Lentamente,
este artefacto ha logrado estabilizarse y sigue –imperturbable- en su
vía racional y desmitificadora. A lo largo de este año
de viaje, un año no exento de inquietudes, hemos logrado suscitar
el apoyo y la colaboración de un número significativo
de investigadores críticos y escépticos de todo el mundo
(ufológico, claro). Es un logro que nos sorprende y enorgullece
pues, cuando en marzo del 2000 surgió la peregrina idea de zarpar
(¿o despegar?), bueno, todo parecía tan lejano como Groenlandia
o Manchuria.
Mas
esta chirriante Nave, tan alejada de la parafernalia mediática,
ya comienza a ser –un poco- más conocida. Hay rumores de que
circula por el espacio aéreo andino, cruzando impunemente la
Cordillera; otros, y no los menos, aseguran haberla visto como un barco
fantasma, en noches de alta mar.
La
Nave, empero, hace frecuentes paradas y comparte con sus amigos. Sus
tripulantes llegan a "la Posada" de turno, alegrando sus corazones
con vino dulce y con viejas historias de aventuras. Y no es que la Posada
sea una interrupción del Viaje: "el mundo es la Posada",
tal como decía Dickens.
Por
tanto, no es extraño que se suban a la Nave más tripulantes,
algunos hasta la siguiente estación; otros, hasta nuevo aviso.
Pero, a todos ellos, a los que han creído en nosotros, en estos
dos plumarios forzosos, les damos efusivamente las gracias. De verdad.
Y
como prueba de gratitud, ofrecemos este número doble, para celebrar
en grande la insólita travesía. ¡Salud!
Los
directores
Volver
al Nº 7/8