No
soy un racionalista a ultranza y las causas de la poesía, la imaginación
y la intuición, no me son ajenas. No soy espiritista, ni positivista
ni neo-positivista. Pero, vamos, eso no significa que desdeñe esa
facultad maravillosa que tenemos los bípedos, autodenominados Homo
Sapiens: la razón. A la razón se la puede trascender, ir más allá
de ella... pero no se puede prescindir de ella. Tener le mente abierta
no implica descerebrarse. Admitir nuevas posibilidades no significa
aceptar todo nuevo bulo que nos presenten a la carta. El ejercicio
de la razón, nunca se insistirá demasiado, es siempre deseable. Supone
-en la medida de las limitaciones humanas- sentido crítico, equilibrio
entre la prudencia y la audacia, y -sobre todo- autoconciencia, para
discernir lo que sabemos, lo que creemos y lo que queremos creer.
Lo
que estoy diciendo podrá parecer a muchos totalmente básico y elemental.
Pero cuidado, cuando me toca asistir a una video-conferencia ufológica,
y ésta se abarrota de un público ávido de maravillas, donde este público
se cree hasta las historias más risibles y delirantes, y donde nadie
cuestiona, inquiere o critica... bueno, pues en tal caso dan ganas
de hacerse socio del CSICOP (aunque no comparta su epistemología
y, por tanto, su visión de la ciencia y el mundo). Es que hay formas
de pensar que son infantiles... Por ejemplo, yo creo en la pluralidad
de los mundos habitados; mas, ¿tiene eso alguna relación con los OVNIS?
Si yo digo que vi en el jardín de mi casa un oso polar el pasado domingo
y no le ofrezco ninguna evidencia... ¿Aceptaría usted el argumento
de que, efectivamente, vi un oso polar en mi casa, porque sabemos
que los osos polares existen y que viven en el Ártico? ¿Que cómo apareció
uno en mi jardín? ¡Pues no joda, hombre! ¡Bástele con saber
que son moradores del Ártico! Pues bien, muchos ovni-creyentes argumenten
de una manera todavía más torpe; "creo en los OVNIS, porque, ¿cómo
vamos a ser los únicos en el Universo? ¿Cómo vamos a ser tan soberbios
y orgullosos? Claro, vivimos en un Universo enorme, fantástico, inconmensurable...
Quizá haya vida inteligente y supercivilizaciones tecnológicas en
remotos lugares del Cosmos. Pero ¿es que eso prueba la veracidad y
hasta la sensatez del folklóricobricollagemediático que nos quieren
imponer los profetas del OVNI? Dios mío, ¡¡qué forma de pensar!! Soy
de la opinión de que la exobiología y la ufología se relacionan a
un nivel puramente mítico. Y estoy seguro de que ningún ufólogo sería
capaz de refutarme.
Otra
cuestión básica. Si yo le digo a ud. que hay una invasión de extrañas
creaturas aladas, que durante millones de años han vivido ocultas
en las nubes -pues se alimentan de ellas-, que están a punto de bajar
a asolar las ciudades, ¿no se sentiría ud. tentado a solicitarme evidencias
que apoyen lo que digo? ¿Sería justo que a usted, por pedirme pruebas,
se le tachara de ultrarracionalista, de negativista o carente de imaginación,
o que se le acusara de estar pagado por los servicios de inteligencia?
Si yo hago la extraordinaria afirmación de que está a punto de desatarse
la gran invasión de los seres aéreos... yo soy el obligado a presentar
las pruebas, también extraordinarias. Ud. no está obligado a demostrar
la falsedad de mis insólitas predicciones. Es lo más básico en materia
probatoria. Blanca Nieves y los Siete Enanitos viven en casa de mi
abuelita. ¿Ud. no me cree? Pues bien. Pruébeme que NO viven en casa
de mi abuelita. ¿Es aceptable semejante patochada? Porque, digámoslo,
ésa es la lógica de muchos ufólogos y ovni-creyentes.
Más.
Si veo borrosa y fugazmente, en la semioscuridad del crepúsculo en
un bosque, una pequeña figura humanoide corriendo, a unos cien metros
de distancia, ¿tengo derecho a decir inmediatamente que se trata de
un duende? Naturalmente, tal vez sea un niño, un enano, un chimpancé
que se escapó de un circo. Hay cien explicaciones convencionales antes.
