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LA
MÁSCARA DE NOSTRADAMUS Una instructiva aventura alrededor del profeta galo |
ALEJANDRO
AGOSTINELLI (ARGENTINA) - 1995 |
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Nota:
Los hechos actuales citados en esta crónica son pura ficción. Las
oficinas de la editorial están en el último piso del edificio más
moderno de Catalinas del Norte. Es agradable ver el río desde ahí.
El director de la empresa entorna una persiana del ventanal y el sol
imprime unas rayas doradas en el estudio. Adriana, su secretaria,
sirve café para tres y se sienta con un anotador. "En la colección
Misterios de Oro (MdO) vamos a incorporar un título sobre las
profecías de Nostradamus. Y queremos que lo escriba usted", dijo Gonzalo
Abelino. Fue al punto con el donaire del ejecutivo que se la sabe
lunga. El periodista vació tres sobrecitos de sacarina en su café
y lo miró con interés. Adriana escribía todo.
El escriba prometió que lo iba a pensar. En realidad, su decisión estaba tomada. Pero no quiso volver sin fundar su negativa con una pequeña investigación. Primero trató de conseguir una copia de un documental sobre el profeta que se acababa de emitir por televisión. El productor del programa le comentó: "La gente está histérica. El día después de la emisión hubo madres que llamaron enojadísimas porque sus chicos no querían ir al colegio. Se habían creído lo del fin del mundo..." Se refería a una de las pocas profecías de Nostradamus que menciona una fecha concreta. Dice: "El año 1999, siete meses / del cielo vendrá un gran rey de terror. / Resucitará el gran rey de Angoulmois, / antes después Marte reinará por fortuna". Para algunos, el verso se debía entender así: "En julio de 1999 atacará a Occidente un líder musulmán aliado de las fuerzas asiáticas; antes y después reinará la guerra". Unos interpretaron que sería un ataque aéreo a Francia y no faltaron quienes imaginaron una invasión marciana. Más tarde, otro verso fue usado para adjudicarle haber anticipado la Guerra del Golfo: "El Príncipe árabe Marte, Sol, Venus, León, / el reino de la Iglesia sucumbirá por mar: / hacia Persia cerca de un millón, / ver. serp. invadirá Bizancio y Egipto". Los exegetas del adivino descubrieron cristalinas referencias al conflicto, aunque en libros y artículos aparecían como por encanto palabras ausentes en la versión original (como soldados después de millón) y nadie entendía muy bien cuál pudo haber sido la intervención de la Iglesia en la invasión a Kuwait. Otros entrevieron que predijo el nacimiento de Napoleón Bonaparte: "Un emperador nacerá cerca de Italia / que será vendido muy caro al Imperio, / dirán con qué gente se alía, / parecerá menos un Príncipe que un carnicero". El problema es que no sólo Napoleón, sino Adolf Hitler y Fernando II encajaban perfectamente en la profecía. "Cerca de Italia" abarca Austria y Córcega, tierras natales del ilustre trío. Francia, Yugoslavia, Grecia y Suiza también eran candidatas. ¿Y por qué no se pudo referir a ciertos césares romanos? Pero tales interpretaciones, desde luego, acabarían con el carácter predictivo del verso para reducir a Nostradamus a un mero historiador-poeta... En cualquier caso, era evidente que los contenidos más oscuros de las Centurias habían sido manipulados y, para colmo, merecían interpretaciones contradictorias. Las predicciones más conocidas, en realidad, fueron las ocurrencias, conjeturas e inferencias de los especialistas, más que las profecías tal como fueron escritas. En su tiempo, Nostradamus respondió así a los cargos de hermetismo: "He querido develar algunos hechos referidos a toda la humanidad, pero utilizando frases y locuciones obtusas e imprecisas para no escandalizar a nadie, por eso los he anunciado mediante imágenes nebulosas". Sus defensores aducen que se servía de ese lenguaje críptico para protegerse de la censura inquisitorial, que podría haberlo condenado a la hoguera. Pero... ¿cuál hubiera sido el inconveniente de nombrar ciudades o líderes pertenecientes al futuro? Si hubiera escrito "Benito Mussolini" en vez de "D’ Arimin Prato" o "Napoleón" en vez de "Pau-Nay-Lorón" (como se lee en su opúsculo), los potenciales inquisidores hubieran encontrado a estas palabras tan vacías de significado como las que de hecho escribió en sus cuartetos.
La nostradamusmanía hizo más ruido que nunca cuando explotó en Francia, en el verano de 1981. Los rusos iban a aliarse con los jeques del petróleo y un poderoso ejército ruso-islámico invadiría Marsella. París sería destruido y el Papa moriría asesinado en Lyon. Al menos así lo vaticinó Jean-Charles de Fontbrune, seudónimo de un célebre traductor e intérprete del profeta. Partía del siguiente verso: "En medio del gran mundo la rosa,/ por nuevos hechos sangre pública derramada...". La alusión sirvió para que tanto el escritor como la derecha exprimieran hasta el último pétalo de la rosa, infiriendo que el triunfo socialista acabaría en una tragedia sangrienta. El pánico se propagó entre los parisinos más incautos y muchos malvendieron sus pertenencias para abandonar Europa, supuesto escenario del final de los tiempos. ¿NO CIERRA TRATO? Como si hubiera oído el mar en vez de las conclusiones de Randi y el pandemónium desatado por la profecía fallida, el editor preguntó: "Y bien: ¿cuándo tenemos El futuro de la Argentina según Nostradamus?". El periodista le habló con franqueza: "Vea, escribir el libro que usted me pide es fácil. Pero me haría entrar en un juego maquiavélico. El lenguaje de Nostradamus es tan rebuscado que decodificarlo es una actividad sin reglas. Cualquiera le puede hacer decir cualquier cosa. Inténtelo usted mismo, verá lo sencillo que es". El editor yacía abatido en su sillón. "¿Y Fontbrune? ¿Cuántos libros vendió Fontbrune?", arremetió al volver en sí. "Fue un éxito: agotó infinidad de ediciones y se sigue publicando. ¿Sabe lo que contestó cuando le preguntaron por qué nunca llegó el desastre europeo que había anunciado? ‘Mi interpretación de Nostradamus sigue siendo válida. Pero si Nostradamus se equivocó, ¡qué le vamos a hacer!’. Es decir, Fontbrune era un perfecto cretino". Estaba escrito que el destino del editor y del autor frustrado no volverían a cruzarse. Es probable que, más adelante, El futuro de la Argentina según Nostradamus encuentre quien lo escriba: el reciclaje de las profecías nostradámicas resiste la erosión del tiempo y el negocio continuará, aunque las risotadas del profeta retumben otros 440 años. El periodista, en cambio, acaso no encuentre nunca editor para un libro que devele las picardías con las que se ha construido el universo del vidente galo. "Pero, quién sabe..." -meditó. "A lo mejor, algún día, las cuento en un artículo". Es el que acaba de leer. BIBLIOGRAFÍA - Cevallos Estarellas, Pablo. "Nostradamus, su verdad más oculta". En Vistazo (Guayaquil, Ecuador, 1992), pp. 23-26. - Polidoro, Massimo; "La maschera di Nostradamus". En Cicap, Anno 3, N. 1, pp. 12-15. - Randi, James; Nostradamus: "The prophet for all seasons". En The Skeptical Inquirer, otoño de 1982. Dibujo: Andrés Martínez Ricci - Primera publicación: Sección "En trance", La Prensa, Buenos Aires, 22 de mayo de 1995 - © Alejandro Agostinelli. Todos los derechos reservados. |
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