"A
Chile las noticias llegan con pijama, llegan a dormir. Aquí hay una
falta de información enorme sobre esta temática. En Estados Unidos no
se discute este tema como aquí. Aquí discutimos sobre si los ovnis existen
o no. Allá se preocupan de dónde vienen".
Jorge
Anfruns D.
No
podía creer lo que estaba leyendo. El periodista chileno Juan Jorge
Faundes, con un extraño sentido de la oportunidad, había logrado "explicar"
las famosas fotografías de los "ovnis gigantes", sí, esos de 400 kilómetros,
cuya inquietante realidad fuera descubierta en el prestigioso Congreso
Ufológico de La Serena, en donde se han presentado ufólogos de la talla
de un Jaime Rodríguez o un Fabio Zerpa, cuya seriedad me parece que
está fuera de cualquier clase de dudas.
El
asunto de los "mega-ovnis" fue expuesto y revelado, precisamente, por
nuestros ufólogos
más afamados y meticulosos (los que, para que esté claro de una vez
por todas, nunca se creen una noticia sin investigarla a fondo, sin
exprimirle todos los puntos flacos y contradictorios; si no me creen,
ahí están los ejemplos: el chupacabras, capturado por la NASA en Calama;
o, a su vez, el ovni estrellado en Paihuano).
Como
siempre he desconfiado de los ufólogos que explican casos como si fueran
burdos fenómenos naturales, comencé a atar cabos sueltos y, después
de algunos días, creo que estoy en condiciones de refutar a Faundes.
Pero, vayamos en orden, partiendo por el propio Faundes...
Sospechoso
el tal Faundes. Estuvo desaparecido de la arena ufológica por más de
23 años, por lo menos a nivel público, y sale a la palestra, justo ahora,
en el peor momento, para poner en duda el descubrimiento más importante
de la ufología mundial. ¿Qué hizo durante el tiempo perdido, perdón,
el tiempo intermedio? ¿Con quiénes estuvo en contacto? No, si –como
dice J. J. Benítez- las coincidencias no existen.
Resulta
evidente, para cualquiera que no sea uno de esos pigmeos mentales que
piensan que somos el centro del Universo, que en el caso Faundes hay
gato encerrado. Postulo la hipótesis de que todo obedece a una solapada
operación de ocultamiento y desprestigio, con el objeto de mantenernos
en la ignorancia sobre la estremecedora realidad de los ovnis gigantes.
Y así, de paso, ridiculizar a los ufólogos que presentaron el asunto
en La Serena... todo, para que el público se quede con la imagen de
que son crédulos y marcadamente pro-ovnis.
¿Confundidos
con un reflejo de la luna? ¿Cómo se puede ser tan poco imaginativo para
dar una explicación tan absurda? ¿Cuál es esa obsesión por encontrar
explicaciones racionales? ¿Por qué no conformarse con la versión de
la gigantesca "nave madre" de 400 kilómetros? Esta versión es mucho
más congruente con la idea –cada vez más aceptada por los científicos-
de que existen en el Universo miles –si no es que millones- de civilizaciones
tecnológicas que perfectamente podrían estar visitando nuestro planeta.
¿Por
qué los escépticos, en su soberbia y su ceguera, siguen negándose a
aceptar la evidencia contundente de que "no estamos solos"? ¿Es que,
acaso, carecen de intuición o imaginación? ¿Es que nunca fueron niños?
Los niños. En ellos sí resplandece la Verdad. Cuando entre cinco le
dan una fenomenal paliza a un compañerito... bueno, ellos sí dicen siempre
la verdad... y es que sólo a los escépticos se les ocurre tildarlos
de "perversos polimorfos". Sólo los espíritus poco evolucionados piden
pruebas antes de creer.
