Estoy tan apenado. Han
pasado cincuentas años, y todavía no existe un solo rastro de vida extraterrestre.
Seguimos caminando sin rumbo. Solos en un mundo de insensatos individualistas.
Este ensayo tiene un
fin específico: eliminar la superchería de los investigadores OVNI,
conocidos en el ambiente especializado como ufólogos. No es mi deseo
insultar sino abrir los ojos de las personas comunes, que al fin y al
cabo son las más vulnerables.
Primeramente me presentaré.
Me llamo Rodolfo Tassi, soy siquiatra y escritor. Trabajo en el Hospital
de Ramos Mejía en el turno vespertino. Escribí varios libros que fueron
publicados en el exterior sin mi autorización, de los cuales desconozco
sinceramente su destino y éxito. Esto me sucedió por confiar en un colega
francés que trabajó conmigo en el ‘89. A veces, los peores enemigos
se encuentran a tu diestra. Sé que borró mi nombre de los manuscritos
para posicionar el suyo. Pero ese es otro tema, lamentable por cierto.
Quiero establecer un
paradero, ya clásico en el género: el aterrizaje de criaturas del espacio
exterior en la zona norteamericana de Roswell. Habrían sido capturadas
por los militares en un operativo dotado de grandes recursos. Terminado
el trabajo de limpieza, las llevaron al Área 51. Les sanaron las heridas
y ofrecieron una vida tranquila en el desierto. ¿Libre de cargos? No.
Este paraíso tenía un costo. La entrega incondicional de la tecnología
de suspensión aeronáutica. Los cultivados declaran que la respuesta
fue positiva. Gracias a esto tenemos lectoras y grabadoras de CD, aviones
de gran capacidad y porte, estación espacial en construcción, mejoras
arquitectónicas, etc.
Por favor... ¡es ridículo!
¿Quién puede creer que el gobierno ocultó la vida en otros planetas
por un simple intercambio de información? En la historia del hombre,
las culturas occidentales que conquistaron las Indias no privaron al
indígena de los caballos ni de los fusiles durante la expansión del
imperio español. Para la revolución, ambos lados de la moneda poseían
artefactos de igual calibre.
Vamos a atacar al virus
por delante. En la década del 50 estalló en los EE.UU. el fenómeno de
la ciencia-ficción. Se vendieron
más libros que en los setenta y ochenta juntos. Roswell fue el disparador
concreto de una premisa marketinera. Yo creo que un grupo importante
de empresarios se reunió para debatir las mentiras que se transformarían
en libros, revistas, películas, ¡hasta periodismo de vanguardia! Al
fin de cuentas... ganaron. Las encuestas lo restriegan, muerdan el polvo
los escépticos: casi el 60% de la población mundial cree que los extraterrestres
(esos menudos enanos blancos, de ojos negros gigantes y vocabulario
mental) interactúan entre nosotros.
Abducciones en plena
noche, raptos injustificados en oficinas estatales, tiempo perdido mientras
viajas hacia tu casa, muertes violentas de ganado, son –al fin y al
cabo– los nuevos exorcismos que ejercen los siquiatras sobre los pacientes.
Es que el dinero mueve al mundo, querido hermano. ¿Cómo liberarse de
ese deseo hermoso de introducir falsos recuerdos? ¿Eh? Hay que continuar.
Justifiquemos a los atracadores del espacio. Digamos que está bien que
algo tan sensible como la hipnosis la ejerza cualquier asno por la televisión.
Total... estamos jugando con la vida humana. Bah, podremos clonarlo
si algo sale mal.
Basta. Alguien tiene
que marcar el límite entre el campo tenebroso del negocio y la cordura.
Argentinos, latinoamericanos, europeos... absténganse de seguir a hombres
como Fabio Zerpa o Alberto Peña. Son ladrones encubiertos en documentales
impactantes sobre civilizaciones que viven en el interior del planeta,
que se comunican con los "elegidos" por medio de sueños y castigan al
que no quiera seguirlos. No vayan al Cerro Uritorco para ver las luces
que giran y giran. ¡Son inventos! ¡Efectos lumínicos propagados por
aparatos ubicados en la superficie! ¿O alguien me puede DEMOSTRAR FEHACIENTEMENTE
QUE TIENE UNA SOLA MOLÉCULA QUE NO PERTENEZCA A NUESTRO UNIVERSO?
Termino con una frase
del poeta Federico García Lorca: "siempre temí que, después de muerto,
digan atrocidades sobre mi vida. Es inevitable... somos inevitables".
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