La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 33
Libros LUCES EN LOS CIELOS
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2005

Luces en los cielos / Ricardo Campo
Editorial Benchomo / Tenerife (España) / 2003 /231 páginas

Los tiempos cambian y uno va cambiando con ellos. En otras épocas, más despreocupadas y juveniles, buscábamos libros abracadabrantes, repletos de maravillas; extraterrestres, continentes perdidos, pirámides submarinas, todo eso nos convocaba y, salvo ciertas cosas extremas, todo lo creíamos. Naturalmente, a la vista de los fríos hechos y conociendo mejor a los escritores de prodigios, comenzamos a desear otros libros, esos que nos permitían dar una mirada crítica, desmitificadora y, en realidad, liberadora. Estos ejercicios comenzaron a ser, en algún momento, más interesantes que las recopilaciones fantásticas.

“Luces en los cielos” forma parte de esta segunda clase de literatura sobre temas misteriosos. Ricardo Campo nos ofrece un panorama prístino y actualizado; conciso, mas no superficial; divulgativo, pero sin tópicos. Cómo pensar el tinglado ovnístico y sobrevivir a la confusión, a los dislates lógicos, a las manidas falacias, a las clásicas pasadas de “gato por liebre”: es lo que Campo hace en el número preciso de páginas, yendo directo al grano y explicando en términos claros lo difícil.

La prosa de Ricardo Campo, profesor de filosofía en la Universidad de La Laguna en las Islas Canarias, es el fiel reflejo de su forma de pensar, de su rigor lógico y de su severidad ante las ruedas de molino. Late siempre en ella la necesidad (y el esfuerzo pedagógico) de situar la problemática OVNI en un contexto más amplio, diferenciado de las trivialidades mediáticas y de los avatares de la cultura popular:

“Nunca como ahora se hace necesario reivindicar el pensamiento crítico ante el auge de ciertas actividades y ‘técnicas’ que parecen posibilitar ‘conocimientos alternativos’ (...) No en vano determinadas publicaciones comerciales, haciendo alarde de absoluta irresponsabilidad, se permiten identificar al racionalista y al escéptico como enemigo de todas las increíbles historias que suelen reflejar sus páginas, acusando a los críticos de oscuros intereses y empleando absurdos argumentos ad hominem de estilo panfletario...” (pp. 15-16).

El capítulo 1 está dedicado a cuestiones generales sobre el tan traído y llevado fenómeno OVNI. En sustanciosas páginas, Campo describe los antecedentes literarios y hasta filosóficos del gran mito de la visitación extraterrestre. A su vez, encara la dificultad de definir un “ovni”, precisamente porque la sigla se refiere a una suerte de no-categoría, ya que lo “no identificado” no ofrece posibilidades reales de construir una disciplina coherente sobre él (como decía Félix Ares de Blas, “¿alguien se imagina una ciencia de los no-vasos?”).

Ya sabemos, la coherencia viene dada por un mito popular y es ahí donde se justifica el concurso de las ciencias sociales en el asunto. Y en tal tesitura, este capítulo recuerda el Proyecto Iván, una simulación de “oleada”, con fines de experimentación sociológica. Lo más divertido de tal Proyecto fue ver al inefable J. J. Benítez picando el anzuelo y vendiendo los casos como enigmas insolubles. “Fue toda una oleada ovni”, dijo el superventas navarro. Y Campo, al menos en eso, le da completamente la razón.

El capítulo 2 es una elogiable guía sobre fenómenos aéreos –tanto naturales como artificiales– que pueden provocar innumerables confusiones en los testigos y, cuando están los medios y los ufólogos en ello, generar una nueva oleada. Comparecen el planeta Venus, los meteoros, las refracciones atmosféricas, los rayos globulares, las nubes lenticulares, las reentradas de chatarra espacial, los globos sondas y otros filones inagotables de errores, susceptibles de interpretación ufológica. Por supuesto, se hace referencia al famoso caso del “OVNI de Canarias”, acontecido el 5 de marzo de 1979, que hizo correr ríos de tinta y que fue, cómo no, vastamente exprimido por el ya citado J. J. Benítez.

