Un
reducido grupo de ufólogos santiaguinos se reunía, con bastante irregularidad,
a conversar en torno a unas cervezas, allá por la época del Mundial
de fútbol del 94. Nos unía un profundo sentimiento de rechazo por los
niveles de irracionalidad a que estaba llegando la ufología criolla
y nos parecía que debíamos hacer o decir algo al respecto. Así surgió
la idea de hacer una revista artesanal, donde tuvieran cabida planteamientos
críticos y, sobre todo, desvinculados de las ideas predominantes. Nació
entonces "Nueva Ufología", un boletín de efímera existencia y en el
que me tocó jugar un inesperado rol protagónico, pues los contertulios
se fueron desembarcando rápidamente, abrumados con sus obligaciones
laborales, familiares y estudiantiles. Y yo, que era el más ocioso y
el que tenía más tiempo, asumí la tarea de insuflarle vida al asunto.
El número 1, todavía lo recuerdo con nitidez, contenía una especie de
"manifiesto" de la primera ufología crítica surgida en Chile. El tono
de ese texto era bastante curioso, ya que proclamaba la imposibilidad
de los firmantes de seguir vinculados a la subcultura ufológica chilena...
pues su ideología alienigenista se les había hecho intolerable. ¡Era
la única ocasión en que se habían dicho semejantes irreverencias! ¡Salud!
Duramos tres números (entre 1996 y 1997). La circulación fue restringida
y la receptividad muy escasa; a pesar de ello, quedamos conformes, pues
confeccionamos –megalomanías aparte- el primer medio nacional que mostró
una ufología no comprometida con la hipótesis extraterrestre pura y
simple. El primero que desafió la ortodoxia platillista, criticando
–cosa inédita- a algunos de los vivales más representativos de esa época
(bueno, en realidad son los mismos de ahora).
Un recuerdo, entonces, para los amigos comprometidos con la perpetración
de ese pasado proyecto: Salinas, Dufey, los hermanos Rodríguez Balboa...
(Eugenio y José Miguel). Y lo mejor, en esta tesitura, será incluir
el artículo que cerró el número 3 (dedicado al aniversario número 50
de los ovnis). Ahí va.
¿UN LARGO ADIÓS?
Poco duró el sueño. El que tienes en tus manos, paciente lector,
viene siendo el último número de Nueva Ufología. Para no ser tan pesimistas,
digamos que ha concluido su "primera etapa", aunque ya todos sabemos
como son estas cosas. "Podemos seguir siendo amigos" dice ella después
de desahuciar una relación amorosa, sabiendo que no es verdad. "Yo te
escribiré", nos dice el amigo de circunstancias que hicimos escalando
cerros en un cordillerano Parque Nacional, y te quedas esperando un
sobre que nunca llega. Prometemos tantas cosas... "Cuente conmigo para
todo", "lo que necesite", "iré corriendo, doquiera estés", etcétera.
Lo que pasa es que los otros miembros de este menguado equipo
están asumiendo nuevas tareas en el mundo. Algunos se van físicamente,
a tierras lejanas. Y bueno, en esas condiciones el show no puede seguir.
Por lo menos, no así. En todo caso, alcanzamos a durar tres números,
lo que ya es bastante en el "mercado" de los boletines artesanales.
Debo sí aclarar que, pese a las apariencias, nunca nos tomamos
demasiado en serio nuestra labor de editores. Todo el asunto tuvo, desde
sus báquicos orígenes, algo de juego y humorada (que no es lo mismo
que payasada). Por cierto, no tuvimos gran repercusión entre los ufólogos
nacionales, cuestión que siempre –lo confieso- me ha tenido sin cuidado.
Empero, si es que alguno de nuestros escasos lectores se sintió estremecido,
interpretado, motivado o, incluso, divertido con algunas de nuestras
notas, nos daremos por inmensamente satisfechos. Sólo quisimos trazar
unas reflexiones críticas sobre la ufología tradicional y sobre algunas
de las creencias que la han sustentado. Nada más.
Mas creo, amigo lector, que me he quedado solo. Si viste mi
firma en más de medio boletín, créeme que no es por afán personalista...
Es que, de pronto, este juego de adolescentes que ya no son tales...
se ha visto truncado por la diáspora generalizada. Les deseo, a mis
colegas, mucha suerte en sus postgrados y nuevos estudios. Aunque profetizo
que no les será tan fácil dejar de ser ufólogos. Porque los ufólogos
son como los jesuitas, los políticos o los mujeriegos: nunca dejarán
de serlo, aunque se retiren y renieguen de su pasado. Vuelven siempre
a las andadas, mientras su salud se los permita. De hecho, entras a
la ufología para no abandonarla jamás; como si se tratase de la Legión
Extranjera, puedes escaparte, pero es sólo por un tiempo.
Me despido ya; me arden los ojos y me siento algo cansado.
Creo que es un buen momento para salir a dar un pequeño paseo, aprovechando
que el frío ha disminuido por estos días (escribo en julio de 1997,
mejor dicho, en el año 50 "después de Arnold"). Camino rápidamente,
es de noche, y los postes del alumbrado público me parecen más fantasmales
que nunca. De pronto, un perrazo me da un susto mayúsculo, al ladrarme
malévolamente cuando me acerco a una gran casa enrejada (por suerte).
En virtud del salto que doy, siento unas risotadas que provienen del
segundo piso de la casa; mi paranoia me indica que es de mí de quien
se burlan, así es que desaparezco con una rapidez asombrosa. Pero esto
no tiene nada que ver con el tema. Dejémoslo.
Al día siguiente, paso a recoger mis cosas. El "centro de operaciones"
de Nueva Ufología –mi oficina de San Miguel- se desarma. Vuelan dos
fotografías de sendos ovnis pegadas a la pared. La papelería es embalada
y les guardo a mis amigos algunas de sus olvidadas pertenencias: videos,
cintas, revistas ovnísticas (alguien metió también una Penthouse), un
par de libros y cachivaches ufológicos varios. Todo se termina, sin
duda. En la especie, la cosa se terminó cuando recién empezábamos a
disfrutar en grande del juego. Resultado lamentable, pues periclita
un espacio realmente crítico en la ufología criolla; hasta la fecha
–y no es para enorgullecerse- este agonizante pasquín es (fue) el único
medio chileno que ha desafiado los pilares sacrosantos de la subcultura
ufológica. Lo hicimos francamente, exponiendo nuestros puntos de mira,
aprovechando las granjerías de nuestra efímera existencia...
Tengo que irme. Me permito un leve momento de nostalgia y sentimentalismo,
pero sé que no tiene importancia. ¿Nos recordará algún ufólogo, alguna
vez? ¿Tuvo sentido el breve simulacro? Ya, vamos saliendo, que se acerca
el fin de siglo, el aguacero, y los profetas del Apocalipsis, con ángeles
extraterrestres y la siega de los malvados.
El último cierra la puerta.
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