Pero
caigamos, por un momento, en el juego de los debunkers y apliquemos
la lógica y el razonamiento. ¿Qué mueve a algunos investigadores críticos
a optar siempre por la explicación menos fantasiosa? ¿No es, acaso,
más fácil admitir que los extraterrestres quisieron ser confundidos
con un reflejo de la Luna? No es la primera vez que buscan engañarnos
con tácticas similares. De hecho, el investigador Boris Campos ha demostrado
lo siguiente: no es que ciertas nubes sean confundidas con ovnis sino,
más bien, ciertos ovnis se disfrazan de nubes y pasan -tan campantes-
por objetos triviales de nuestra atmósfera.
Además,
¿por qué les aplicamos nuestra lógica terrestre? No, con Ellos no se
puede hacer tal cosa. Otro gran investigador, Virgilio Sánchez Ocejo
(del Miami UFO Center), decía que no podemos aplicarles la lógica humana...
porque tienen otra lógica. Si todo se nos aparece como absurdo, como
un "cajón inagotable de memeces" (así dijo un chico-listo-detentador-de-una-página-web),
pues, tal juicio se tiene que atribuir a nuestro geocentrismo y a nuestra
soberbia de querer explicarlo y entenderlo todo. Si sus naves se pasan
estrellando contra la superficie de nuestro planeta, bueno, por algo
será.
¿Quiénes
somos nosotros, simples terrestres, para tratar de entender las acciones
de Ellos? Si dicen, algunos de los alienígenas, "estamos amarrados,
estamos amarrados", su súper inteligencia puede dar cuenta de tan incomprensible
comportamiento. Recuérdese, por si fuera poco, que Jorge Anfruns Dumont
(según sus propias palabras, "el único ovnílogo chileno acreditado ante
los grupos ufológicos internacionales") ha descubierto que, si no sonríen,
significa que los alienígenas superaron hace tiempo el tipo de emotividad
que nosotros tenemos. No sonríen, pero hacen reír a los escépticos.
Además,
y que lo sepan bien los tales señores escépticos, el identificar a los
ovnis gigantes con la Luna no arregla ni explica nada, pues... ¡la Luna
es ella misma una enorme nave espacial! Así lo demostró un científico
a fines de los años setenta, en un libro injustamente vilipendiado por
los dogmáticos representantes del establishment. Sólo queda repetir
lo que dice la cumbia: "Un perro le está ladrando, a la lunita lunera,
y la luna le contesta, vete pronto a tu perrera".
Por
último tenemos el doble-pensar (George Orwell mediante), esto es, la
posibilidad de sostener al mismo tiempo dos proposiciones contradictorias...
como si nada. Dijimos que los extraterrestres de Roswell tenían cuatro
dedos en cada mano; luego afirmamos que la marcianita de la autopsia
del 95 (perdón: del 47) era uno de los alienígenas del castañazo de
Roswell. Pero, como la marcianita tenía seis dedos en sus manos, nos
vimos obligados a aplicar el doble-pensamiento: el ser de la autopsia
tenía seis dedos pero, igual, era originaria del accidente de Roswell
(cuyos extraterrestres tenían cuatro dedos). Y así sabemos que las dos
proposiciones son, para nosotros, igualmente verdaderas. Porque, y esto
hay que remacharlo hasta la majadería –especialmente para los recalcitrantes
escépticos- a estas cosas no se les puede aplicar la lógica terrestre.
En
suma, me parece que está claro que los ovnis gigantes son reales...
pues, ¿cómo vamos a ser los únicos seres inteligentes del Universo?
¿Ah?
*
Diego Sánchez Benítez del Oso es uno de los ufólogos de talla mundial
que se unen al staff de La Nave de los Locos, con sus artículos plagados
de seriedad, espíritu crítico y ortodoxia escéptica. Le damos la bienvenida.
(NOTA:
Aclaramos a los amigos lectores que este artículo es simplemente una
parodia a la curiosa forma de razonar de algunos ufólogos crédulos.
Por supuesto, es sólo una broma. Y nada más. J. J. Faundes conoce el
inmenso respeto que le tenemos y accedió a formar parte de esta jugarreta).