La Nave de los Locos

La Nave de los Locos Nº 7/8
NL: UNA HISTORIA DE INTRIGA, EMOCIÓN, DRAMA Y SUSPENSO
S.SÁNCHEZ/D.ZÚÑIGA
(CHILE) - 2001

"La Nave de los Locos es el caballito de batalla de la ufología culta chilena"*
Rodrigo Fuenzalida, Planetario USACH, 13 de enero de 2001

Un perdido día de mediados de 1999, la excusa de una reunión de trabajo juntó a Juan Guillermo Prado, Sergio Sánchez y Diego Zúñiga en torno a unos platos (de comida) en un restaurante del centro de Santiago. La idea era aunar criterios sobre un proyecto que Prado deseaba sacar adelante: una revista, de venta en los quioscos, que sacudiera de la modorra a la ufología chilena y diera espacios para la discusión de estos temas. Ésa fue la primera vez que los directores de La Nave de los Locos se vieron las caras.

Tras la partida de Prado, quien debía seguir trabajando, Sánchez y Zúñiga continuaron una animada conversación e intercambio de opiniones. Después, sobrevendrían las charlas telefónicas, los encuentros en la Plaza de Armas (¡a las diez de la mañana en la (librería) Manantial!), las visitas al trabajo o la universidad... Se gestaba una amistad, basada en la similitud de pensamientos ufológicos y de visiones ante la vida.

Sin embargo, la primera aproximación a lo que luego sería este boletín vino poco después. Se trató, como muchos descubrimientos, de una casualidad: Zúñiga, hurgueteando en el computador de su novia, supo que era posible hacer boletines. Un par de días después, tenía en sus manos la maqueta de "Espacio Racional" (ver contraportada de la versión en papel). Un poco descontentos con el enfoque más difusor que analítico que tendría la iniciativa que Prado propulsaba, la dupla SaZu decidió, si bien jamás abandonar a Prado, sí tener una especie de "proyecto paralelo".

Fue así como Zúñiga llegó con "Espacio Racional" bajo el brazo a las oficinas del Instituto de Normalización Previsional (INP) donde trabajaba (aún lo hace) Sánchez. Era la prueba palpable, medible en laboratorios si se quería, de que era posible hacer algo interesante, con pocos recursos y muchas ganas. En la misma mesa de la sala de espera se hicieron las correcciones, se le cambió el nombre (se tentó con "Ríndanse Terrícolas", pero no clasificó) y se le dio el formato original. Se tiraron las primeras líneas del contenido y se pusieron manos a la obra.

Reclutamos a Cristina González, una joven dibujante de excelente nivel, cuyas obras deleitan a los lectores cada edición, y a José Mateluna, también joven estudiante de fotografía con cursos de diseño en el cuerpo, quien puso cierto orden al caos que imperaba en "Espacio Racional", dando una pauta de lo que debía ser NL. Dos meses después, en abril de 2000, salió el primer número de "La Nave de los Locos", con un especial dedicado a la ufología mexicana.

El proyecto encendió el inmediato interés de algunos investigadores extranjeros, quienes veían con incredulidad que en Chile también había material para hacer algo interesante y de cierto nivel. Acostumbrados a las salidas de Anfruns y sus teorías poco sustentables (siendo benévolos), la ufología crítica internacional había perdido la esperanza en nuestro país.

Durante nuestro año de vida hemos captado y reunido una verdadera bitácora de la ufología chilena, dando información de encuentros, eventos varios, reuniones, discusiones, anécdotas, investigaciones y casi todo lo que acá ocurre. Hemos dado tribuna a la ufología racional europea, desconocida en Chile, con traducciones de artículos de primer nivel y trabajos de críticos españoles que merecían ser leídos en nuestro país.

En estos esforzados ocho primeros números dimos cabida a especiales de los más diversos temas: Ufología mexicana (en dos tandas), Chupacabras, FIDAE, Ufología chilena (dos tandas también), Hipótesis Psicosocial (3 ediciones), además de trabajos de análisis y crítica que han despertado pasiones, como queda retratado en nuestras páginas.

Al poco tiempo de ver la luz el primer número, "La Nave de los Locos" recibió la adhesión de Philip Klass, quien en la carta que nos remitió se lamentaba de no tener treinta años menos "para colaborar activamente con ustedes". Edoardo Russo, del CISU (Italia), señaló que La Nave de los Locos "era lo mejor que había salido de América del Sur después de UFO-Press". Como estos, son decenas los parabienes que nos han enviado: desde el grupo escéptico estadounidense CSICOP, pasando por los escépticos peruanos del CIPSI, hasta la respetada Fundación Anomalía, y sin olvidar a Alternativa Racional a las Pseudociencias (España), entre otros.

Se han subido a La Nave, durante este recorrido, investigadores como Rodrigo Fuenzalida (Chile), Roberto Banchs (Argentina), Pierre Lagrange (Francia), Héctor Escobar (México), además de los que nos acompañan desde el comienzo.

