Luces
en los cielos / Ricardo Campo
Editorial Benchomo / Tenerife (España) / 2003 /231 páginas
Los
tiempos cambian y uno va cambiando con ellos. En otras épocas,
más despreocupadas y juveniles, buscábamos libros abracadabrantes,
repletos de maravillas; extraterrestres, continentes perdidos, pirámides
submarinas, todo eso nos convocaba y, salvo ciertas cosas extremas,
todo lo creíamos. Naturalmente, a la vista de los fríos
hechos y conociendo mejor a los escritores de prodigios, comenzamos
a desear otros libros, esos que nos permitían dar una mirada
crítica, desmitificadora y, en realidad, liberadora. Estos ejercicios
comenzaron a ser, en algún momento, más interesantes que
las recopilaciones fantásticas.
“Luces
en los cielos” forma parte de esta segunda clase de literatura
sobre temas misteriosos. Ricardo Campo nos ofrece un panorama prístino
y actualizado; conciso, mas no superficial; divulgativo, pero sin tópicos.
Cómo pensar el tinglado ovnístico y sobrevivir a la confusión,
a los dislates lógicos, a las manidas falacias, a las clásicas
pasadas de “gato por liebre”: es lo que Campo hace en el
número preciso de páginas, yendo directo al grano y explicando
en términos claros lo difícil.
La
prosa de Ricardo Campo, profesor de filosofía en la Universidad
de La Laguna en las Islas Canarias, es el fiel reflejo de su forma de
pensar, de su rigor lógico y de su severidad ante las ruedas
de molino. Late siempre en ella la necesidad (y el esfuerzo pedagógico)
de situar la problemática OVNI en un contexto más amplio,
diferenciado de las trivialidades mediáticas y de los avatares
de la cultura popular:
“Nunca
como ahora se hace necesario reivindicar el pensamiento crítico
ante el auge de ciertas actividades y ‘técnicas’
que parecen posibilitar ‘conocimientos alternativos’ (...)
No en vano determinadas publicaciones comerciales, haciendo alarde de
absoluta irresponsabilidad, se permiten identificar al racionalista
y al escéptico como enemigo de todas las increíbles historias
que suelen reflejar sus páginas, acusando a los críticos
de oscuros intereses y empleando absurdos argumentos ad hominem de estilo
panfletario...” (pp. 15-16).
El
capítulo 1 está dedicado a cuestiones generales sobre
el tan traído y llevado fenómeno OVNI. En sustanciosas
páginas, Campo describe los antecedentes literarios y hasta filosóficos
del gran mito de la visitación extraterrestre. A su vez, encara
la dificultad de definir un “ovni”, precisamente porque
la sigla se refiere a una suerte de no-categoría, ya que lo “no
identificado” no ofrece posibilidades reales de construir una
disciplina coherente sobre él (como decía Félix
Ares de Blas, “¿alguien se imagina una ciencia de los no-vasos?”).
Ya
sabemos, la coherencia viene dada por un mito popular y es ahí
donde se justifica el concurso de las ciencias sociales en el asunto.
Y en tal tesitura, este capítulo recuerda el Proyecto Iván,
una simulación de “oleada”, con fines de experimentación
sociológica. Lo más divertido de tal Proyecto fue ver
al inefable J. J. Benítez picando el anzuelo y vendiendo los
casos como enigmas insolubles. “Fue toda una oleada ovni”,
dijo el superventas navarro. Y Campo, al menos en eso, le da completamente
la razón.
El
capítulo 2 es una elogiable guía sobre fenómenos
aéreos –tanto naturales como artificiales– que pueden
provocar innumerables confusiones en los testigos y, cuando están
los medios y los ufólogos en ello, generar una nueva oleada.
Comparecen el planeta Venus, los meteoros, las refracciones atmosféricas,
los rayos globulares, las nubes lenticulares, las reentradas de chatarra
espacial, los globos sondas y otros filones inagotables de errores,
susceptibles de interpretación ufológica. Por supuesto,
se hace referencia al famoso caso del “OVNI de Canarias”,
acontecido el 5 de marzo de 1979, que hizo correr ríos de tinta
y que fue, cómo no, vastamente exprimido por el ya citado J.
