La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 5

NUEVA UFOLOGÍA: UN PASQUÍN DESAPARECIDO
A FINES DE LOS NOVENTA

SERGIO SÁNCHEZ
(CHILE) - 1997

Nueva UfologíaUn reducido grupo de ufólogos santiaguinos se reunía, con bastante irregularidad, a conversar en torno a unas cervezas, allá por la época del Mundial de fútbol del 94. Nos unía un profundo sentimiento de rechazo por los niveles de irracionalidad a que estaba llegando la ufología criolla y nos parecía que debíamos hacer o decir algo al respecto. Así surgió la idea de hacer una revista artesanal, donde tuvieran cabida planteamientos críticos y, sobre todo, desvinculados de las ideas predominantes. Nació entonces "Nueva Ufología", un boletín de efímera existencia y en el que me tocó jugar un inesperado rol protagónico, pues los contertulios se fueron desembarcando rápidamente, abrumados con sus obligaciones laborales, familiares y estudiantiles. Y yo, que era el más ocioso y el que tenía más tiempo, asumí la tarea de insuflarle vida al asunto.

El número 1, todavía lo recuerdo con nitidez, contenía una especie de "manifiesto" de la primera ufología crítica surgida en Chile. El tono de ese texto era bastante curioso, ya que proclamaba la imposibilidad de los firmantes de seguir vinculados a la subcultura ufológica chilena... pues su ideología alienigenista se les había hecho intolerable. ¡Era la única ocasión en que se habían dicho semejantes irreverencias! ¡Salud!

Duramos tres números (entre 1996 y 1997). La circulación fue restringida y la receptividad muy escasa; a pesar de ello, quedamos conformes, pues confeccionamos –megalomanías aparte- el primer medio nacional que mostró una ufología no comprometida con la hipótesis extraterrestre pura y simple. El primero que desafió la ortodoxia platillista, criticando –cosa inédita- a algunos de los vivales más representativos de esa época (bueno, en realidad son los mismos de ahora).

Un recuerdo, entonces, para los amigos comprometidos con la perpetración de ese pasado proyecto: Salinas, Dufey, los hermanos Rodríguez Balboa... (Eugenio y José Miguel). Y lo mejor, en esta tesitura, será incluir el artículo que cerró el número 3 (dedicado al aniversario número 50 de los ovnis). Ahí va.

 ¿UN LARGO ADIÓS?

Poco duró el sueño. El que tienes en tus manos, paciente lector, viene siendo el último número de Nueva Ufología. Para no ser tan pesimistas, digamos que ha concluido su "primera etapa", aunque ya todos sabemos como son estas cosas. "Podemos seguir siendo amigos" dice ella después de desahuciar una relación amorosa, sabiendo que no es verdad. "Yo te escribiré", nos dice el amigo de circunstancias que hicimos escalando cerros en un cordillerano Parque Nacional, y te quedas esperando un sobre que nunca llega. Prometemos tantas cosas... "Cuente conmigo para todo", "lo que necesite", "iré corriendo, doquiera estés", etcétera.

Lo que pasa es que los otros miembros de este menguado equipo están asumiendo nuevas tareas en el mundo. Algunos se van físicamente, a tierras lejanas. Y bueno, en esas condiciones el show no puede seguir. Por lo menos, no así. En todo caso, alcanzamos a durar tres números, lo que ya es bastante en el "mercado" de los boletines artesanales.

Debo sí aclarar que, pese a las apariencias, nunca nos tomamos demasiado en serio nuestra labor de editores. Todo el asunto tuvo, desde sus báquicos orígenes, algo de juego y humorada (que no es lo mismo que payasada). Por cierto, no tuvimos gran repercusión entre los ufólogos nacionales, cuestión que siempre –lo confieso- me ha tenido sin cuidado. Empero, si es que alguno de nuestros escasos lectores se sintió estremecido, interpretado, motivado o, incluso, divertido con algunas de nuestras notas, nos daremos por inmensamente satisfechos. Sólo quisimos trazar unas reflexiones críticas sobre la ufología tradicional y sobre algunas de las creencias que la han sustentado. Nada más.

Mas creo, amigo lector, que me he quedado solo. Si viste mi firma en más de medio boletín, créeme que no es por afán personalista... Es que, de pronto, este juego de adolescentes que ya no son tales... se ha visto truncado por la diáspora generalizada. Les deseo, a mis colegas, mucha suerte en sus postgrados y nuevos estudios. Aunque profetizo que no les será tan fácil dejar de ser ufólogos. Porque los ufólogos son como los jesuitas, los políticos o los mujeriegos: nunca dejarán de serlo, aunque se retiren y renieguen de su pasado. Vuelven siempre a las andadas, mientras su salud se los permita. De hecho, entras a la ufología para no abandonarla jamás; como si se tratase de la Legión Extranjera, puedes escaparte, pero es sólo por un tiempo.

Me despido ya; me arden los ojos y me siento algo cansado. Creo que es un buen momento para salir a dar un pequeño paseo, aprovechando que el frío ha disminuido por estos días (escribo en julio de 1997, mejor dicho, en el año 50 "después de Arnold"). Camino rápidamente, es de noche, y los postes del alumbrado público me parecen más fantasmales que nunca. De pronto, un perrazo me da un susto mayúsculo, al ladrarme malévolamente cuando me acerco a una gran casa enrejada (por suerte). En virtud del salto que doy, siento unas risotadas que provienen del segundo piso de la casa; mi paranoia me indica que es de mí de quien se burlan, así es que desaparezco con una rapidez asombrosa. Pero esto no tiene nada que ver con el tema. Dejémoslo.

Al día siguiente, paso a recoger mis cosas. El "centro de operaciones" de Nueva Ufología –mi oficina de San Miguel- se desarma. Vuelan dos fotografías de sendos ovnis pegadas a la pared. La papelería es embalada y les guardo a mis amigos algunas de sus olvidadas pertenencias: videos, cintas, revistas ovnísticas (alguien metió también una Penthouse), un par de libros y cachivaches ufológicos varios. Todo se termina, sin duda. En la especie, la cosa se terminó cuando recién empezábamos a disfrutar en grande del juego. Resultado lamentable, pues periclita un espacio realmente crítico en la ufología criolla; hasta la fecha –y no es para enorgullecerse- este agonizante pasquín es (fue) el único medio chileno que ha desafiado los pilares sacrosantos de la subcultura ufológica. Lo hicimos francamente, exponiendo nuestros puntos de mira, aprovechando las granjerías de nuestra efímera existencia...

Tengo que irme. Me permito un leve momento de nostalgia y sentimentalismo, pero sé que no tiene importancia. ¿Nos recordará algún ufólogo, alguna vez? ¿Tuvo sentido el breve simulacro? Ya, vamos saliendo, que se acerca el fin de siglo, el aguacero, y los profetas del Apocalipsis, con ángeles extraterrestres y la siega de los malvados.

El último cierra la puerta.

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