota publicada en el número anterior de La Nave
de los Locos? El principal problema de esta hipótesis sería
la luminosidad de los cuerpos observados. En el primero de los casos
todavía podríamos suponer que el animal reflejaba la luz
de los faros del coche. Pero, ¿y en el segundo caso? Por otro
lado, ¿a qué se debería el color verde de la luminosidad
en ambos casos? Leclet nos recuerda la existencia de raros testimonios
acerca de “lechuzas luminosas” (bioluminiscencia relacionada,
al parecer, con ciertos hongos presentes en ramas y troncos en descomposición),
pero reconoce que en los casos conocidos no aparecen descritas con ese
color verde.
Se trata de una pista a seguir que, por el momento, no acaba de resolver
todos los interrogantes que plantean estos dos casos.
Extracto
del artículo "Desde la garita", publicado "Papers
d'Ovnis" Nº 27. Enero-Marzo de 2002
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