Y aún si descarto -por inviables- tales explicaciones, la cosa -a
lo más- queda en misterio, pero no se confirma mi afirmación de que
vi un duende. Aunque los duendes existan, mi observación no le aporta
NADA a aquellos que defienden su existencia. Lo único concreto es
que vi algo que no pude identificar. Eso es todo. Vi algo que no sé
qué era. Así de simple. Lo cierto es que, con irritante frecuencia,
vemos filmaciones de objetos extraños y no muy nítidos en el cielo.
Si no son aviones o espejismos, ¿eso los convierte, acaso, en astronaves
alienígenas? ¿Habrán escuchado alguna vez, estos ovni-cultistas, de
"la navaja de Occam"? ¿Por qué optan siempre por la hipótesis más
estrambótica?
La
ufología clásica ha muerto. Su lado más serio, no devenido en neo-escepticismo
psico-social y en ufología crítica (en la corriente del indisimulado
agnosticismo o de una paraufología revisada y morigerada). Su lado
más fantasioso se ha mutado en ovni-manía o en contactismo puro y
duro. Por ello, siguiendo al antropólogo Ignacio Cabria, en estos
últimos casos debiéramos hablar de ufomancia, esto es, de un sistema
de creencias que no necesita probar sus increíbles aseveraciones,
basándose exclusivamente en la fe de los practicantes. Como se trata
de creer a toda costa, con o sin pruebas, podemos motejar estos afanes
de "típicamente religiosos", y que nadie se ofenda, porque las estructuras
de pensamiento han llegado a ser idénticas.
La
video-conferencia del animador de televisión mexicano Jaime Maussán,
entonces, fue una fervorosa muestra de ufomancia. Nada de sentido
critico, escasa capacidad de análisis y, a ratos, hasta escaso sentido
del ridículo. Fui a verlo el 16 de enero de 1999 al Aula Magna de
la USACH, un venturoso día nublado de verano, con la temperatura más
agradable que uno puede imaginar. Un inviernito de San Juan.
Por supuesto, tenía muchas noticias sobre el conferenciante.
Es un tele-comunicador enfático y pertinaz, que ha ordeñado de manera
inmisericorde las lucrativas ubres de la ufología. Se transformó,
de súbito, en ufólogo, a propósito del gran eclipse solar, visto por
millones de personas en ciudad de México en julio de 1991. Pues bien,
en virtud del inusual fenómeno, se distorsionó la imagen del planeta
Venus, que fue confundido por los incautos con una nave alienígena.
Se armó una confusión tan enorme, que los que filmaban el eclipse
creían estar filmando -al mismo tiempo- un extraño OVNI. Como los
videos caseros que registraron el eclipse se contaban por miles, puede
usted imaginar la subsecuente cantidad de "video-OVNIS". La histeria
se extendió por todo México. Y Maussán no dejó pasar le oportunidad
de incorporar la temática a su espacio televisivo. Siguió la venta
de videos sobre OVNIS, que le reportaron pingües ganancias, mientras
su nombre se convertía en una suerte de marca registrada. De ahí,
la cosa no paró, señor.
Maussán lo cree todo, hasta las noticias más inverosímiles,
y acusa a los escépticos de ceguera mental, de geocentrismo y estulticia.
No le hacen mella las documentadas y públicas refutaciones de lo mejor
de su material, pues lo importante es seguir vendiendo. El MUFON,
por ejemplo, que es una organización estadounidense claramente pro-ovni,
refrendó los asertos de los críticos mexicanos, en el sentido de que
el famoso OVNI del eclipse era... un amplificado planeta Venus. Jamás
se ha visto una retractación de Maussán, y es que la capacidad de
olvido de las masas es sorprendente, como decía Baudrillard, absorben
sin reflejar nada, "en un permanente efecto implosivo".
Maussán es, entonces, un hombre de videos. La
mayor parte de ellos, irredentos fraudes, globos meteorológicos y
fenómenos naturales, aunque raros. También luces en el cielo, sólo
luces, que no demuestran nada, salvo que es imposible determinar exactamente
qué las originó. La ufología de Maussán, intelectualmente precaria,
siempre sensacionalista, se alinea con las nada recomendables producciones
de J.J. Benítez, Jaime Rodríguez, Wendelle Stevens y otros profesionales
de la mercadotecnia ufológica. Lo que nos ahorra más comentarios previos.
