La Nave de los Locos

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LA MÁSCARA DE NOSTRADAMUS
Una instructiva aventura alrededor del profeta galo
ALEJANDRO AGOSTINELLI
(ARGENTINA) - 1995

Dibujo de Andrés Martínez RicciLa increíble historia del editor que quiso aprovechar la celebridad de Michel de Nostradamus (1503-1566) para meter gato por liebre: pretendía que un periodista volviera a leer sus Centurias y viera allí el futuro de la Argentina. No contaba con que una relectura crítica iba a permitir adivinar que detrás de los oscuros pronósticos del poeta proliferan interpretaciones para todos los gustos.

 Nota: Los hechos actuales citados en esta crónica son pura ficción.
Todo parecido con la realidad es mera coincidencia
.

Las oficinas de la editorial están en el último piso del edificio más moderno de Catalinas del Norte. Es agradable ver el río desde ahí. El director de la empresa entorna una persiana del ventanal y el sol imprime unas rayas doradas en el estudio. Adriana, su secretaria, sirve café para tres y se sienta con un anotador. "En la colección Misterios de Oro (MdO) vamos a incorporar un título sobre las profecías de Nostradamus. Y queremos que lo escriba usted", dijo Gonzalo Abelino. Fue al punto con el donaire del ejecutivo que se la sabe lunga. El periodista vació tres sobrecitos de sacarina en su café y lo miró con interés. Adriana escribía todo.

La editorial había sido fundada por el padre de Gonzalo en los 60. El sueño de aquel era difundir escritores noveles. Lo cumplió. Nunca fue famoso ni hizo fortuna. Pero dicen que fue feliz. El dinero recién llegó hace cinco años, cuando el más joven de sus hijos se empezó a ocupar de la empresa. Gonzalo -licenciado en Ciencias Económicas, pragmático, emprendedor- se dio cuenta a tiempo de que -en vez de libros- conviene vender salvavidas.

La serie MdO fue un éxito. Guías de meditación campestre, urbana y espacial; fórmulas para gambetear la angustia, la muerte y la soledad; cómo, dónde y cuándo encontrar ángeles guardianes; recetarios de prosperidad instantánea; anuarios de astrología práctica para selección de personal; manuales de autoayuda de todos los colores y revelaciones de maestros ascendidos encarnados en Occidente, a los que les cambió la tapa, el orden de los capítulos y salieron a las bateas a devorar.

Abelino sabía lo que quería: "Hace más de 400 años, Nostradamus escribió una serie versos en los que predijo las guerras napoleónicas, el nazismo y la bomba atómica. Es el profeta más antiguo y más conocido de todos los tiempos. Intuyo que su popularidad debe estar relacionada con el clima sombrío y el carácter escueto de sus pronósticos, que sugieren más de lo que dicen. Usted sabe: el estilo metafórico beneficia inmensamente las facultades proféticas del vidente. ¿Me explico?".

El periodista asintió pensativo. Pero en realidad intentaba discernir si el editor era un cínico, un crédulo o ambas cosas a la vez. Disimuló sus nervios espolvoreando más edulcorante en el pocillo de café y dijo: "Ahora usted dirá qué quiere de mí". El empresario no anduvo con vueltas: "Bien. Necesitamos que lea a Nostradamus y descubra qué ocurrirá en el país de aquí a unos cinco años. Ya tengo el título: El futuro de la Argentina según Nostradamus. Debería analizar a fondo las Centurias del profeta e interpretar quién ganará las elecciones en 1999, si para entonces el dólar seguirá estable, la muerte de alguna personalidad, pestes, cataclismos... En fin, el tipo de cosas que esperanzan o meten miedo a la gente. Venderá millones de ejemplares, se lo aseguro. Es obvio que no está comprometido a poner su firma...". Faltaba más.

PREDICCIONES DEL PASADO

Michel de Nostradamus nació en Staint-Rémy-de-Provence, Francia, el 14 de diciembre de 1503. A los 26 años, obtuvo su título en medicina en la Universidad de Montpellier. Tenía 50 años cuando escribió los vagos versos de cuatro líneas reunidos en grupos de cien, llamados Centurias. Se suponía que eran profecías, expresadas en una forma excéntrica y arcaica de francés latinizado. El modelo de sus cuartetas era el verso común, que requiere líneas de diez sílabas con una fuerte pausa antes de la cuarta sílaba de cada línea.

El poeta se convirtió en el favorito de la realeza europea, que lo colmaba de regalos y títulos. Luego estudió astrología para ampliar sus facultades proféticas. Al parecer, nunca llegó a conocer mucho el tema: sólo usaba ese lenguaje para expresarse.