Por cierto, los malvados ufólogos críticos lograron establecer el origen de tan sorprendente fenómeno celeste (de verdad espectacular, hay que reconocerlo): los gases de combustión del misil “Poseidón”. Naturalmente, esta explicación no gustó a las graderías y mucho menos a los ufólogos del circuito comercial. Lo asombroso habría sido lo contrario, esto es, felicitarse de la resolución del enigma. Pero el libro de Campo nos enseña a comprender por qué es más fácil encontrarse con extraterrestres genuinos... que sorprender a Benítez, a Zerpa, a Maussán, aceptando una explicación convencional a un suceso que ellos han promovido como extraordinario. Seguro que es más probable encontrarse a boca de jarro con una creatura de Las Pléyades.

El capítulo 3 trata sobre “la investigación de los ovnis, los medios comerciales y el escepticismo”. Allí se pone el cascabel al gato en lo que se refiere a la actitud irresponsable de los medios y a su permanente fomento de la incultura. En este último rubro, coincidimos con el autor en una irritación común: el falso ecumenismo de la televisión, que pretende mostrar a todas las opiniones en un mismo nivel, como si todo fuera igualmente válido, desde el argumento fundado hasta el delirio. Y no podía esperarse algo distinto, habida cuenta del nivel del público consumidor: “No hay peor solución para el debate ciencia versus pseudociencia que apelar a la ‘libertad de expresión’, principio del que los charlatanes hacen uso habitual” (p. 137). Un rebuzno “políticamente correcto” recorre como un fantasma el mundo globalizado...

El capítulo 4, el mejor a mi juicio, se refiere a los ovnis como manifestación de la cultura contemporánea, de sus aporías y sus manías. Entre las últimas, cabe destacar los ejemplos cinematográficos que da Ricardo Campo: Encuentros cercanos del tercer tipo y El día de la Independencia. A este último, se le califica con acierto de “film propagandístico”. Destacaré el análisis de la “visión ideológica” que nos impone tal producto:

“Hay todo un mensaje subliminal en él. Quizá todo quede dicho apuntando que se trata de un producto de USA para los USA. Con lo cual debemos extender tal intención a todo el mundo americanizado y en particular a Europa. El Imperio se promociona y se complace en su imagen de líder mundial; hasta tal punto que es un grupo de americanos el que encuentra la solución para derrotar a los invasores. Según parece, el resto del mundo también ha sido invadido pero esto, prácticamente, sólo se da a entender a lo largo de la proyección. Por supuesto, el resto de la población mundial se ha inhibido a la espera de ver qué hace el pueblo salvador” (p. 199).

Yo agregaría, maliciosamente, que no sólo son estadounidenses los salvadores, sino judíos estadounidenses, según se dice expresamente en la película; el carácter cripto-sionista no viene dado por ese hecho –que puede ser casual o anecdótico, pues hay en USA muchos y brillantes científicos de ascendencia judía– sino por ciertas afirmaciones que se deslizan como al pasar, pero que son reveladoras (“Nadie es perfecto” le dicen a un sujeto que confiesa no ser judío). O sea, propaganda mundialista pura y dura. El que lee, entienda: el pensamiento único siempre gana.

En síntesis, Campo nos ofrece un delicioso manual para no perder la brújula, destinado al gran público, pero del que nos beneficiamos también los que llevamos décadas en torno al tema ufológico. Altamente recomendable y generoso en ejemplos tomados de la propia casuística, “Luces en los cielos” es un resumen de los progresos que sí se han hecho en la ufología, a medida que muchos pseudo-enigmas se han ido disipando y que más de medio siglo de historia permite una evaluación serena de la verdadera naturaleza de tantos testimonios y noticias sensacionales. Quisiéramos ver más textos como el de Campo en nuestras librerías, peleando un lugar en los escaparates. Sea.

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