Se apagan las luces. El Aula Magna está abarrotada
y la expectación de los presentes me parece contagiosa. No cabe un
alfiler, hay gente sentada en el suelo, yo mismo casi cuelgo de una
baranda. En la pantalla gigante, se abre la acción. Veo hermosas imágenes
del Universo, galaxias, nebulosas, estrellas. Con un sobrecogedor
fondo musical, la voz, grave y profunda, dice:
"Imagine que ud. es un habitante de las Pléyades;
que vive en un planeta donde no existen las guerras, el hambre, la
criminalidad, la codicia ni la ignorancia; un mundo cuyos habitantes
pueden comunicarse telepáticamente, estando sus mentes sumergidas
en el Resplandor de la Verdad. Imagine que usted es miembro de esa
maravillosa civilización, cuyos logros científicos superan todo lo
concebible, teniendo la posibilidad de viajar a cualquier lugar del
Universo.
"La Humanidad avanza hacia el contacto final con
tales inteligencias, y podremos acceder a conocimientos y posibilidades
jamás soñadas... A continuación, llega el gran investigador... ¡¡Jaaaaaaaaime
Mauuuuuuuuussán!!"
Aplausos, una casada impresionante de aplausos,
mientras la luz del escenario revela al conferenciante con una vistosa
chaqueta verde y camisa y corbata negras. Fanfarria cósmica. Los creyentes
se preparan para ser confirmados en su Fe.
Maussán abre los fuegos: "Estoy cierto, amigos
míos, de que pronto se verificará el gran contacto con seres venidos
del espacio exterior. Y estoy seguro de que los grandes poderes que
gobiernan la Tierra ya lo saben todo... y nos van dando pequeños retazos
de información, liberando pruebas paulatinamente, a fin de irnos preparando
para el gran acontecimientos, que marcará el Tercer Milenio."
Como prueba de lo anterior, afirma que el Vaticano
está pronto a dar el paso decisivo, reconociendo oficialmente la presencia
extraterrestre en nuestro planeta. Para confirmarlo, exhibe fragmentos
de una entrevista el padre Balducci, teólogo vaticano. El prelado,
atrabiliario y confuso, se limita a contestar las típicas preguntas
del estilo de "¿estamos solos en el universo?" o "la idea de la pluralidad
de los mundos habitados, ¿se contrapone con la Fe?". A que no adivina
qué respondió Balducci. Por supuesto, respondió que no, que no había
contradicción alguna, que la Creación es universal, que San Pablo
decía que Cristo es Señor de todo el Universo (no sólo de la Tierra),
así que también los pobres extraterrestres tendrían que estar sometidos
a la égida de Roma... (¿Seguro que quieren visitarnos?). En fin, las
tópicas y previsibles declaraciones de Balducci no tienen nada que
ver con las bombásticas anticipaciones de Maussán. Totalmente prescindible.
A continuación, se nos muestran las espectaculares
filmaciones del granjero suizo Billy Meier. Supuestamente contactado
con visitantes de las Pléyades, en especial con una hermosa alienígena
llamada Semjase, Meier alega haber filmado y fotografiado platos volantes
hasta la saciedad. Después de los contactos telepáticos de rigor,
las astronaves se acercaban con frecuencia a su granja, y él podía
filmarlas sin limitaciones. Sin duda, se trata de los documentos fílmicos
más espectaculares de la ufología y, si fueran ciertos, constituirían
una prueba casi irrefutable. Claro, si fueran ciertos. Mas, lamentablemente,
no lo son. El caso, absolutamente desprestigiado entre los ufólogos
críticos, ha demostrado tal grado de incongruencias y debilidades
que, como mínimo, se impone la desconfianza. Además, el affaire Meier
fue impecablemente desmantelado por el investigador Kal Korff, que
literalmente no dejó "mono con cabeza". Si hasta se descubrió una
de las maquetas de los platillos voladores, usada por el contactado
para sus fantásticas tomas. Pero, por más que trataron, no pudieron
encontrar a la bella Semjase. O tal vez sí, y algún avispado ufólogo
se la llevó para su casa, para someterla a minuciosos exámenes...
Después, naturalmente, teníamos que llegar al
tema Roswell. Es una de las zonas más oscuras de la ufología mundial,
un verdadero laberinto de mentiras, fraudes, intrigas y disputas,
que ha arrastrado a muchos ufólogos a una reyerta de proporciones.
Es imposible que yo pueda, en estas escasas líneas, siquiera desarrollar
someramente el tema. Sólo cabe decir que se trata de otro mito más,
que ha ido creciendo y adornándose con el paso de los años hasta volverse
irreconocible. Al simple platillo supuestamente estrellado en Nuevo
México (USA), en 1947, se le adicionaron multitud de leyendas: la
malograda tripulación extraterrestre conservada en neveras ultra-secretas,
el Hangar 18, el Majestic 12 y las más delirantes afirmaciones que
la ufología haya cobijado jamás en su medio siglo de historia. La
evidencia, como siempre en estos casos, es sencillamente ilusoria.