Cuando murió, en 1566, había publicado varios almanaques de profecías, que totalizaron 950 versos. Explicó que los escribió en forma difusa para que "no se las pudiera entender hasta que fueran interpretadas después o en el momento del hecho". Esas palabras sí fueron proféticas: sus versos nunca sirvieron para prever ningún acontecimiento.

Nostradamus también fue mejorado. Los nazis, por ejemplo, inventaron algunas cuartetas como ardid propagandístico para apuntalar su imagen y su futuro. Varios versos genuinos fueron usados por los nazis y los Aliados: ambos bandos intentaron probar propósitos exactamente opuestos.

PROFUNDA OSCURIDAD

El escriba prometió que lo iba a pensar. En realidad, su decisión estaba tomada. Pero no quiso volver sin fundar su negativa con una pequeña investigación. Primero trató de conseguir una copia de un documental sobre el profeta que se acababa de emitir por televisión. El productor del programa le comentó: "La gente está histérica. El día después de la emisión hubo madres que llamaron enojadísimas porque sus chicos no querían ir al colegio. Se habían creído lo del fin del mundo..." Se refería a una de las pocas profecías de Nostradamus que menciona una fecha concreta. Dice: "El año 1999, siete meses / del cielo vendrá un gran rey de terror. / Resucitará el gran rey de Angoulmois, / antes después Marte reinará por fortuna".

Para algunos, el verso se debía entender así: "En julio de 1999 atacará a Occidente un líder musulmán aliado de las fuerzas asiáticas; antes y después reinará la guerra". Unos interpretaron que sería un ataque aéreo a Francia y no faltaron quienes imaginaron una invasión marciana. Más tarde, otro verso fue usado para adjudicarle haber anticipado la Guerra del Golfo: "El Príncipe árabe Marte, Sol, Venus, León, / el reino de la Iglesia sucumbirá por mar: / hacia Persia cerca de un millón, / ver. serp. invadirá Bizancio y Egipto". Los exegetas del adivino descubrieron cristalinas referencias al conflicto, aunque en libros y artículos aparecían como por encanto palabras ausentes en la versión original (como soldados después de millón) y nadie entendía muy bien cuál pudo haber sido la intervención de la Iglesia en la invasión a Kuwait.

Otros entrevieron que predijo el nacimiento de Napoleón Bonaparte: "Un emperador nacerá cerca de Italia / que será vendido muy caro al Imperio, / dirán con qué gente se alía, / parecerá menos un Príncipe que un carnicero".

El problema es que no sólo Napoleón, sino Adolf Hitler y Fernando II encajaban perfectamente en la profecía. "Cerca de Italia" abarca Austria y Córcega, tierras natales del ilustre trío. Francia, Yugoslavia, Grecia y Suiza también eran candidatas. ¿Y por qué no se pudo referir a ciertos césares romanos? Pero tales interpretaciones, desde luego, acabarían con el carácter predictivo del verso para reducir a Nostradamus a un mero historiador-poeta...

En cualquier caso, era evidente que los contenidos más oscuros de las Centurias habían sido manipulados y, para colmo, merecían interpretaciones contradictorias. Las predicciones más conocidas, en realidad, fueron las ocurrencias, conjeturas e inferencias de los especialistas, más que las profecías tal como fueron escritas.

En su tiempo, Nostradamus respondió así a los cargos de hermetismo: "He querido develar algunos hechos referidos a toda la humanidad, pero utilizando frases y locuciones obtusas e imprecisas para no escandalizar a nadie, por eso los he anunciado mediante imágenes nebulosas". Sus defensores aducen que se servía de ese lenguaje críptico para protegerse de la censura inquisitorial, que podría haberlo condenado a la hoguera.

Pero... ¿cuál hubiera sido el inconveniente de nombrar ciudades o líderes pertenecientes al futuro? Si hubiera escrito "Benito Mussolini" en vez de "D’ Arimin Prato" o "Napoleón" en vez de "Pau-Nay-Lorón" (como se lee en su opúsculo), los potenciales inquisidores hubieran encontrado a estas palabras tan vacías de significado como las que de hecho escribió en sus cuartetos.


CÓMO SER UN VIDENTE DE ÉXITO

James Randi, el famoso investigador norteamericano de lo paranormal, encontró en las profecías de Nostradamus un modelo eficaz para comprender las reglas del juego y triunfar como vidente. Lo resume en ocho lecciones:

1. Haga muchas predicciones y espere que alguna se cumpla. Si eso ocurre, exhíbala con orgullo. Ignore las otras.

2. Utilice frases vagas y ambiguas. Las afirmaciones precisas pueden ser erróneas, mientras que las expresiones que incluyan términos como "siento que", "veo la imagen de", "podría ser que" "quizás", "me parece que recibo", etc, siempre pueden ser reinterpretadas.

3. No le tema al simbolismo. Sea metafórico. Use imágenes de animales, nombres e iniciales. Los creyentes pueden combinar estas palabras en muchas situaciones distintas.