J. Benítez.
Por
cierto, los malvados ufólogos críticos lograron establecer
el origen de tan sorprendente fenómeno celeste (de verdad espectacular,
hay que reconocerlo): los gases de combustión del misil “Poseidón”.
Naturalmente, esta explicación no gustó a las graderías
y mucho menos a los ufólogos del circuito comercial. Lo asombroso
habría sido lo contrario, esto es, felicitarse de la resolución
del enigma. Pero el libro de Campo nos enseña a comprender por
qué es más fácil encontrarse con extraterrestres
genuinos... que sorprender a Benítez, a Zerpa, a Maussán,
aceptando una explicación convencional a un suceso que ellos
han promovido como extraordinario. Seguro que es más probable
encontrarse a boca de jarro con una creatura de Las Pléyades.
El
capítulo 3 trata sobre “la investigación de los
ovnis, los medios comerciales y el escepticismo”. Allí
se pone el cascabel al gato en lo que se refiere a la actitud irresponsable
de los medios y a su permanente fomento de la incultura. En este último
rubro, coincidimos con el autor en una irritación común:
el falso ecumenismo de la televisión, que pretende mostrar a
todas las opiniones en un mismo nivel, como si todo fuera igualmente
válido, desde el argumento fundado hasta el delirio. Y no podía
esperarse algo distinto, habida cuenta del nivel del público
consumidor: “No hay peor solución para el debate ciencia
versus pseudociencia que apelar a la ‘libertad de expresión’,
principio del que los charlatanes hacen uso habitual” (p. 137).
Un rebuzno “políticamente correcto” recorre como
un fantasma el mundo globalizado...
El capítulo 4, el mejor a mi juicio, se refiere a los ovnis como
manifestación de la cultura contemporánea, de sus aporías
y sus manías. Entre las últimas, cabe destacar los ejemplos
cinematográficos que da Ricardo Campo: Encuentros cercanos del
tercer tipo y El día de la Independencia. A este último,
se le califica con acierto de “film propagandístico”.
Destacaré el análisis de la “visión ideológica”
que nos impone tal producto:
“Hay
todo un mensaje subliminal en él. Quizá todo quede dicho
apuntando que se trata de un producto de USA para los USA. Con lo cual
debemos extender tal intención a todo el mundo americanizado
y en particular a Europa. El Imperio se promociona y se complace en
su imagen de líder mundial; hasta tal punto que es un grupo de
americanos el que encuentra la solución para derrotar a los invasores.
Según parece, el resto del mundo también ha sido invadido
pero esto, prácticamente, sólo se da a entender a lo largo
de la proyección. Por supuesto, el resto de la población
mundial se ha inhibido a la espera de ver qué hace el pueblo
salvador” (p. 199).
Yo
agregaría, maliciosamente, que no sólo son estadounidenses
los salvadores, sino judíos estadounidenses, según se
dice expresamente en la película; el carácter cripto-sionista
no viene dado por ese hecho –que puede ser casual o anecdótico,
pues hay en USA muchos y brillantes científicos de ascendencia
judía– sino por ciertas afirmaciones que se deslizan como
al pasar, pero que son reveladoras (“Nadie es perfecto”
le dicen a un sujeto que confiesa no ser judío). O sea, propaganda
mundialista pura y dura. El que lee, entienda: el pensamiento único
siempre gana.
En
síntesis, Campo nos ofrece un delicioso manual para no perder
la brújula, destinado al gran público, pero del que nos
beneficiamos también los que llevamos décadas en torno
al tema ufológico. Altamente recomendable y generoso en ejemplos
tomados de la propia casuística, “Luces en los cielos”
es un resumen de los progresos que sí se han hecho en la ufología,
a medida que muchos pseudo-enigmas se han ido disipando y que más
de medio siglo de historia permite una evaluación serena de la
verdadera naturaleza de tantos testimonios y noticias sensacionales.
Quisiéramos ver más textos como el de Campo en nuestras
librerías, peleando un lugar en los escaparates. Sea.
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