Uno de los aspectos más difundidos de esta mitología,
se centra en la tecnología alienígena recuperada, por el Pentágono,
de los platillos estrellados contra la Tierra (la versión más paranoica
sostiene que habría un pacto secreto entre el Gobierno Secreto de
Estados Unidos y los extraterrestres: estos ofrecerían tecnología
y aquellos, bueno, cuerpos humanos). Maussán muestra una entrevista
al ex-coronel estadounidense Philip Corso. Ahí nos enteramos que inventos
tales como el chip de las computadoras, la fibra óptica y el rayo
láser son... tecnología extraterrestre, que usamos inocentemente,
sin sospechar su fantástica procedencia. ¡Qué dirán los pobres inventores
terrestres de tales artilugios!
Y, naturalmente, llegamos a la famosa autopsia.
Huelgan las presentaciones: en 1995 la vio por televisión todo el
mundo. Ya no hay ningún ufólogo serio que se atreva a defender su
autenticidad. Pero Maussán no ceja: "En forma injusta y arbitraria
los negativistas se apresuraron a descartar esta extraordinaria evidencia
como falsa. Algún día, con el paso del tiempo, se le hará justicia..."
Maussán dixit.
En un momento determinado, Maussán hace un alto.
Se va a descansar y aduce que volverá en sólo diez minutos más. Uno
de los organizadores, para solaz del público, promete una grata sorpresa.
Y, cómo no, llega la sorpresa: entra en escena el inefable Jorge Anfruns
Dumont, "el ovnílogo chileno". Es el Anfruns de siempre, en su estilo
inconfundible: "Yo prometo y cumplo...", "...tal como anuncié anoche...",
"...voy e dejar las cosas claras desde un principio, porque no me
gusta engañar a nadie...", "...como digo en uno de mis libros...",
etc.
Anfruns. Decide enseñarnos mitología mapuche:
"Yo siempre comienzo mis conferencias con una frase mapuche..." .
Y aprendemos que los mapuches sí veían OVNIS, que los tenían catalogados
y clasificados... Y que en algún lugar de "La Araucana", Alonso de
Ercilla refiere el primer avistamiento oficial de un ovni en Chile,
nada menos que en 1554. Nos alecciona, solemnemente, con un cliché
que no venía al caso: "La Historia tiende a repetirse". A buscar el
párrafo, pues.
Anfruns. Comienza a exhibir sus videos. Expone:
"relacionándolos con las imágenes mostradas por mi amigo Maussán,
podemos empezar a hacer ovnilogía comparada". Y la hace. Hay que decir
que nuestros videos palidecen -si de espectacularidad se trata- frente
a los mexicanos. Lo que no obsta a que Anfruns se permita arranques
de complacencia chauvinista: "... he aquí un video de un ovni... un
video chileno... y si es chileno, ¡es bueno!". Créanlo o no, el público
estalla en un automático y pavloviano aplauso.
Luego, sin ruborizarse siquiera, Anfruns muestra
el video del famoso ovni del volcán Villarrica. Esa filmación fue
tomada casualmente por unos jóvenes profesionales, cuando viajaban
en automóvil frente al mentado volcán. No se dieron cuenta del ovni
hasta que, posteriormente, visionaron la película. Para su asombro,
aparecía un extraño objeto, de apariencia metálica. Entonces los jóvenes
"recordaron" que habían experimentado una sensación extraña, justo
al momento de filmar el fenómeno. Sí, una extraña sensación de paz,
silencio y plenitud. Poco importa que investigaciones posteriores
demostraran que se trató de un simple reflejo en el vidrio, de un
objeto que se encontraba al interior del automóvil. Por eso nada vieron
cuando filmaban el volcán, y el "ovni" sólo apareció al pasar la película.
¿Y la peculiar sensación descrita por estos involuntarios testigos?
Bueno, más vale no hacer preguntas tan incómodas.
Pasado un rato, llena la pantalla una adolescente
de extracción popular, la sambernardina Claudia Fuentes, contando
los detalles de su escabrosa abducción, a cargo de unos libidinosos
enanos extraterrestres (por cierto, yo no tuve nada que ver). Este
caso, muy en boga hace un par de años, cayó en rápido desprestigio,
sobre todo por algunas sospechosas implicaciones sexuales que lo rodeaban.
Claudia, con su sonriente carita pícara, se extiende en su relato,
mientras se ve a Anfruns entrevistándola. La cámara va de Claudia
a Anfruns, y se detiene en la estampa del acucioso investigador, escuchando,
serio y reconcentrado. Hay cierto "morbo" en todo el asunto, pues
Claudia -siempre coqueta y perturbada- sonríe y baja los ojos, mientras
prosigue con los pormenores de su abducción.
