Los
Estados Unidos de Norteamérica han sido la fuente de muchas modas y
obsesiones a escala global, sobre todo a partir de la Segunda Gran Guerra.
Los platillos volantes y la ufología constituyen una parte principalísima
de tales fenómenos culturales (debiéramos, quizás, decir "transculturales").
A veces olvidamos que las coordenadas claves de la ufología, en realidad,
constituyen el producto de una historia bien determinada y azarosa.
Todo, según los vaivenes que se registraron en el país de los rascacielos
y la comida rápida (pero que también es el de Walt Whitman y William
James, seamos justos).
Les
dio –por esos lados- con las abducciones ¡y ya!, en todo el mundo la
gente empezó a ver "grises". Y siguieron los hipno-ufólogos, los visitantes
de dormitorio y, cómo no, los implantes. ¿No dicen, precisamente, que
"como es arriba, es abajo"?
Pero
la ufología "made in USA" no es sólo Roswell, Área 51, Majestic 12 o
Matrix. Tampoco se circunscribe a William Moore, Bob Lazar, Paul Bennewitz,
Wendelle Stevens o Stanton Friedman (aunque sea canadiense) y similares.
Hay más, mucho más en el país del Norte, al que ya se asocia –casi por
instinto- con una ufología bizarra y fantasiosa, literal y mecanicista.
Hay voces discordantes; minoritarias, pero están asistidas por el sentido
crítico. Otros nombres, como Philip Klass, Martin Kottmeyer, Dennis
Stillings o Peter Rojcewicz conforman –con sus diferencias y todo- la
"otra" ufología estadounidense, la más interesante, la materia prima
de este nuevo y jugoso especial que ofrecemos a nuestros lectores. Esperamos
que sea de vuestro agrado.
Además,
comienza en este número la ya anunciada apertura a otros temas paracientíficos.
Por cierto, las cuestiones ufológicas seguirán siendo el eje de nuestros
desvelos. Pero, lo sabemos, al interior de La Nave parece que hay almas
en pena. Y algunos de sus tripulantes alegan haber visto serpientes
marinas, después de una lluvia de ranas... ¿Nos damos a entender?
Los
directores
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