OVNIS
en Chile / Ernesto Gatica Benavides
Edición del autor / Chile / 1999 / 120 páginas
Siempre
es digno de alabanza el que algunos autores se atrevan a auto-editar
sus inquietudes e ideas, sin más límite que el propio entusiasmo. Editar
un libro es una difícil empresa, sin duda, pero altamente satisfactoria.
Entonces, felicito al autor de esta obra: por su iniciativa, por su
tesón y por el simple hecho de escribir. Sin embargo, hasta aquí llego
en lo que a elogios se refiere...
El
libro in comento no parece tener un orden muy concreto o definido. No
está dividido en capítulos sino en apartados más o menos largos, algo
inconexos y, por si acaso, tampoco hay índice o sumario; es decir, que
el lector se las arregle cómo pueda. Gatica parte hablando de Kenneth
Arnold, luego sigue con una descabellada tipología extraterrestre, después
con el vidrioso tema de los "oasis templados de la Antártida" y, finalizado
todo eso, se introduce en el relato, más emotivo que analítico, de inverificables
casos que el autor parece haber encuestado directamente, en una época
desconocida y con una metodología ignota. Huelga decir que estas historias
constituyen, por cierto, lo medular y más sabroso del libro.
Ernesto
Gatica, lamentablemente, parece creer en todos los tópicos irracionales
que se estilan en la ufología mediática actual. Nos queda claro desde
un comienzo, sobre todo en un apartado que lleva el título ¿De dónde
vienen?, o sea, ya en la página 6. Ahí se afirma sin ambages que "de
acuerdo a una clasificación acordada, después de un riguroso análisis
de los testimonios recogidos en todo el mundo, se ha logrado determinar
que los seres extraterrestres que visitan regularmente nuestro planeta
corresponden a 78 razas diferentes, de las cuales hay cinco que presentan
características bastante parecidas a nuestro sistema biológico".
Setenta
y ocho razas... ¿por qué no 79 ó 77? ¿Y quién lo ha determinado? ¿Y
según qué tipo de informaciones? Bueno, qué le vamos a hacer. Seguidamente
aclara que está hablando de los enigmáticos EBES (entidades biológicas
extraterrestres), comprometiéndose luego con una somera descripción
de las características de cada uno de los cinco tipos de alienígenas
más aficionados a nuestro planeta (invisibles, rigelianos, proconianos,
reticulianos -¡escoba!- y extraterrestres rubios). Ya sabemos cuán delirantes
son estas taxonomías y, en esta parte, el libro de Gatica se mantiene
en la mejor tradición del género.
La
credulidad ilimitada también se nos presenta en las páginas 64 a 65,
en un texto que es digno de ser citado (respeto la puntuación original):
"En el caso de los humanos reclutados por los alienígenas, no se ha
podido establecer si esta colaboración es voluntaria u obligatoria,
yo personalmente creo que existe en las dos modalidades. Lo que está
sí totalmente establecido es que estos humanos actúan en su totalidad
con un implante en el cerebro, este implante permite de alguna manera,
controlar totalmente la mente (sic) de este ser humano, y por ende,
todas sus actuaciones, pero lo que es más, permite al mando alienígena
tener la absoluta seguridad de los extraterrestres, que ocupan sus servicios".
Respiremos un momento. Uno podría preguntarse, con toda razón, ¿quién
"ha establecido" semejantes especies como verdades irrefutables? ¿Dónde
y en base a qué antecedentes y metodología?
Un
poco más: "Uno o varios, en estas ciudades de Chile, están entre nosotros,
puede ser cualquiera, un aparente inofensivo vecino (sic), puede estar
en este minuto caminando junto a usted, o puede quizás, ser compañero
de colegio de su hijo..." (p.6). Uno puede, más o menos, imaginarse
las fuentes -indiscutiblemente tóxicas- de las que ha bebido Ernesto
Gatica; evidentemente, ha carecido por completo de oportunidades para
conseguir algún antídoto racional y no estoy seguro de que debamos culparle
por ello.
El
nivel teórico de la obra no pasa de lo meramente anecdótico, con una
mínima pincelada... de alguna escuálida documentación previa; de algo
leído -quizás- en Contacto OVNI o visto en cualquier ataque televisivo
de Jaime Rodríguez, o algo escuchado en las buenas conversaciones con
los buenos amigos o, vaya uno a saber, en las video-conferencias de
Jorge Anfruns. Reminiscencias de un "algo" intangible, no se sabe bien
qué... ni, mucho menos, cuándo. En algún lugar, perdido en un tiempo
a su vez perdido, donde podrían existir filones de sabiduría...
Os
lo advierto. Imposible encontrar en este libro referencias bibliográficas.
De los principales ufólogos contemporáneos, nada. De cómo contrastar
la información que nos ofrece, nada. De fechas o datos concretos, informaciones
periodísticas o similares, nada. Demasiadas cosas faltan, de punta a
cabo, en este discreto libro. Ahora bien, los casos "inéditos" que incluye
debemos creerlos sólo porque están consignados en letras de molde, porque
no hay el más leve indicio para determinar si trata de relatos "reales"
o si el autor se lo ha inventado todo, al calor de una conversación
animada con cafecito, panecillos dulces y chimenea.
A
propósito, como dato curioso se puede mencionar un texto de la contraportada,
firmado por Andrea, y titulado "Palabras de una amiga". "Tras un largo
trabajo de recopilación -nos dice Andrea, que no en vano es su amiga-,
el autor quiso dar a conocer, sin necesidad de hacer un estudio profundo
del tema, lo vivido por personas comunes y corrientes, personas que
no figuran en prensa, que no cuentan su historia por temor al ridículo,
porque aún nuestra sociedad se cierra a una realidad inminente". Y esto,
creo, lo resume todo: este libro es sólo un anecdotario sobre extraterrestres
y platillos volantes. No puede -mejor aún: no quiere- ser otra cosa.
A
pesar de que este opúsculo no es recomendable para ningún estudio medianamente
serio sobre OVNIS, sí resulta interesante como expresión de un significativo
caudal de ufófilos que por ahí circulan, llevando con ellos la inquietud
de transmitir su saber y sus creencias, aunque estén algo en deuda con
la cultura general y el sentido crítico. Pues Ernesto Gatica es, como
sea, un autor modesto y simple, sin mayores pretensiones comerciales
y, sobre todo, sin afanes de exclusividad y auto-suficiencia: por eso
le respetamos, aunque discrepemos en todo (o casi) con él. Nos comunica
su visión ingenua de la ufología, su pasión por lo mágico y lo desconocido...
su pequeño y gran mundo, en definitiva. Dejémoslo tranquilo (estoy hablando
absolutamente en serio), que cada cual tiene derecho a vivir en los
espacios mentales fantásticos que dificultosamente se forja. Si su repercusión
pública es ínfima, si no lucra de la ignorancia ajena y no le hace mal
a nadie, ¿qué derecho tenemos para reprocharle a Ernesto Gatica el que
nos cuente su visión quimérica y legendaria de estas cosas?