Ella: "Entonces, cuando me tenían encima de la
cama, uno de los seres sacó un instrumento...". Él: "¿Y era muy grande
el instrumento?". En ese instante, lo confieso, tuve que hacer un
esfuerzo casi sobrehumano para reprimir una carcajada.
Pero la diversión no terminó ahí. Anfruns señaló
-con ese tono aleccionador que tanto nos gusta- que el caso de Claudia
debiera llevarnos a la reflexión: "Claudia perdió su trabajo por contar
su historia.... Lo cual sienta un muy mal precedente: los chilenos
no van a poder contar sus encuentros con extraterrestres, porque arriesgarán
sus fuentes de trabajo". Ya lo saben todos los compatriotas abducidos
por alienígenas: ¡hay que cuidar la pega!.
Finalmente, Anfruns pasó de la mitología mapuche
a la maya. Dijo que un mito maya profetizaba que "cuando la gran ave
del Norte llegara al Sur, la humanidad entraría en una nueva etapa,
más plena y luminosa. Entonces, amigos, la gran ave del Norte, Jaime
Maussán, ha llegado a nosotros, al Sur...". ¡Anfruns!
Maussán regresa en medio de los aplausos. "Ahora
veremos las espectaculares imágenes, no ya de luces en el cielo, sino
de los propios extraterrestres, los misteriosos ovninautas". Respiré
hondo y me armé de valor. (Como soy algo paranoico, temí ver mi foto
carné entre las evidencias de la visitación alienígena).
¿Qué vi? Algunas muestras; primero, una confusa
imagen de una entidad luminosa... ¡con dos antenas! Luego, un muy
bizarro ser cabezón, el típico EBE, sometido a extrañísimos exámenes
médicos, mientras agoniza...También una sospechosísima filmación de
un supuesto ovni siniestrado en la ex Unión Soviética, con la ya típica
y obligada autopsia a los infortunados tripulantes del platívolo.
¡Qué tecnología, por Dios! ¡Si a pesar de su omnisciencia y superciencia,
se la pasan estrellando contra la Tierra!
Por último, pasamos a la perla negra (¿o debiera
decir "gris"?) del bestiario. Sucede que la empresa yanqui AMOCO elaboró
un afiche comercial donde aparecía el clásico extraterrestre estereotipado
de los noventa, con el producto publicitado en una de sus manos (y
hasta sonriendo, como lo haría cualquier modelo).
Pues bien, sobrevino lo increíble: algunos ufólogos
consideraron que el ET del afiche era demasiado... real. No podía
ser la fotografía de un muñeco confeccionado ad-hoc por los publicistas.
No. Tenía que haber gato encerrado. Debía ser un genuino ET. El famoso
ET del comercial... no era, por cierto, diferente de los que la imaginería
popular ha incorporado con tanto entusiasmo: absurdos biológicos,
subproductos de la peor ciencia ficción, improbabilidades absolutas.
Pero, recordémoslo, éste sonreía. Comenzaron, por tanto, las llamadas
a AMOCO, exigiendo que confesaran la procedencia de la entidad. ¿De
dónde habían sacado al ET? ¿Por qué no cuentan la firme? ¿Ah? Por
supuesto, AMOCO dio la callada por respuesta... lo que fue interpretado
como una expresión más de la gran Conspiración del Silencio.
Quizá si los regordetes, (y hasta, para algunos,
simpáticos) extraterrestres de Bilz y Pap sean auténticos alienígenas.
En tal caso, más nos valdría estar absolutamente solos en el vasto
universo.
Termina la conferencia. La ovación es estruendosa.
Maussán saluda al público, sin dejar de agradecer. "Gracias, amigos...
y por favor, recomienden esta conferencia, pues mañana estaremos aquí
de nuevo, en dos horarios..." Se le une Anfruns, quien aparece de
pronto, tentando, a su vez, la cosecha de aplausos.
Nada ha cambiado en realidad. Más implantes, más
autopsias... más fraudes, y los ufólogos picando el anzuelo o haciendo
picar a otros. Y sí, estas historias siempre se repiten. A la luz
de lo visto, es cierto que no se necesitan oscuras maniobras de la
CIA, de la Trilateral o del Gobierno Secreto del mundo para desprestigiar
a los ufólogos. Basta que se reúnan unos doscientos creyentes y el
espectáculo está servido. Quizá por eso, el extraterrestre del afiche,
sonreía...
Sólo
On-line