"La Nave de los Locos" ha buscado ser la punta de lanza de la ufología racional chilena, y sus páginas están abiertas para los trabajos que nos remitan tanto los amigos lectores como quienes se encuentran al otro lado de la vereda ufológica. En ese sentido somos amplios, pues sabemos que sólo después de fructíferas discusiones es posible dar un paso adelante. Sean todos bienvenidos, de verdad.

Es cierto que nos hemos entretenido demasiado en cuestiones ufológicas, en perjuicio de los demás temas paracientíficos. Tal desequilibrio irá compensándose, sin embargo, lenta pero inexorablemente. Ya verán.

Agradecemos a quienes han tenido confianza en nuestro proyecto, a nuestros suscriptores (¡cada día son más!) y a aquellos que nos leen por Internet; a quienes se adhieren a nuestra iniciativa porque buscan, más allá de los flashes y la egomanía mediática, dar rienda suelta a las emociones y pasiones que despiertan los temas "misteriosos" y el trasfondo cultural que se oculta en ellos.

El futuro de la revista se ve promisorio: hay en preparación especiales de varios temas, tenemos previstos dossieres para unos diez números más y las ganas están a tope, como al principio. La Nave de los Locos cumple un año... Por la razón, ¡ojalá sean muchos más!

Agradecimientos

Diego Zúñiga agradece, por la ayuda prestada en este primer año de viaje por las aguas de la ufología, a sus padres, Berta y Jorge, por entender que la lucha por la difusión veraz y racional de estos temas despierta pasiones en su hijo, y apoyarlo en esto; a Tamara Núñez, su polola (novia), porque no sólo es compañía en las buenas, en las malas y en las chantas (charlas de Jaime Rodríguez incluidas), sino que además es eficaz informadora de dislates en la prensa; a Isabel Zúñiga (su tía), por ser constante apoyo, ya sea en la búsqueda de informaciones de prensa, ya sea colaborando con materiales que hacen posible la vida de La Nave; a José Mateluna, porque no lo piensa dos veces a la hora de ayudar a su viejo amigo en sus locuras; a Iván Carvajal, porque también está atento a los desvaríos ufológicos, y cuenta con la disposición que sólo tienen los amigos; a Jorge Zúñiga (su hermano menor), vivaz e irónico, se presta para nuestras producciones humorísticas (ver "La aspiradora de Adamski" de este número, versión papel) y además ayuda a La Nave con las grabaciones de videos televisivos; a Juan Guillermo Prado, porque dijo ¡vamos! desde el comienzo y siempre ha apoyado esta iniciativa. Sin él, esto no existiría; a Rodrigo Fuenzalida, porque difunde La Nave en cada oportunidad que se le presenta; a nuestros lectores, pocos pero fieles, que hacen que esto tenga más sentido aún; y, por supuesto, a Sergio Sánchez, porque su sapiencia (no sólo ufológica) y sincera amistad permitieron sacar del letargo ovnístico al agradecido. Además, le dio el impulso sin el cual esta Nave jamás habría emprendido el vuelo. Sin olvidar a todos quienes, de una u otra manera, han ayudado a engrandecer este proyecto.

Sergio Sánchez agradece a TODOS los colaboradores de La Nave. Como no los puede nombrar en su integridad –sería latoso-, mencionará especialmente a Ricardo Campo, nuestro santo patrono en la "Fundación Anomalía"; a Alejandro Agostinelli, casi nuestro manager; a Rubén "Gurú" Morales, quien reseña amablemente cada nuevo número de La Nave y nos ha hecho menos desconocidos; a John Harney, "nuestro hombre en Magonia"; a Barry Karr, quien abrió las puertas del CSICOP a este par de... plumarios; a Luis González Manso, quien nos "tapó" literalmente de un material interesantísimo, desde los tímidos comienzos; a Philip Klass, quien –pese a su octogenaria y deteriorada salud- se dio tiempo de depositarnos su más plena confianza. Y a todos los demás: Ballester Olmos, Borraz, Cabria, Lagrange, Cortez, Viegas, Banchs, Ruiz Noguez y ETCÉTERA: sencillamente "se han pasado", como decimos por estos lados. Destaco también a los investigadores nacionales nombrados arriba (Prado y Fuenzalida) y al CIFOV: hay mucha savia joven y claridad de ideas en este colectivo. También a dos amigas no-ufólogas de La Nave: Patricia Henríquez, por su incansable labor divulgativa y Claudia Latorre, la primera suscriptora reclutada. Y a Diego Zúñiga, un tipo perseverante, veraz, confiable, algo impetuoso y de gran capacidad intelectual (no se olviden de que sólo frisa los veinte años). En sus hombros –creo yo- reposa el futuro de la ufología crítica chilena.

* Nótese que dijo de batalla, no de Troya.

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