La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 33
Libros Acrobat ReaderLOS OVNIS, ¡VAYA TIMO!
SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 2010

Portada del libro de Ricardo Campo.LOS OVNIS ¡VAYA TIMO! - Ricardo Campo Pérez
Editorial Laetoli / España / 2006 / 135 páginas

Tal como ocurrió con “Luces en los cielos”, Ricardo Campo nos regala un libro introductorio, un manual para quienes se inician en la navegación por las procelosas aguas ufológicas. Pero, cuidado: los viejos en tales lides tienen mucho que aprender de estos libros. Y ello es así porque alcanzan rápidamente gran profundidad (o altura, según sea el caso y las preferencias). “Los ovnis, ¡vaya timo!” nos ha producido la misma impresión que otro excelente producto de Laetoli: el de las abducciones, de Luis R. González.

Y, claro, se trata de textos que por su rigor y vocación crítica, por su escritura amena y formato accesible y bien cuidado, uno quisiera ver generosamente repartidos en las librerías (aunque, en general, el “vaya timo” de la colección no me agrada, porque simplifica “en negativo”). Son libros que uno desearía hacer caer en manos jóvenes, para solaz de lectores noveles que, hoy en día, son bombardeados de manera inmisericorde por los divulgadores televisivos de misteriología. Son textos que muchos profesores de enseñanza media y universitaria podrían facilitar a sus alumnos… Yo se los propondría a nuestro Ministerio de Educación. Si a nuestros mo-
zalbetes algunos docentes les hacen leer “Política para Amador”, ¿por qué no esta “Ufología para Arturo” o “Abducciones para todos”?

En la obra in comento, Ricardo Campo se las arregla para hacer un completo recorrido por la ufología, con envidiable capacidad de síntesis (lo de “envidiable” es muy real para mí, debido a mi tendencia perenne de irme por las ramas y decir en diez páginas lo que bien pude expresar en dos). La pluma ágil, agradable, crítica y culta de Campo se las ingenia para llamar a comparecencia al cúmulo de fantasías, explicaciones racionales y hasta operadores ufológicos más importantes, en un texto acotado.

No importa que se ponga tanto énfasis en cuestiones propias de la ufología española; por el contrario, eso es, a nuestro juicio, una ventaja, pues permite comprender la universalidad de la ufología como actividad social y propagandística, a partir de situaciones concretas y puntuales. Es un libro rico en ejemplos de ese jaez. Por otra parte, a nadie le hace mal repasar determinadas lecciones prácticas surgidas, por cierto, de las entrañas de uno de los países que tiene el honor –dudoso, creo, para Ricardo Campo– de ser uno de los más “ufologizados” del planeta.

Campo ha tenido el acierto de componer su libro como una larga carta a Arturo, un joven inteligente, pero todavía vulnerable a caer en la espiral misteriológica que, con su anuencia o no, lo bombardea periódicamente.  

El capítulo 1, cuyo título es un guiño junguiano (“Sobre cosas que se ven en el cielo”), se las ingenia para poner sensatez y pensamiento crítico en una veintena de páginas. Desde el planeta Venus como fuente de confusiones, hasta la pretendida infalibilidad de los “testigos de élite” (pilotos, ante todo), el lector es guiado a un punto que requiere el mejor ejercicio de la desconfianza: no todo lo que brilla es ovni. ¿Perogrullada? ¡No! Si basta ver a los Maussán y los Benítez en acción y, sobre todo, a quienes les siguen, idolatran y enriquecen.
     
El capítulo 2, “Fraudes, engaños y falsedades”, nos lleva al corazón mismo de la ufología comercial, con su tendencia a no ver lo evidente y a asumir “defensas corporativas” de no pocos charlatanes y hasta de consabidos bulos. Claro, algunos divulgadores ovnísticos se ponen agudos quince años después, y aparecen –con ceño adusto y actitud crítica– denunciando fraudes “que dañan a la ufología”… En fin, así cualquiera. Cuando valía la pena, esto es, cuando los escépticos denunciaron la farsa, ellos miraron para otro lado o apagaron el incendio con combustible. Puedo dar muchos ejemplos… El libro de Campo tiene el mérito de mostrar cómo el fraude, lejos de ser marginal en la ufología, tiene un papel central en ella. Es decir, hay muchas “confusiones” que nunca fueron sólo confusiones; muchas más de lo que se admite en los cenáculos ovnísticos.

Los capítulos siguientes, “Los investigadores” y “Ovnilandia”, nos muestran al mejor Ricardo Campo, en su análisis, escalpelo en mano, de la ufología como actividad social, con sus costumbres, sus estrategias discursivas y sus técnicas de supervivencia. La conspiranoia, el papel de los testigos, los investigadores-propagandistas, todo eso lo encontramos en los dos capítulos más nutritivos del libro, una vez más, expuesto con gran capacidad de síntesis y “mucha miga” crítica.

Resumiendo: este libro es más que una carta a Arturo. O, dicho de otra forma: nuestro concepto de Arturo no debiera reducirse al de un joven despierto, un poco perspicaz y, a veces, un poco ingenuo. Quizás “Arturo” debiera ser también el ufólogo medio. Es un texto tan pedagógico –en el mejor sentido de la palabra– que muchos maduros platillólogos –siempre que estén de buena fe y no se hayan convertido a la mercadotecnia ufológica– pueden beneficiarse de su lectura y ayudar a otros a pensar más críticamente.

Se aprenden muchas cosas nuevas con el libro de Ricardo Campo. Este semi-canoso ufoloco que frisa varias décadas en el tema y que firma esta reseña, os lo asegura. Yo también soy y he sido Arturo.

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