UN EXTRATERRESTRE EN LA MONEDA -
Camilo Taufic
Editorial Planeta / Chile /
2009 / 170 páginas
El título llama la atención, parece que la cosa se viene buena. ¿Acaso hay marcianos en la casa de gobierno de Chile? Gente rara hay, no cabe duda, pero alienígenas… No está tan claro. Quizás el periodista Camilo Taufic, un reportero con años de circo, pueda dar luces sobre el asunto. Pero ojo, que Taufic tiene su pasado dudoso en referencia al tema que nos convoca. Ha escrito notas delirantes en el diario Publimetro sobre el chupacabras o el multimillonario Joe Firmage. Así que cuidado. Atención.
El libro es en realidad una sucesión de relatos aparentemente graciosos que no tienen vínculo entre sí, salvo el hecho de que le parecen interesantes a su autor. Hay enigmas, hay supuestos secretos del mundo del periodismo, hay aventuras de personajes al parecer entretenidos y hay cosas que en realidad no tienen pies ni cabeza. Todo parte con un título que debiera provocar: “El Abominable Hombre de las Nieves es mujer”, donde habla de las investigaciones de dos científicos chinos que habrían analizado fecas del yeti, lo que los llevó a determinar que la bestia es un ser omnívoro “que come todo lo que se le pone por delante, sin necesidad de disfrazar los sabores naturales con kétchup o mayonesa como sus primos de la especie humana”. Ja.
Tras el primer derroche de credulidad y falta de rigurosidad, se habla de la historia de un barco nazi regalado a la Armada chilena, se extiende sobre el posible origen mestizo de José de San Martín, luego aborda el tema, demasiado mistificado con el tiempo, de los posibles encuentros sexuales entre astronautas en el espacio e incluso refiere como fuente al “incuestionable” Juan José Benítez, un verdadero ícono de las chambonadas ufológicas. Sobre lo mismo, cita la historia que le contó una amiga, quien habría escuchado a la cosmonauta rusa Valentina Tereshkova, quien en esa conversación misteriosa habría dicho que en el espacio “nos cruzaron como a animales de laboratorio” y que fruto de esas relaciones sexuales espaciales habría nacido un hijo, “una criatura absolutamente deforme”.
Después de otros capítulos pseudohistóricos, como la posible llegada de chinos a América en el siglo XV, habla un poco del telescopio Hubble y luego se manda el capítulo más gracioso, el dedicado al chupacabras. Ahí dice que el jesuita Juan Ignacio Molina, el abate Molina, hizo una descripción del chupacabras en el siglo XIX. Pero eso no es lo peor. Léalo usted mismo: “Y el propio Charles Darwin, autor de la Teoría de la Evolución de las Especies, en sus memorias de viaje alrededor del mundo, dice haber acampado cerca de la quebrada por donde la fantasmal criatura bajaba por las noches a iniciar sus correrías”. ¿Qué tal? Un bicho inventado por unos locos en la década del 90 del siglo XX había sido descrito ya por Darwin. Maravilloso.
Hacia el final del libro lanza un texto sobre Joe Firmage, vuelve sobre Darwin para asegurar que el biólogo inglés se habría contagiado del Mal de Chagas en Chile y llegamos al capítulo que le da nombre al libro. ¿Espera usted, querido lector, alguna revelación inesperada? Olvídelo. El extraterrestre de La Moneda no es ni más ni menos que una escultura exhibida en el Centro Cultural de la casa de gobierno, escultura que llegó en una presentación mexicana que se llamó “México, del cuerpo al cosmos”. Y esa escultura “luce seis dedos en cada una de sus manos y pies, como los supuestos alienígenas que perecieron al estrellarse a bordo de un ovni en Roswell, Arizona (sic), en julio de 1947”. No es todo: “Sus ojos, grandes y ligeramente oblicuos, hacen pensar inmediatamente en el rostro más repetido dibujado por la ciencia ficción sobre extraterrestres”.
Después habla sobre la muñecopsia, que según él fue sacada de circulación “por los servicios secretos de una gran potencia occidental, que sistemáticamente bloquean cualquier prueba medianamente aceptable sobre la existencia de seres inteligentes en otros planetas”. En fin. “Un extraterrestre en La Moneda” es una compilación de artículos periodísticos mediocres, pseudodivertidos y altamente desinformados, que dieron forma a un libro bastante menor lleno de errores y bestialidades. Nada recomendable, por cierto.
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