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Hay
quien dice que el sueño de la razón es capaz de generar monstruos pesadillescos.
Hasta cierto punto, es verdad. La eficiencia técnica de la máquina puede
ser (lo ha sido) el epítome de la destructividad y el totalitarismo. Hace
poco se recordaban las espantosas detonaciones atómicas de Hiroshima y
Nagasaki, lo que viene bastante al caso, sin necesidad de que seamos prolijos
o exhaustivos con los ejemplos.
Sin
embargo, sostenemos que es en el reino de la irracionalidad donde se dan
cita las peores pesadillas humanas. Irracionalidades campantes como el
nacionalismo, el fanatismo religioso e inveteradas tradiciones de opresión
y abuso... siguen cobrando víctimas por donde se mire, sea en África Central
o en los Balcanes. No es que la razón haya fracasado en la Historia: es
que no ha sido realizada todavía.
No nos pretendemos parte de ninguna cruzada; somos demasiado modestos
para ello. Pero, si decimos que nuestra causa es la razón (mejor dicho:
el aproximarnos a ella), no estamos pidiendo adhesiones fáciles a una
visión chata de un mundo chato. Sólo pedimos la generación de un espacio
de discusión, a salvo de las diatribas y las descalificaciones efectistas.
No cejaremos, por ahora, en ese empeño.
Sin pensamiento crítico nos hacen creer de todo, nos pueden convertir
en históricos vociferantes para apoyar cualquier aventura bélica, cualquier
linchamiento, cualquier eslogan envasado. Sin pensamiento crítico, en
fin, nos esperan el borreguismo y la intolerancia de muchas bandas que
asuelan todavía nuestro paciente mundo.
Los
editores
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