4. Cubra una situación que contemple dos posibilidades y luego elija aquella que verifique como real según vuestra previsión.

5. Indique siempre un origen divino para sus predicciones. De este modo, los detractores deberán arreglárselas con Dios.

6. No importa cuánto se equivoque; siempre siga adelante. Los creyentes no tendrán en cuenta los errores y seguirán hasta el final, esperando que dé en la tecla.

7. Vaticine catástrofes: se recuerdan más fácilmente y pasan a ser las más célebres profecías. Los terremotos son las predicciones más seguras.

8. Cuando realice la previsión después del hecho -pero desea hacer creer que la profecía es anterior al evento- confúndalos tanto que haga aparecer inciertos los detalles exactos. Una profecía demasiado buena despierta sospechas.

No es que mentalistas, arúspices y adivinos sigan al pie de la letra recetarios como el presente ni que en todos los casos actúen con una malicia calculada. Lo que sucede es que los años y la experiencia los ponen prácticos, y recurren a estos trucos sin pensarlo demasiado. Es lógico: a nadie le gusta perder una apuesta.

James Randi, viejo investigador de lo paranormal, lo ve claro: "Las profecías de Nostradamus resultan una fatigosa colección de versos vagos, con juegos de palabras mal construidos, escritos por un hombre que, en sus otras obras, demostró que era capaz de escribir en un francés conciso y correcto. Sus editores lo salvaron de mala manera, cometiendo errores que hacen más agradables sus centurias para aquellos a quienes les parece profunda la oscuridad".

La nostradamusmanía hizo más ruido que nunca cuando explotó en Francia, en el verano de 1981. Los rusos iban a aliarse con los jeques del petróleo y un poderoso ejército ruso-islámico invadiría Marsella. París sería destruido y el Papa moriría asesinado en Lyon. Al menos así lo vaticinó Jean-Charles de Fontbrune, seudónimo de un célebre traductor e intérprete del profeta. Partía del siguiente verso: "En medio del gran mundo la rosa,/ por nuevos hechos sangre pública derramada...". La alusión sirvió para que tanto el escritor como la derecha exprimieran hasta el último pétalo de la rosa, infiriendo que el triunfo socialista acabaría en una tragedia sangrienta. El pánico se propagó entre los parisinos más incautos y muchos malvendieron sus pertenencias para abandonar Europa, supuesto escenario del final de los tiempos.

¿NO CIERRA TRATO?

Como si hubiera oído el mar en vez de las conclusiones de Randi y el pandemónium desatado por la profecía fallida, el editor preguntó: "Y bien: ¿cuándo tenemos El futuro de la Argentina según Nostradamus?". El periodista le habló con franqueza: "Vea, escribir el libro que usted me pide es fácil. Pero me haría entrar en un juego maquiavélico. El lenguaje de Nostradamus es tan rebuscado que decodificarlo es una actividad sin reglas. Cualquiera le puede hacer decir cualquier cosa. Inténtelo usted mismo, verá lo sencillo que es".

El editor yacía abatido en su sillón. "¿Y Fontbrune? ¿Cuántos libros vendió Fontbrune?", arremetió al volver en sí. "Fue un éxito: agotó infinidad de ediciones y se sigue publicando. ¿Sabe lo que contestó cuando le preguntaron por qué nunca llegó el desastre europeo que había anunciado? ‘Mi interpretación de Nostradamus sigue siendo válida. Pero si Nostradamus se equivocó, ¡qué le vamos a hacer!’. Es decir, Fontbrune era un perfecto cretino".

Estaba escrito que el destino del editor y del autor frustrado no volverían a cruzarse. Es probable que, más adelante, El futuro de la Argentina según Nostradamus encuentre quien lo escriba: el reciclaje de las profecías nostradámicas resiste la erosión del tiempo y el negocio continuará, aunque las risotadas del profeta retumben otros 440 años. El periodista, en cambio, acaso no encuentre nunca editor para un libro que devele las picardías con las que se ha construido el universo del vidente galo. "Pero, quién sabe..." -meditó. "A lo mejor, algún día, las cuento en un artículo". Es el que acaba de leer.

BIBLIOGRAFÍA

- Cevallos Estarellas, Pablo. "Nostradamus, su verdad más oculta". En Vistazo (Guayaquil, Ecuador, 1992), pp. 23-26.
- Polidoro, Massimo; "La maschera di Nostradamus". En Cicap, Anno 3, N. 1, pp. 12-15.
- Randi, James; Nostradamus: "The prophet for all seasons". En The Skeptical Inquirer, otoño de 1982.

Dibujo: Andrés Martínez Ricci - Primera publicación: Sección "En trance", La Prensa, Buenos Aires, 22 de mayo de 1995 - © Alejandro Agostinelli. Todos los derechos reservados.

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